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Aniversarios olvidados (VII): discos que cumplen 40 años

Por Jose A. Rueda 0

Nos enfrentamos al penúltimo (o quizá antepenúltimo, ya lo veremos) reportaje de Aniversarios Olvidados. Dos mil trece toca su fin y ya es irremediable que los álbumes que hemos venido seleccionando desde dos meses atrás no tengan la reclamada edición especial por motivo de su cumpleaños. ¡Y ni hablemos de un posible concierto homenaje! Esto, y con los artistas que nos ocupan, se torna imposible, pues de aquí a 1973 hay un trecho y la mayoría de los protagonistas del presente reportaje perecieron en el camino de la vida.

Consterna recordar, no obstante, las circunstancias en que nos abandonaron algunos, como los cánceres de Bob Marley y Carmen Santoja (Vainica Doble), o el filicidio de Marvin Gaye. Pero la muerte que más nos ha dolido, por inesperada y reciente, ha sido la de Lou Reed, que ya estaba inscrito en esta serie de reportajes desde antes de la primera publicación (en 1973 salió el esencial Berlin). De esta forma, y aunque sea  breve y superficial, le hacemos un mini-homenaje al gran Lou.

Como siempre, Aniversarios Olvidados también olvida, paradójicamente, otros discos que han cumplido cuarenta años en 2013. Por citar algunos, aquí deberían estar For Your Pleasure de Roxy Music, GP de Gram Parsons, Quadrophenia de The Who o el debut de New York Dolls. Pero, en esta entrega, celebramos estos cinco cumpleaños:

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 DISCOS DE 1973. DISCOS QUE CUMPLEN CUARENTA AÑOS.

lou-reed-berlinLou Reed
Berlin

El éxito comercial de Transformer un año antes propició una confianza ciega de la multinacional RCA, que Lou Reed aprovechó para elaborar el trabajo más ambicioso de su carrera. El neoyorquino cruzó el océano con el fin de reclutar en Londres a curtidos músicos de oficio, ya que el propósito era vestir sus canciones con secciones orquestales. Una ópera rock basada en historias que, acústica en mano, Reed había compuesto caminando por el, una vez más, lado salvaje de la vida: drogas, depresión, violencia prostitución, suicidio… De entre la incomodidad de sus letras, brillaba una inmensa belleza, frágil y decadente, que la crítica especializada de entonces no logró ver (un “desastre” de disco, escribió Stephen Davis en Rolling Stone). A la larga, Berlin aportaría un buen puñado de títulos habituales al cancionero de Lou (“Lady Day”, “How Do You Think It Feels”, “Caroline Days, “Oh Jim”…), que han venido sonando en sus conciertos hasta el inesperado adiós del pasado 27 de octubre.

john_cale-paris_1919John Cale
Paris 1919

En 1973, John Cale ya contaba con un currículum más que extenso como para pisar por méritos propios el parnaso del rock underground de la época. Por ello (y al igual que su colega Lou Reed con Berlin), Cale hizo en Paris 1919 lo que le entró en gana sin que Reprise Records (la discográfica fundada por Frank Sinatra) protestara ni un ápice. Así pues, el galés se rodeó de notorios músicos (incluso de una orquesta sinfónica) para realizar un disco muy estiloso y, a la vez, accesible en comparación con los trabajos anteriores. En la parte lírica, Cale desarrolla historias en lugares concretos (no solo París, sino también Barbury, Dunquerque o Andalucía) y protagonizadas por nombres propios, aunque más o menos ficticios, como los de Old Taylor y Farmer John (sin olvidar al soldado innominado de “Half Past France”). Todo ello para, introducido de lleno en vericuetos poéticos, meditar sobre la confusión del hombre moderno (influencia del escritor contemporáneo Graham Greene). Hace tres años, John Cale reinterpretó el disco sobre los escenarios, pasando por España durante el Primavera Sound de 2011. Una segunda edición de aquella gira no habría estado de más en este 40º aniversario de Paris 1919.

