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Midlake ha muerto. ¡Larga vida a Midlake!

Por Ross Gallagher 0

Fue en noviembre de 2012, cuando nos enteramos que el cantante principal y compositor de Midlake, Tim Smith, abandonaba la agrupación para dedicarse a partir de entonces a su proyecto en solitario, Harp.

Y no estamos hablando de un cualquiera. Estamos hablando de alguien sobre quien recaía la mayor parte del peso creativo, responsable de los cambios de la banda, y de empujar a todos sus componentes a alcanzar un sonido diferente en cada uno de los álbumes que sacaban, a costa de ralentizar, quizá en exceso, el proceso de grabación de los discos, y girar menos de lo que a muchos nos hubiera gustado.

Aunque conforme nos hemos enterado después, éste cuarto disco iba a ser el último de la banda al completo, debido precisamente a éste tipo de diferencias. Pero dos años de grabación y tan sólo una canción finalizada a gusto de Tim, llamada Festival, que no ha visto aún la luz, hizo que la cosa se precipitara y los caminos se separaran antes de finalizar este último esfuerzo conjunto.

A partir de ahí, para nosotros, desde fuera, se creaba una etapa de incertidumbre sobre el futuro de la banda. Sin embargo, el resto de ella no tuvo dudas. Eric Pulido, guitarrista hasta entonces, pasó a asumir el rol de vocalista principal, y, siendo experimentados músicos provenientes del jazz como son, empezaron a ensayar y a improvisar en sus sesiones, y sobre esas jams se fue formando el esqueleto de lo que hoy tenemos en forma de disco.

“Antiphon”  se grabó en seis meses, partiendo de cero, ya que desecharon todo el material que habían grabado previamente, lo cual es un tiempo récord para la banda. El resultado: bastante notable, cambiando ligeramente el estilo respecto a sus trabajos anteriores, pero sin perder en ningún momento su personalidad.

Aunque la verdad sea dicha, Midlake ha sido una banda cuya personalidad ha cambiado muchísimo en cada disco. En su primera grabación, “Bamnan and Slivercorck” preponderaba la influencia de Radiohead, Flaming Lips  y Grandaddy. En “The Trials of Van Occupanther” pasan a parecerse a Blue Oyster Cult y Crosby, Still & Nash, mientras que el último salto, y mi preferido, por lo poco explotado que está, es el tercero, “The Courage of Others“, donde retoman el folk británico de los 70, tomando como base grupos como Pentangle o Steeleye Span.

Vista esta trayectoria poco nos puede sorprender que este cuarto disco haya girado, ligeramente repito, hacia el rock progresivo de Pink Floyd o si me apuras, los Led Zeppelin más folkies, pero sinceramente, quizá sea el disco en el que menos transición ha habido. Decía Eric Pulido que éste es sin duda el trabajo más democrático y honesto que la banda puede ofrecer, en contraposición de los anteriores, donde la visión de una sola persona condicionaba el resultado final. Y aunque presumiblemente esté en lo cierto, no resulta para nada rompedor con lo que era la banda.

Así pues, quizá falte esa exigencia innovadora que Tim Smith imponía, pero decididamente, el disco suena a Midlake, y de qué manera. Provider, la única canción del disco que versa sobre algo autobiográfico, precisamente sobre Tim Smith, y The Old and the Young son temas aún mejores que su primer single, el que abre y da nombre al disco, y resulta un Lp compacto, sin fisuras, que se puede escuchar de maravilla de principio a fin.

Quizá sea la falta de un auténtico single la mayor rémora que se pueda poner al disco, la falta de pegada. Aunque sinceramente, eso nunca ha sido el fuerte de este grupo, que a pesar de contar con canciones como Roscoe, se ha caracterizado siempre más por ofrecer largos que te absorben de principio a fin, transportándote a sitios y épocas remotas. Voces, coros, flautas, guitarras acústicas, melodías. Y eso sigue vigente, por lo que lo mejor que podemos decir es…

Midlake ha muerto. ¡Larga vida a Midlake!

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