banner WIR

BeatLove: inmersión sónica

Por Jose Eduardo Medina 0

No más de un metro cuadrado, cubierto de un tapete de piel sintética y el círculo descrito por el haz de luz de una pequeña lámpara de mesa revelando una red de cables y sintetizadores. La oscuridad del Establo cobijaba unas sistemáticas manos encargadas de activar la máquina de producción de sonidos en la primera madrugada del #1000 Familar Fest.

Tras su movimiento, apenas se distinguía a Myriam y Benjamín, dando vida a la colección de piezas que empezaron, según su Bandcamp, hace ya tres otoños. Esas mismas manos habían editado para los presentes una recopilación enfundada en plástico transparente. El blanco CD con un rojo corazón dibujado con spray en el centro guardaba en el reverso la materia prima artificial y sintética, extraída por el dúo cuidadosamente de teclados, cajas de ritmos, sintetizadores y loops, para ser procesada junto al contraste orgánico y cálido de la voz de Myriam.

La lógica artesanal era la mejor manera de presentar una electrónica hecha a mano, donde lo digital pasa a segundo plano y la producción analógica es el hilo argumental del discurso. Las manos de Benjamín quedan encargadas, como si de un moderno doctor Frankenstein se tratara, de reunir y ensamblar los fragmentos eléctricos de esta fábrica de ritmos. Una producción que ralentiza el tempo o dispara la velocidad, a modo de vía de escape, abriendo el camino para la evasión forzada del oyente, continuamente interpelado por las letras —’When you look…, when you see…, when you feel…‘—, a mirar más allá de la sucesión de sonidos.

Llegado el momento se descubre, de golpe, abriéndose paso entre la multiplicidad inicial de aparatos electrónicos, el paisaje sonoro hacia donde te arrastra BeatLove, un recorrido desde el patrón fónico de una cadena de montaje —Machines—, un mar de distorsionadas olas —Oscilations and Waves—, o el vacío espacio más allá de la atmósfera —Stars— que adquiere calidez narrado por una voz desacelerada en su viaje a la Tierra a través de millones de años luz.

Paisaje construido por la superposición de capas rítmicas, instrumentales, vocales, integradas, como si de trabajar un tejido se tratase, por las manos movidas cuidadosamente entre interruptores, secuenciadores, sintetizadores, y en las cuales los fríos impulsos eléctricos adquieren una inesperada vida, vertiente seductora que acaba sumergiéndote, como un vórtice, cuando todavía te encuentras aturdido por el primer golpe.

Myriam y Benjamín consiguen convertir, de esta forma, parajes inhóspitos en biotopos vívidamente orgánicos, rítmicas atmósferas envolventes desplegadas a baja velocidad ante la que acabas sucumbiendo por una irrefrenable atracción.

banner WIR