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Anni B Sweet: la voz como instrumento principal

Por Juanjo Rueda 0

Anni B Sweet hace ya un tiempo que superó la comparación -odiosa, como siempre- con Russian Red, con la que lideraron en su momento una nueva hornada de cantautoras de indie-folk, y con la que comparte, para que negarlo, más de una similitud pero también diferencias. Del cambio de percepción general ha tenido que ver en parte la evolución que se ha producido sobre todo a raíz de su segundo disco “Oh, Monsters!” (Subterfuge, 2012), donde su propuesta ha explorado nuevas aristas y su folk se ha acercado a terrenos que igual la pueden emparentar con Feist, Tim Hardin, Joni Mitchell, Regina Spektor o Joanna Newsom pero conservando su personalidad propia.

Anni B Sweet/Foto: Eduardo López
Anni B Sweet/Foto: Eduardo López

Ana López, verdadero nombre de Anni B Sweet, se plantó en El 21 (Huesca) este pasado viernes exhibiendo una seguridad vocal e interpretativa inversamente proporcional a sus tablas a la hora de capear, por momentos, con el público en los interludios de las canciones. En comparación con otros artistas que recientemente han mostrado una faceta similar en el mismo escenario -recuerdo a Chinarro o The New Raemon-, la malagueña se mostró, sobre todo al inicio, algo tímida y dubitativa en su trato con el público asistente pero agradecida en todo momento al mismo, aunque conforme pasaba la velada fue soltándose hasta el punto de que al final incluso subió una chica del público a acompañarla en los coros de “Ridiculous Games 2060”. Toda esta supuesta timidez se desvanecía y pasaba a un discretísimo segundo plano cuando empezaba las canciones acompañada sólo de su guitarra y su voz. Las canciones se quedaron en el esqueleto guiadas, en casi todo momento, por buenas melodías -ya fueran arpeguiadas o rasgadas- y marcadas, sobre todo, por su voz o por los juegos vocales gracias al buen partido que le supo sacar al reverb sonoro con el que consiguió envolver a la pequeña sala oscense en un aire casi catedralicio. La voz fue el instrumento principal, indispensable y protagonista del concierto. Así, con los escasos recursos con los que planteó su actuación, hizo un concierto más que notable superando lo lineal que pueden ser -en muchas ocasiones- este tipo de propuestas acústicas, mostrando la solidez de muchos de los temas contenidos en sus tres discos (dos LPs y un EP, este último de reciente publicación) y consiguiendo la casi total aprobación del numeroso público que asistió; un publico que manda huevos –como diría aquel ministro– que uno de los temas que más aplaudió o jaleó fuera uno que precisamente no pertenece a la propia Ana -con el buen número de temas notables que posee- como es ”Religión”, original de Lori Meyers, aún siendo un tema que supera al original (no pasa lo mismo con “Take on me”). Más reprochable fueron los ya muchas veces habituales pero siempre molestos murmullos durante algún pequeño tramo del concierto por parte de algún reducidísimo número del público.

En conclusión, en poco más de una hora demostró, si es que hacía falta, que es una voz musical de nuestro país a tener en cuenta sin necesidad de comparaciones.


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