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Iván Ferreiro vuelve con ganas de comerse el mundo

Por Leonardo Cosano 0

Con este su quinto álbum de estudio, podríamos decir (utilizando un término de esa ciencia ficción por la que profesan militante devoción), que los hermanos Ferreiro han tocado aquel monolito del 2001 de Kubrick, dando el paso definitivo hacia la evolución. Tenían un álbum de debut (Canciones para el tiempo y la distancia, 2005) compacto y de evidente fuerza. Siguieron con una obra menor (Las siete y media, 2006) considerando su composición, siete temas y medio, pero obra maestra considerando sus ocho joyas; no en vano fue nominada a los premios Grammy Latino al mejor álbum de rock vocal. Volvieron a la “larga duración” (Mentiroso mentiroso, 2008) con un conjunto de gran nivel pero lastrado por cierta heterogeneidad. En su cuarta colección (Picnic extraterrestre, 2010) optaron por encerrarse en un mundo áspero y oscuro, rozando el feísmo.

Tras ese intermedio magistral que supone Confesiones de un artista de mierda (Warner, 2011), un “directo de estudio” en innovador formato audiovisual, tres años después de la introspección extraterrestre han fabricado su mejor álbum hasta la fecha. Su OK Computer. Su Dark side of the moon. Su Disintegration. Su obra maestra. Con una brillante producción de Ricky Falkner, de profusión instrumental, riqueza melódica, rítmica y lírica, pasan página del estilo más plano y menos luminoso que mostraban las producciones de Suso Saiz, consiguiendo un álbum de una calidad enorme. Un álbum simplemente soberbio.

Para la ocasión al núcleo habitual de la banda (Iván, Amaro, Emilio Saiz y Pablo Novoa) se han unido el propio Falkner como hombre orquesta (bajo, acústicas, teclados, percusión y coros), Xavi Molero a la batería y Santos Berrocal (grabador y mezclador) a la percusión. La autoría de los temas es heterogénea, participando junto a los hermanos Ferreiro (que firman juntos hasta cinco de los temas) Nico Pastoriza, Fran Iguana, Leiva, Martiño Martínez, Alex Ferreira y Emilio Saiz.

Las canciones son, en su mayoría, más largas y densas en letra que las de anteriores álbumes. Es un disco geográfico, astronómico, meteorológico. Físico. La meteorología está presente en cada rincón del álbum, protagonista como en cada rincón de Galicia; pasean por las letras brumas y viento, tormentas y niebla, puestas de sol y hojas en el suelo, truenos y rayos, brisa y lluvia… Por supuesto la lluvia. Elementos que fluyen por el verano y la primavera, por el mar, la costa y playa, por la mañana, acompañados desde el cielo por estrellas enanas, cometas, lunas, planetas, destellos… el sistema solar y el firmamento. Y la noche de San Juan.

El álbum, tema a tema

El bosón de Higgs.

Hoy ha empezado a bailar el sistema solar.

Acertada elección para abrir el álbum. Sin que permita inicialmente presumir el cambio hacia la luz, la letra anuncia la felicidad de lo que está por venir, alegría que aparece antes del siguiente corte, en un giro final que hace de este tema dos canciones en una y la más larga del álbum. En lo musical, la primera parte es de lo mejorcito de su carrera en solitario.

Pájaro azul.

Mi otra mitad la única pieza que echo en falta.

Groove homónimo de un poema de Bukowski, con permiso del logo de Twitter, dos obvias aficiones de Ferreiro, deja entrever que este último álbum rompe con lo anterior. Rica en metales, te hace mover los pies pensando en bolas de espejos girando sobre tu cabeza. Quizá la mejor canción del álbum.

Bambi Ramone.

Cariño y crueldad.

Seguimos bailando… con la trágica historia de una chica a la que, al quedar huérfana a los doce años, sus amigos empezaron a llamar Bambi. Iván y Amaro la conocieron una noche mientras vestía una camiseta de Los Ramones, y transformaron su historia en otro corte alegre, con toques Motown, que probablemente se convierta en punto álgido en los conciertos.

Chainatown.

La verdad ya no dolerá.

Enésima referencia geográfica, esta vez una parroquia de Gondomar, Pontevedra, para bajar el tono y llevarnos, con intro y outro de viento que suena a serie americana de, seguimos, los 70. Es un tema de corte clásico en el universo Ferreiro, “Mrs. P” revisitada con residuos de picnic extraterrestre.

El dormilón.

Y sueña con soñar lo que ella sueña.

El primer single del álbum; una mejorable elección. La letra, estructurada en pares contrapuestos chico-chica, no termina de encajar bien en una música de agradable y dulce cadencia.

Pandelirios.

Era tan dulce lo que me dabas que aún me sigo relamiendo las heridas.

Con dos versos brutales la canción inicia como si de Los Planetas se tratase, como pidiendo que  J se ponga al micrófono. ¿Pandelirios? a decir del señor Ferreiro, son esos pensamientos que te desvían del camino. Esas ideas, que en tu cabeza, se imaginan el peor desenlace posible, que te cuentan lo más chungo que podría pasar. Cosas en las que realmente no crees, pero que te inundan1. Es un tema heterogéneo, con saltos de evidente fuerza y pasajes que, además de a los granadinos, recuerdan a Maga y a Love of Lesbian.

