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Kutxa Kultur Festibala 2013, crónica

Por María José Bernáldez 0

Pocas ciudades cuentan con tantos adeptos como San Sebastián. Para sumar una razón más a los cientos de excusas que pueden darse para visitarla, hay que sumarle el Kutxa Kultur Festibala que, con pocos años de vida, puede llegar a convertirse en referente con poco que envidiar a sus primos mayores. Dos jornadas, Viernes y Sábado con grandes carteles anunciados a varios meses vista, para públicos bien diferenciados. Dejando entrar cada día un máximo de 5 500 personas, esto fue lo que pasó en esta pequeña maravilla

PROS

– Emplazamiento: A lo dicho en general sobre Donosti se suma, en particular, el monte Igueldo. No hay comparación de un concierto en una sala, en un descampado o similar con un concierto en un parque de atracciones vintage. Dos escenarios contiguos, una gran explanada en el principal en el que podías moverte donde quisieras sin mayor problema y la bahía de la Concha a tus pies.
– Transporte: Claro, tener un festival en lo alto de un monte implica una logística importante de transporte. No pueden ponerse pegas: es gratis. Puedes elegir funicular o bus. Para bajar, buena organización, aunque con el diluvio universal de la jornada del viernes se sufriera un comprensible momento de caos.
– Precios: No demasiados abusos en un festival en el que podías beber de todo y comer casi de todo, sumando los puestos de cocinas varias ya tradicionales en estos eventos ( a destacar, la parrillada argentina) con los puestos típicos de una feria/parque de atracciones. Lo mismo te podías comer una hamburguesa que un algodón de azúcar. Incluso el bar del hotel ofrecía comida y bebida, sin pisarse los precios. Además, el precio en sí de las entradas ( 16€ cada día, 10€ la After Party, en sala)
– Bizarrismo: Bien de bizarrismo en el festival. Será, quizá, que ha sido mi primera vez TAN al norte, pero he visto cosas y personajes que no podré olvidar…¡¡los invitados, los novios y LA TUNA de una boda en los conciertos!!

CONTRAS
– El público de “ver y ser visto”: No podía faltar aquí tampoco. Entiendo que quieras amortizar tu entrada completa, pero si vas a darlo todo con Delorean, ¿por qué tengo que aguantarte en primera fila de Junip intentando hablar más alto que los altavoces mientras cuentas tu fin de semana anterior?
– El tiempo: Impredecible. Al menos regalaban chubasqueros a los poco precavidos y, si bien la lluvia deslució el final de la jornada del Viernes, respetó completamente la del Sábado.
Desorganización: Queda muy bonito anunciar un concierto íntimo en un “Teatro Escondido” para 60 personas. Lo que falla es no indicar en ningún momento DÓNDE se esconde el teatro y, al preguntar a la única persona de la organización que logré encontrar, te responda con evasivas y se desentienda.
– Poco ha trascendido ( salvo algún comentario perdido en su muro de Facebook) el hecho de que en Sábado, una vez terminados los conciertos y mientras los últimos rezagados salíamos del recinto, una chica cayó por la ladera del monte, siendo rescatada, tras una larga espera, por uno de los técnicos de montaje. Extraño que no apareciera reseñado en ningún diario al día siguiente ( al llegar a casa, lo buscamos para saber qué había sido de la chica)

VIERNES

JUNIP:
De riguroso negro el sueco/argentino/bioquímico Jose González presentó su último trabajo con banda, el homónimo “Junip”. Acompañado de una tímida lluvia que anunciaba el chaparrón de después, solventó con bastante acierto ser uno de los folkies que abrieron el festival, a pesar de lo temprano de la cita. Como se ha comentado antes, el público que se acercó “para pasar el rato” no mostró demasiado respeto hacia la banda que, sin embargo, fue in crescendo, acallando voces. El solista contrastando con la banda de suecos que le acompañaban ( mucha percusión, mucho ritmo, físico y personalidad intercambiados entre todos) se dejó oír en castellano y euskera . Destacamos la sorpresa de que todo el mundo conociera y tarareara “Line of Fire”, lo tremenda que suena en directo “Black Refuge”, el intimismo mágico conseguido con la lluvia con “Suddenly” y el apoteósico final con “In every direction”.

WILLIAM TYLER:
Lo intenté, lo juro. Me recorrí una y otra vez el parque de atracciones en busca del guitarrista. Pero el famoso “Teatro Escondido” hizo honor a su nombre y los escasos miembros de la organización a los que pude preguntar, carecían de información. Otra vez será.

DELOREAN:
Jugaban en casa tras venir de hacer las Américas, por lo que poco importó el diluvio universal que ya no pararía hasta bien entrada la noche. Con un nuevo disco bajo el brazo, los de Zarautz supieron meterse en el bolsillo a un público feliz bailando bajo una marabunta de paraguas y chubasqueros amarillos. Las canciones del nuevo “Apar coparon la mayoría del setlist ( con el problema que conlleva tocar un disco que prácticamente acaba de salir al mercado) pero pinta maneras, con unos Delorean bastante más maduros que en otras ocasiones. Se avecinan grandes cosas si consiguen mantener el nivel.

SÁBADO

CROCODRILES:
El romántico hecho de subir en el funicular el segundo día, hizo que nos perdiéramos el principio de unos Cocodriles que congregaron a poco público, pero bastante entregado a la causa. Rellenando prácticamente todo el setlist con canciones de su último trabajo, “Crimes of Passion”, arriesgaron dejando en el tintero uno de sus temas más conocidos, “Endless Flowers”, pero consiguieron el aprobado, difícil siempre calentar un festival.

BUILT TO SPILL:
Venían de reventar ya un par de salas en días anteriores y se encontraron con problemas técnicos de sonido que hicieron que la canción que debería haber abierto y ATRONADO más que la climatología del fin de semana, la enorme “Goin’ against your mind” sonase aguada. Con toda la banda y el público pidiendo a gritos más volumen, lograron enganchar sin problemas con un setlist bastante dispar y aleatorio, donde se dejaron oír, entre otras “Carry the Zero” o “Joyride”, e incluso versionaron el “Cowgirl in the Sand” de Neil Young . Es lo bueno de tener tal colección de temazos: toques lo que toques, ilusionarás y decepcionarás a partes iguales porque siempre, SIEMPRE, se hará corto e incompleto un concierto de un grupo como este.

DOVER:
Anunciaban que iban a tocar estrictamente el Devil Came to Me, pero el título del concierto bien podía haber sido “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Trasladados totalmente a los 90, hay que reconocer que las canciones ( buenas ) han envejecido muy bien. Quizá la voz más afinada de la Llanos que canta reste puntos en aquello del revival grunge, pero poco más se les puede reprochar cuando lo más actual que tocaron fue “DJ” y dieron un repaso a todos los temazos que son ya parte de la memoria histórica musical nacional. El concierto al que TODOS debíamos haber ido en 1998. Con las pintas de entonces, claro.

DINOSAUR JR:
Cerrando el festival, grata sorpresa la de los veteranos, que llenaron de moratones al público , con bien de pogos . J Mascis vio desde el lateral el concierto de Built To Spill y subsanó los errores de aquellos. Hilando juntos “Don’t pretend you didn’t know” y “Watch the Corners” ya fue imposible bajar el nivel y con todos los asistentes dándose cuenta de que el festival se acababa ( incluyendo los citados invitados de la boda, que debía ser la primera vez que veían el pelazo de Mascis en su vida), bordaron la traca final, con una versión del “Just like Heaven” de The Cure sin nada que envidiar a la versión original. Un cierre de diez para un festival que puede llegar a ser de diez.

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