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Wolf’s Law

Por Ignacio Sánchez 1

La espera se ha hecho larga pero al fin The Joy Formidable han publicado su segundo álbum, un trabajo para el que el trío galés se lo ha tomado con calma, priorizando una interminable gira de presentación de The Big Roar que los llevó a telonear a Foo Fighters por Estados Unidos o más recientemente a Muse por Europa. Y es precisamente a éstos últimos a los que parece que el grupo de Ritzy Bryan parece tomar como ejemplo a seguir en Wolf’s Law.

No nos vamos a engañar, el debut de los galeses desprendía un aire similar a los primeros discos de la banda de Matthew Bellamy, esos riffs de guitarras o ese aire épico de algunas piezas como “Whirring”, “The Everchanging Spectrum of a Lie” o “The Greatest Light is the Greatest Shade” parecen haber servido de guía para este segundo paso en su carrera, donde se pierde parte de frescura para ganarle terreno a la pegada más guitarrera, adiós a temas desinhibidos como “Cradle”, a ese aire más amateur. Una producción excesiva culpable de quitarle ese aire de juventud que nos enganchó de ellos.

A su favor hay que decir que Wolf’s Law gana en homogeneidad siguiendo una línea sonora bastante definida, dejando atrás los resbalones del debut con esos temas metidos con calzador para que el disco no se quedara corto en cuanto a número de canciones. En esta ocasión lo han medido todo a la perfección para intentar dar el salto a la primera división, esa en la que se juega ya en salas de gran aforo, esa que cuenta con producción de gran calado. Y es que ahora The Joy Formidable suenan grandes (“This ladder is ours” o la épica de “Forest Serenade”), suenan potentes (“Bats”, “Little Blimp”) parece que ahora se lo creen (“The Leopard and the Lung” el mejor de todos los temas del disco sin lugar a duda), incluso en las canciones lentas que rompen un poco la tónica guitarrera de álbum como “Silent Treatment” o el cierre de “The Turnaround”, que nos dan a entender que también saben ponerse melosos por si la ocasión lo requiere, si el fin es llegar a un mayor público.

En definitiva un trabajo que puede que moleste a los primeros fans con su giro hacia el rock más épico y que enganchará sin lugar a dudas a los consumidores de este estilo, fans de Muse y amantes del “rock independiente” a gran escala, véase Kings of Leon.

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