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Una de miedo

Por José Luis López 0

Todos hemos escuchado historias de fantasmas. El imaginario popular se encuentra repleto de ellas y, muchas, forman parte de nuestra cultura de forma irrenunciable. El líder de Porcupine Tree se está marcando una carrera en solitario de lo más seria y, en su tercer trabajo en solitario, ha decidido embarcarse ahora en un proyecto con el que se nos acerca con seis historias de fantasmas y perdición como hilo conductor.

El trabajo anterior de Wilson “Grace For Drowning“, puso el listón muy alto. Además, por primera vez (no lo había hecho con “Insurgentes”) se embarcó en una gira con dos partes durante la mayor parte de 2011 y 2012. Para este trabajo ha contado con la mayor parte de aquella banda con la que giró, para así conseguir un sonido más cohesivo que nunca. Esto es un paso adelante, aunque este nuevo trabajo también suponga un paso hacia atrás.

Y es que en cuanto al sonido, este álbum acerca ya sin tapujos a Steven a su amado rock progresivo setentero, con momentos muy Pink Floyd (The Holy Drinker), King Crimson y Yes (Luminol), y muchas otras bandas del género que tuvo sus mayores años de gloria a principios de los 70. Para rematar, el disco se ha grabado en los estudios de Alan Parsons, quién otrora fuese ingeniero de sonido de Pink Floyd.  Parsons además se ha ocupado de ser el ingeniero de sonido.

En cuanto a las canciones, el disco se abre con Luminol, un desvarío casi instrumental con unas líneas de bajo a cargo de Nick Beggs que te harán abrir la boca. A continuación, Drive Home pone un punto mucho más pausado, con una interpretación destacada de Guthrie Govan, guitarrista de lujo para este álbum y que demuestra por qué está considerado, a día de hoy, uno de los mejores solitas de guitarra eléctrica del mundo. También podemos destacar entre las seis piezas la fabulos The Watchmaker, con un principio que nos recordará los Beatles de White Album o Sgt. Pepper… y un final en el que creeremos estar escuchando a los mismísimos Opeth. Así dicho suena muy drástico, pero dándole una escucha veremos con qué pasmosa suavidad y elegancia nos llevan de un sitio a otro. El disco se cierra con The Raven That Refused To Sing, tema titular del disco y una de las mejores composiciones que Wilson haya firmado en su carrera. Destaca además por ser de las menos complejas del álbum: Tanta historia para terminar demostrando que menos, siempre (o casi) es más.

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