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Tomboy

Por José Ángel López 0

La infancia, las estiradas tardes de verano esperando la vuelta al colegio y trasladarse a vivir a un barrio nuevo son ingredientes perfectos para una transformación, para destruir lo que no quieres ser y levantar desde los cimientos lo que eres. Tomboy nos cuenta la historia de Laure, una chica de 10 años que se muda con sus padres y su hermana pequeña a un nuevo barrio, donde intenta integrarse con un grupo de nuevos amigos que juegan bajo el sol del estío a lo que juegan los niños, con toda la inocencia y crueldad que son capaces. Pero Laure no se presenta en el grupo como una niña, sino como Mickhael, y asume ante sus compañeros el rol de chico. Y es entonces cuando todo se complica, las mentiras dejan de ser ingenuas e inofensivas a medida que se desmigan poco a poco.

La segunda película de Céline Sciamma, que ganó el premio del público en el Festival de Gijón de 2011, dirigido entonces por nuestro adoptado José Luis Cienfuegos, transita por la vida privada y social de su protagonista con una sencillez admirable, consiguiendo que deseemos que la realidad estafada que nos transmite sea la verdadera, filtrándose hasta empaparnos la ropa, encogiéndola, porque así me imagino lo que debe ser vivir como una persona que no eres, caminar por las calles con una camiseta dos tallas más pequeña para ser invisible a la multitud. Pero incluso en este mundo tan intransigente, la complicidad aparece e ilumina, como en Tomboy.

Tomboy

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