vainicadoble-heliotropoVainica Doble
Heliotropo

Resumir en breves líneas lo que han significado Vainica Doble para la música española es una empresa harto difícil. Centrémonos en Heliotropo, el segundo disco de Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen. Como mujeres, como madres, como amantes, como amigas, Vainica Doble supieron hacer canciones con la experiencia del día a día; esto es, supieron concebir el arte a partir de lo cotidiano. Y eso, amigos, es el pop, y no otra cosa. A menudo tomadas por dos ángeles, buenas y sensibles, Vainica Doble fueron eso y mucho más: malévolas, dulces, sarcásticas… Y con unas referencias musicales tan amplias como escasos eran sus prejuicios: la canción melódica, la copla, el folclore, el rock, la chanson, las nanas, el cine musical de los 40… Y todo envuelto en un halo de melancolía decadente, malsana quizá, pero fundamental en las siguientes décadas de nuestro pop.

Lets-Get-It-On-marvin-gayeMarvin Gaye
Let’s Get It On

Con una carrera tan sumamente extensa como la de Marvin Gaye, parece atrevido resaltar Let’s Get It On como uno de sus discos más destacados. Que lo es, vaya, pero más de uno estará pensando en What’s Going On como el mejor de toda su discografía. El que nos ocupa (por aquello de los olvidados 40 años) sintetiza el sonido de Marvin y, a su vez, representa el “estilo Motown” de la era, pues, no en vano, el washingtoniano había dado sus primeras pataletas musicales junto a artistas de la mítica casa estadounidense. Al contrario que el mencionado What’s Going On, de tintes más sociopolíticos, Let’s Get It On se inclina hacia el intimismo. Pero no con una mirada introspectiva y sentimental, sino que Marvin aprovecha aquí su porte ya de por sí seductor, para hacer un disco lascivo, de gran energía carnal. Y todo ello muy bien embridado a una música igualmente sensual, con un groove fluido, intenso y erótico. Si a eso le sumamos su maestría a la hora de hacer canciones de éxito, como la propia “Let’s Get It On” o “You Sure Love to Ball”, nos encontramos ante un disco modélico, que ha sido mil veces imitado. Pero nunca igualado.

the-wailers-catchThe Wailers
Catch a Fire

Catch a Fire fue el último disco de The Wailers y, a su vez, el primero de Bob Marley & The Wailers. Por plasmarlo en números, las primeras veinte mil copias del disco aparecieron firmadas por The Wailers y envueltas en aquella portada que imitaba los mecheros Zippo. Con la excusa de que era muy rompible y cara de fabricar, esta cubierta se sustituyó por otra que encumbraba la figura de Bob Marley, posando en el típico primer plano con un porro entre los labios, e incluyendo su nombre por delante del de los Wailers. Island Records lo había visto claro: la poderosa presencia de Marley y su inmenso talento pedían a gritos abrirle paso como solista. De todos modos, en Catch a Fire aún quedan “400 Years” y “Stop the Train” como vestigios compositivos de Peter Tosh (que junto con Bunny Wailer abandonaría el barco un año después). Por su parte, Marley siempre fue un escritor versátil, pasando con facilidad del amor (“Stir It Up”) a los problemas sociopolíticos (“No More Trouble”). En este último aspecto despuntó siempre el reggae (como canción protesta que es), y Catch a Fire alberga retratos de la pobreza jamaiquina (“Concrete Jungle”), así como traza paralelismos entre injusticias presentes y pasadas (“Slave Driver”). Lo que devino después en la carrera de Bob fue una cuesta abajo en la que esquivó, con mayor o menor fortuna, decenas de clichés propios del estrellato pop (lo trivial, lo predecible, lo acomodadizo…). Es por ello que Catch a Fire mantiene una autenticidad que descolla sobre cualquier otro disco de Marley y, diga lo que diga el mundo del marketing, este es su mejor trabajo. Tanto de Bob Marley como de The Wailers.

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