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Châteaux en Espagne

Por Juanjo Rueda 0

7.0

Nota
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La elección del idioma en que se canta puede llegar a ser una opción estilística casi tan importante para un grupo como la de elegir entre guitarras o sintetizadores. Todo idioma tiene una sonoridad -una musicalidad- distinta además de la carga cultural subterránea que impone y lo que puede suponer para la comprensión total de la obra, así pues en estos tiempos de propuestas tan similares puede ser una diferenciación clave para una banda. He aquí que en los primeros noventa lo más normal entre los grupos españoles era cantar en inglés y muchos optaron, ética y estéticamente, por esa diferenciación que otorgaba el castellano. Ahora, en 2013, cantar en castellano, afortunadamente, no supone ningún complejo, al contrario ahora se mira con algo de recelo a las bandas patrias que optan por diferenciar su discurso con un idioma distinto al que disponen por nacimiento, recelo que quizá esconda nuestras carencias respecto al conocimiento de otras lenguas. Esta pequeña divagación me sirve para llegar a The Birkins que a su ya algo heterodoxa propuesta de entender el pop, el rock y el folk le añaden que les gusta componer las letras en inglés y francés.

The Birkins son una banda originaria de Canarias formada por Dani Birkin (voz y guitarra acústica), Cristina Santana (voz), Alby Ramírez (guitarras eléctricas) y Sergio Miró (batería), que publican este “Châteux en Espagne”, su segundo disco y el primero para El Genio Equivocado que sigue reuniendo, poco a poco, un catálogo de lo más jugoso.

El título de este nuevo trabajo viene a ser el equivalente, en francés, de nuestro “castillos en el aire”. Pero ellos también lo quieren utilizar en su traducción literal -castillos en España- como una especie metáfora de la situación social que sufrimos en referencia a la opulencia que supone el castillo como construcción arquitectónica. También, utilizando su acepción real, lo utilizan para referirse a la utopía que supone hoy día la publicación de discos como acontecimientos en estos días en que la música se consume a golpe de un click a través de una banda ancha.

Así este segundo disco esta concebido, según la banda, como una obra completa y unitaria, con un estudiado orden en sus temas. En el aspecto de conseguir una obra homogénea y completamente redonda tengo que decir, personalmente, que no termina de acertar del todo porque sin duda es un disco rico en ideas musicales y en su forma de plasmarlas con un gran reparto de músicos secundarios -entre los que destaca Paco Loco que es quién produce el disco- que añaden múltiples matices y detalles a los temas, pero esta misma diversidad de ideas puede producir en algunos pocos momentos cierta sensación de dispersión al oyente, sensación a la que quizá, también, pueda contribuir su gusto por alternar el inglés y el francés. Pero siendo sincero, esto es una apreciación menor dentro de un disco que, como digo, alberga múltiples ideas musicales que les podrían servir para desarrollar dos o tres discos enteros alrededor de ellas. Tenemos rock bañado en toques de distorsión que parece influido un poco por la Velvet o, por los más accesibles, Luna (“Belle de Jour” y “Tell Me What You Want”). Hay breves, brevísimas, descargas de power-pop como en la inicial “Whe Were We?”. Pueden tirar de pop luminoso que igual retrotrae al clasicismo al estilo Beatles o a los más contemporáneos The Last Shadow Puppets, como en “Ophelia (Just Sing)” y “La Signature” respectivamente. También pueden recurrir, lógico utilizando el francés, a la chanson en “Toutte Cette Lumière” o “La Chatte de Mon Amie”. Podemos encontrar folk heterodoxo y preciosista que podría firmar el mejor Bigott -“Confessional Drinker” y “Curtain Call”- si no fuera porque no recurren a la lírica algo surrealista del maño. Incluso oímos ecos de Bowie, tan de actualidad de nuevo, en “A Rimbaud and his long way home”. En la parte lírica, se puede detectar en un gran número de sus letras e historias un halo de cierto optimismo combativo con la realidad social y que puede ser evidente y contagioso, como en el estribillo de “Ophelia (Just Sing)”, o más sutil,  como en “Curtain Call”, y sí, lo admito, no entiendo apenas el francés.

En resumen, queda claro que han elaborado un melting pot musical de muchas y variadas influencias bien tratadas, en canciones cuidadas en arreglos (como los coros o esos juegos de voces masculina-femenina) e instrumentación (theremin, órgano y cajas de ritmos son algunos elementos que van apareciendo a lo largo del disco) que hacen que resulten más atractivas escucha tras escucha. Un disco que, por lo menos, tiene cinco o seis temas más que notables y prácticamente ni un sólo borrón aunque tenga una canción llamada “Brouillon #3″; un disco así merece, siempre, la bendición del oyente. Tienen un futuro de lo más interesante, más que nada porque su presente, con este disco, ya lo es.


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