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La Distorsión Inteligente: Polvo

Por Marcos Gendre 0

Polvo: fuera de plano.

Lejos de cualquier liga conocida del post-hardcore, Polvo es una de las bandas más primorosamente atípicas de los años ’90. Provenientes de Chapel Hill, y vecinos de Superchunk y Archers of Loaf, su batidora sonora ha troceado con gran intuición, heterodoxia y densidad los giros más inesperados giros entre indie-rock, punk, jazz, psicodelia de los años ’60, rock&roll clásico, música asiática, math-rock, heavy metal, noise y hasta rock experimental. Banda encabezada por los guitarras y vocalistas Ash Bowie y Dave Brylawski, con Steve Popson y Eddie Watkins como fieles compañeros de abordo, desde su timón rítmico, este cuarteto de transfiguradores del rock se han convertido en una extraña delicatesen, gracias un quinteto de álbumes multiformes, para la que el paso de los años no ha hecho más que beneficiar la atemporalidad de su particular propuesta. Entre los meandros del “sonido Louisville”, el rock desgarbado de Dinosaur Jr, y la versión menos intrincada de Sonic Youth, Polvo han encontrado su propia personalidad, empapándose en una frugal corriente de texturas desérticas, mediante las que han constituido una receta sonora simpar. Precisamente, entre las coordenadas marcadas por los tres grupos citados, Polvo se adentrarán en las marismas del indie americano, como perro sin correa en gallinero infestado de pollos. Resultado de esta matanza: los sobresalientes Cor-Crane Secret (Merge, 1992) y Today’s Active Lifestyles (Merge, 1993). Colección de rodajas de un multicolor punk sucio, generadas por una subyugante complejidad instrumental, por este par de trabajos, Polvo se merecieron parte del pastel que, sus primos lejanos, Pavement se zamparon ellos solitos. Siendo realistas, Polvo eran demasiado complejos para transcender más allá de un círculo muy pequeño de fieles, debido aPolvo_live la propia idiosincrasia sin concesiones del grupo y a unas formas que conectaban con el aspecto más incómodo que denominaban a las bandas post-hardcore de aquel momento -June of 44, Don Caballero-.

Antes de ponerse con su nuevo LP, Polvo grabarán dos EPs fascinantes que terminarán su relación con Merge. Mucho más que un simple entretenimiento, Celebrate The New Dark Age (Merge, 1994) y This New Eclipse (Merge, 1995) dotan de una mayor riqueza a la discografía de una banda que estaba protagonizando un ejemplar paseo entre las sombras del rock americano. Cada vez más imprevisibles y experimentales, las formas cada vez tendrán líneas menos definidas, y las disonancias irán cobrando detallistas aromas orientales. Envueltos en una progresión hacia una radicalización de sus desarrollos musicales. El germen del free-jazz se irá incrustando gradualmente en el hipotálamo de unas canciones donde psicodelia y nervio punk se cortan como una navaja en el centro del subconsciente. Resultado natural de la evolución del grupo, el doble LP Exploded Drawing (Touch & Go, 1996) dará comienzo a una nueva etapa en el grupo. Exótico viaje, menos arenoso que los anteriores, no exento de peligrosos giros hacia el lado más venenoso del rock, Polvo demuestran ser una banda de grandes ambiciones, mediante una obra donde se vuelven más evidentes los contrastes entre su lado más viciado y polvo_bandlas partes más paisajistas. Poliédrico y fascinante a cada nueva escucha, no será menos excitante lo que nos tendrán preparado para su siguiente trabajo en Touch and Go. Antes de entrar a grabar este nuevo trabajo, Polvo perderá una pieza clave en su engranaje: el batería Eddie Watkins. Situación que provoca que Brian Walsby le sustituya. En cierta manera, los Polvo que se enfrentarán a su nueva aventura, partirán de un enfoque más experimental que en sus anteriores obras. Así, Shapes (Touch & Go, 1997), se convertirá en la obra con peor aceptación de toda su carrera. Su disco más limpio hasta la fecha, los instrumentos suenan más afilados que nunca, y canciones como “Rock post rock” son bastante indicativas de lo que realmente eran Polvo: una banda de rock. Con más reflejos estilísticos que un espejo roto, pero rock al fin y al cabo. Cada vez más influidos por la música asiática -“The Golden Ladder”-, los momentos más agresivos de antaño pierden peso, al mismo tiempo que retroceden tres décadas, en busca de un sabroso regusto psicodélico. Nuevos puntos de ruta en su sonido, estos no serían muy bien aceptados entre las parroquias indies que les seguían. Con los diferentes miembros desperdigados a lo largo de la geografía americana, entre Boston y New York, Polvo anunciará su fin en febrero de 1998. Sin embargo, tras 11 años de hiato, volverán para entregarnos In Prism (Merge, 2009), una de las sorpresas más agradables del final de década pasada. Álbum para el que destierran cualquier tipo de referencia lo-fi que les atara al pasado, vuelven a dejarnos boquiabiertos, mediante un vigoroso viraje hacia el heavy metal, dentro de su ya conocida paleta en constante movimiento de géneros musicales. Última obra hasta la fecha, Polvo sigue en funcionamiento a la espera de seguir aumentando la cotización de una discografía que se antoja imprescindible, si se quieren tener todas las cartas de la baraja del rock más valiente, facturado desde los albores de los ‘90.

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