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God is an Astronaut, rock desde el corazón

Por Ignacio Sánchez 0

Un buen atracón de post-rock se metieron este pasado martes por la noche los cientos de personas que abarrotaron la sala Copérnico de Madrid. El menú formado por los locales Jardín de la Croix y los irlandeses God is an Astronaut, uno de los puntales del género con su peculiar sonido a medio camino entre el post-rock más clásico y el heavy instrumental con toques ambientales. Y es que a decir verdad bastantes heavies fueron a parar el martes a la sala del barrio de Moncloa.

Jardín de la Croix por Ignacio Sánchez
Jardín de la Croix por Ignacio Sánchez

Los madrileños Jardín de la Croix sirvieron el entrante, mientras la sala poco a poco se iba llenando, con su rock instrumental, casi más cerca del progresivo que de otra cosa, lleno de virtuosismo, subidas, bajadas, requiebros… Canciones vertiginosas y compactas escondidas en su segundo álbum, 187 Steps to Cross the Universe, fueron el motor de su concierto, directo al grano, sin tiempo para el error, sin tiempo para dejar pensar a los asistentes. Una de esas veces en las que sinceramente agradeces que haya un telonero.

Con poco tiempo para saborear a Jardín salieron a escena God is an Astronaut y la sala casi se viene abajo. Fue una de esas noches en las que público y grupo se cogen de la mano y no se sueltan. Unos disfrutando, saltando, dislocándose los cuellos. Otros dando el 100% o más, como apuntaron en un monento, sobre el escenario. Fans apretados en las primeras filas ansiosos de escuchar los primeros riffs y punteos para desmelenarse, y tanto fue así que al poco de comenzar el concierto tuvieron que llamar la atención a uno de ellos al no parar de mover uno de los monitores del grupo en pleno éxtasis musical.

God is an Astronaut por Ignacio Sánchez
God is an Astronaut por Ignacio Sánchez

A pesar de ser el germen del grupo los hermanos Kinsella, Torsten y Niels, cedieron la batuta de frontman al guitarrista y teclista Jamie Dean, hiperactivo en todo momento, llegando incluso a bajarse entre el público antes de la escapada de la banda a bises. Simpáticas fueron también las pocas palabras en español de Gazz Carr. Pequeños gestos, pequeños guiños a sus fans que respondieron entusiasmados ante las muestras de cercanía.

Con Origins como hilo de la noche, los irlandeses dieron buena muestra de la clase que atesoran tardando poco en arrancar el motor y meter la directa con “Transmissions” o “Calistoga”. Con “Echoes” la explosión fue tremenda, saltos y empujones, y un ambiente que cada vez estaba más caldeado. Fans sin camisetas y melenas al aire. Una noche de guitarras donde la parte de teclados se vio completamente absorvida por la potencia de las seis cuerdas, aunque hubo momentos donde la fuerza de las mismas dio paso a momentos mágicos como en “Spiral Code”. Siempre con un ojo en el presente y otro en el pasado la noche transcurrió entre paisajes claros y tormentosos, entre delicados momentos de paz con otros de furia descontrolada, con “Suicide by Star” como perfecto ejemplo de ambas posturas. Bis de rigor ante la afición que no paraba de jalear y sudor, mucho sudor.

Concierto de los que guardar en la memoria y saborear a posteriori. Un menú con el que llevar mejor la semana.

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