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The Waterboys lo bordan en Madrid

Por Javier del Valle 0

25 años se cumplen ya del disco que consiguió acercar de forma definitiva a los seguidores del rock al folk irlandés. Con motivo del cumpleaños del Fisherman’s Blues, Mike Scott y su banda han imaginado una gira en la que repasan temas de su disco insignia sin olvidarse de un extenso recorrido por toda su aventura musical en diferentes épocas.

La sala La Riviera recibió a un público acorde al espíritu de The Waterboys: señores con nostalgia en los ojos y damas con una ilusión palpable se agolparon a las puertas de la sala hablando de lo que había significado para ellos este grupo.

La banda salió al completo a un escenario sin grandes parafernalias, y es que los instrumentos tan encantadores como lo son el contrabajo, violín, saxo o mandolín; y la romántica planta de Mike con ese aire de estrella de rock antigua son suficientes para llenar hasta el escenario más complicado.

El comienzo fue algo espléndido, con un Mike Scott en solitario interpretando las primeras notas de “Strange Boat” al que se fueron incorporando los demás músicos con unas luces tenues que iban iluminando su figura mientras sonaban, paulatinamente, las melodías de sus respectivos instrumentos. Y así, en acústico, con tranquilidad y saber hacer, comenzó el recital sin ningún comienzo explosivo el público respondió con una ovación merecida.

Las canciones se fueron sucediendo, mezclándose temas del disco ya comentado y otros trabajos de la banda en la década de los 80. Sonaron “A girl called Johnny”, “Stranger to me” o “We will not be lovers”, que fueron especialmente destacadas.

Hacía ya años que la banda no se reunía con el saxofonista y el contrabajista original, y esa magia de volverse a juntar los originales se palpó sobre el escenario. Con una sinergia contagiosa sonaron deliciosas cada una de las canciones.

Los que ya los habíamos visto con anterioridad notamos un ritmo más pausado a la hora de interpretar las canciones, sonaron tranquilos y elegantes, pero como siempre ocurre en un concierto de este grupo los toques de tradición irlandesa comenzaron a contagiar a un público cada vez más deseoso de bailar.

Así llegaron “Don’t bang the drum”, la sobervia versión de Van Morrison “Sweet thing” y la canción estandarte para muchos, el mil veces tarareado “Fisherman’s blues”. De esta guisa finalizó la primera parte del concierto.

Para el bis Steve Wickman nos deleitó con un solo de violín de puro folk tradicional. Y sin tiempo para sobreponerse llegó “The whole on the moon”, una de sus canciones más redondas y potentes. Las ovaciones cuando Mike presentó a su banda miembro por miembro fueron escandalosas, cada uno de ellos se llevó, al menos, medio minuto de aplausos. Antes de acabar “Be my enemy” fue otra de las canciones más emocionantes de la noche.

The Waterboys demuestran ofrecer un concierto diferente en cada gira, genial cada uno de ellos. Que no dejen de crecer estos jóvenes que nos introdujeron una música que tanto nos enganchó.

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