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Paseando por el lado oscuro con Russian Circles

Por Ignacio Sánchez 0

Noches oscuras y opresivas, musicalmente hablando, como la el pasado sábado en la madrileña sala Shoko son necesarias de vez en cuando, sanadoras diría también. Una doble sesión con dos de los buques insignia del sello Sargent House, Russian Circles y Chelsea Wolfe. Sello este donde además podemos encontrar entre otros a And So I Watch You From Afar, los japoneses Boris o el ex-At the Drive-In y ex-The Mars Volta Omar Rodriguez en solitario o con sus Bosnian Rainbows. Dos propuestas con un fin similar, la creación de paisajes densos, al que llegan usando distintas armas. Donde el trío de Chicago saca a pasear su potencia sonora, la cantante californiana nos envuelve con su delicada voz en su manto gótico.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Estupenda entrada desde primera hora para dejarse llevar por las melodías oscuras de Chelsea Wolfe. Luces tenues y frías para ambientar la salida primero de la banda y luego de la misteriosa cantante de Sacramento, de negro absoluto y envuelta en una tela blanca fue desgranando parte de su último trabajo Pain is Beauty. Y aunque las comparaciones son odiosas a uno le costó en más de una ocasión no acordarse de Pj Harvey al ver la energía y personalidad que desprendía sobre el escenario y por algunos pasajes donde el folk le ganó el pulso al rock gótico.

Tal como llegó se marchó, con un escueto agradecimiento tras casi una hora de concierto para dejar al público a tono. Un público que llenaba ya ampliamente la sala y esperaba con ansia la salida del trío de Chicago. Era el momento de disfrutar por primera de su directo y de poder comprobar si sobre las tablas eran capaces de desatar todo la fuerza y furia que destilan en disco.

Así, pasadas las diez de la noche Russian Circles hicieron acto de presencia. Enchufan la guitarra, el bajo, primeros golpes de baqueta y listos, “309” abre la veda de la mejor manera posible. A partir de ahí algo más de hora y cuarto para hacer un recorrido por toda su discografía, incluyendo su nuevo álbum Memorial, que, aunque se publique la semana que viene, ya se podía comprar esa misma noche en la zona de merchandising.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

El increíble juego de pedales, que si distorsión, looper…, conseguía plasmar a la perfección la riqueza de matices que destilan las composiciones en los trabajos de estudio y de nuevo, por un momento volvieron las comparaciones, y más si tenía en cuenta que hacía diez días habían pasado por la capital God is an Astronaut. Donde los irlandeses destilaban melancolía los de Chicago desataban furia, donde los primeros se apoyaban en subidas y bajadas los segundos sacaban el rodillo a pasear. Si hubiese tenido que elegir entre los dos me hubiera quedado sin dudarlo con los “Rusos”.

Saltando de un trabajo a otro, sin dejarse ningún álbum por visitar, Russian Circles iban demostrando en cada punteo, en cada riff que lo suyo va muy en serio, tan en serio como la fuerza con la que Dave Turncrantz destroza la batería a cada golpe. “Harper Lewis”, la nueva “1777” o “Schiphol” llevan la noche a terrenos algo más pausados, más épicos, con la incursión a medias de la rompedora “Geneva”. “Carpe” supuso la mirada a sus inicios, a un crescendo desatado celebrado por los presentes, y con “Mlàdek” nos dijeron hasta pronto, tanto pronto que casi sin darnos cuenta los teníamos de nuevo sobre el alto escenario para ahora sí decirnos adiós con la coreada y movida “Youngblood”, que provocó más de un tirón de cuello.

Ojalá al menos una vez al mes se pudiesen repetir noches como las del sábado. El mundo sería mucho mejor.

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