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Foals marcan su camino

Por Ignacio Sánchez 0

Nos sentamos bien. ¿Estamos ya cómodos? Venga, play. Ante nosotros Holy Fire, el tercer asalto de Foals, los británicos más anárquicos de la joven hornada de bandas que parecían que iban a comerse el mundo hace unos pocos de años, como casi todo lo que nos escupe la NME.

La jugada parece que por el momento no les ha ido mal, y es que a un debut de los más fresco y pegadizo (Antidotes) le siguió un quiebro que ni Romario a Alkorta (Total Life Forever), y como quien no quiere la cosa y tras tres años de silencio nos entregan este Holy Fire que viene a ser una versión menos encorsetada y más libre que su predecesor. Y es que ya debemos de borrar ya de nuestra mente la esperanza de ver por el momento a los chavales repetir el sonido del debut, con melodías y riff matemáticos, para centrarnos en la creación de estructuras más maduras.

No significa esto que el grupo se haya dormido en los laureles y se nos hayan amuermado, simplemente ahora no les apetece llegar expresar sus sentimientos a través del baile y desfase, es lo que tiene la edad y ver la vida desde otro prisma, con otros ojos, aunque no podremos negar lo difícil que se hace estar quieto escuchando “My Number” o “Inhaler”, la cual nos abrió, cuando sirvió de presentación meses antes de la publicación del álbum, una nueva vía de escape, de nuevas sonoridades más salvajes como lo es sin lugar a dudas “Providence” con ese final totalmente epiléptico.

Como si de un cuadro a brochazos, Holy Fire nos muestra los distintos estados de ánimo de Yannis Philippakis en una obra que no debe de entenderse de manera global y es que su recorrido lineal se hace por momentos chocante y da que pensar que pueda ser mejor escucharlo en aleatorio, con discurrir discutible entre la extraña apertura de “Prelude” con los dos grandes hits del álbum ya mencionados, “Inhaler” y “My Number”, o la manera de cerrar el disco con los dos temas más lentos y calmados (“Stepson” y “Moon”). Pero no solo de contrastes se sustenta este tercer trabajo, sino que además posee una estructura central de lo más sólida que quizá sea la parte en la que Foals más cómodos se sienten últimamente. Temas que van creciendo con el trascursos de los segundos para acabar en subidas más o menos contenidas, más o menos festivas. Véanse los ejemplos el espectacular trío de canciones formado por “Bad Habit”, “Late Night” y “Milk & Black Spiders”, completamente deudoras las dos últimas del espíritu de “Spanish Sahara”.

Un disco, en definitiva, digno sucesor de Total Life Forever que por pequeños ramalazos no consigue dejarnos la sensación de estar ante el trabajo definitivo de Foals pero quizá sea eso lo que el grupo pretende, jugar al despiste, hacer otro regate imposible.

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