Una inquietud persigue mi alma.

Has vuelto a hablar en sueños otra vez y me gustó.

El tema más corto del álbum, ya presentado desde hace meses en directo en formato piano y voz, con el añadido de “Battlestar Galáctica” en el título, desaparecido aquí. En estudio ha quedado con algo más de ropaje, no mucho. Es una delicatessen, un pequeño bocado que, como ocurría con “Fotogramas” en la apertura de “Las 7 y media”, acaba antes de lo que muchos quisiéramos. Y en este caso dudo mucho que vaya a haber, como en aquel, una versión más larga en vivo. Por cierto, Blade Runner vuelve a asomar en el mundo Ferreiro, cerrando la puerta de Tannhäuser.

Alien vs. Predator.

Mira mis ojos cambian de color.

Primer dueto de estudio en la carrera en solitario del vigués, con Julieta Venegas como invitada. Siendo una muy buena canción, la participación de la mexicana no es brillante. Sorprende que en un terreno en el que Ferreiro se ha movido con multitud de aciertos participando como invitado (enormes colaboraciones con Quique González, Antonio Orozco y La sonrisa de Julia, por citar algunas), haya fallado invitando. Venegas canta en un tono demasiado apagado; para eso ya está Iván. Se echa de menos la Ivonne artificial de “Tristeza”.

El resplandor.

Suelo empezar a respirar sin conocer lo que me espera.

Otro tema al tradicional estilo Ferreiro, estilo ese actualizado aquí con un ukelele que le aporta frescura y permite mantener el tono amable que sobrevuela todo el álbum. Es el único tema del disco que no sonó en los conciertos iniciales de la gira, en Barcelona y Madrid.

Como conocí a vuestra madre.

Me han vuelto las ganas de comerme el mundo.

Volvemos a bailar, esta vez por obra de Amaro. Los teclados hacen que se vuelva a pasear por territorios lesbianos. Alegría en la música y en la letra. Oh, L’Amour…

Brazil.

Somos niebla de verano, agua y viento sin pasado.

El tema más melancólico del disco recuerda paisajes de “Relax”, aquel último disco donde Piratas dejaron de ser Piratas. El peso del tema recae en la voz, que fluye por una melodía monótona solo distraída por un solo de trompeta con aires de jazz.

Twin Peaks.

Te encuentro y se van los problemas.

La pista que cierra el vinilo y la edición estándar del CD entra en esa categoría en la que yace “La canción del no”, temas en los que se alternan escenas ásperas y agresivas con fases de suave melodía, del vodevil (recuerden el “Cabaret” de Picnic extraterrestre) al pop suave. Quizá el título tenga algo que ver con ello.

El fin de la eternidad.

Todos los principios son finales disfrazados de oportunidades.

Tema de corte clásico, de los mejores del álbum. Aunque vuelve a recordar armonías de hace 40 años, es puro Ferreiro.

Solaris.

Las farolas son chimeneas de luces blancas.

Segundo y último tema firmado en solitario por Iván (el otro es “El Resplandor”), es una suerte de recitado con versos largos y anaeróbicos y una voz metálica al estilo Daft Punk. Grandísimo fin de fiesta.

Las ediciones, valor añadido.

Como en todos los álbumes, salvo Las 7 y media, la música no viene sola. Iván Ferreiro (casi) siempre ofrece algo más. Las Canciones para el tiempo y la distancia, todas, se acompañaban de su correspondiente videoclip. Mentiroso mentiroso era, es, un cómic; allí las canciones no eran videoclip, sino historia gráfica. El Picnic extraterrestre se acompañaba para el postre de un dvd con el concierto de 2008 en el Teatro Häagen Dazs de Madrid.

Este Val Miñor-Madrid. Historia y cronología del mundo (Warner, 2013) ha girado la tuerca una vuelta más. Por primera vez, un álbum de Iván Ferreiro se edita en vinilo. 180 gramos de vinilo azul con doce temas – decisión nada descabellada a tenor de la acogida, agotado nada más publicarse -. Esta edición en vinilo contiene además, un CD con las doce canciones y los dos bonus, un juego de casillas y dados (el álbum abierto es el tablero) y un libreto en el que Iván cuenta su “historia del mundo”, en el que cada casilla es un tema, desde las letras de las canciones hasta las coordenadas GPS de El Ensanche – pub vigués en el que Iván empezó a dar forma a su etapa post-Piratas, formando junto a Amaro un curioso dúo en el que dos chicas, Ivonne y Tamara, As Ferreiro, acompañaban al misterioso y nunca visto cantante Rai Doriva -, pasando por Edison o la receta de un cóctel de vodka. Cosas del vigués. En CD se han publicado otras dos ediciones, la especial que incluye lo citado (14 temas) y la estándar, sin extras, 12 temas.

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