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Emocionante concierto de Daughter en la sala Apolo

Por Ross Gallagher 0

No sé si os habrá pasado a vosotros, estar en ese punto en que tenéis otras cosas de las que preocuparos e ir dejando un poco de lado todo esto de la música, los conciertos, porque al final estás tan abstraído con el resto de cosas que hasta se te olvida el por qué te gusta tanto escuchar nuevos artistas, y escuchar sus propuestas en un directo.

Últimamente me siento un poco así. Y ha sido éste concierto el que me ha dado una bofetada en la cara para recordar por qué lo que más amo en el mundo es asistir a este tipo de eventos. Estar parado allí escuchando una canción y sentir que nada hay más grande que “esto” que estoy viviendo.

Así fue el concierto de Daughter en la sala Apolo el pasado jueves 28 de noviembre, sold out incluido, con un público muy joven de media y sorprendentemente muy respetuoso (cosa que por desgracia es más la excepción que la norma).

Para abrir boca y calentar el ambiente ejerció de telonero Broken Twin, el proyecto de una danesa llamada Majke Voss Romme, y que acompañada por el violinista  Nils Gröndahl desarrolla sobre el escenario una música melancólica. Unos acordes de piano, loops que van grabando a lo largo de la canción, y un violín que aporta el punto atmosférico a las composiciones, junto con la voz de Majke, son los principales ingredientes de esta propuesta.

El resultado a priori resulta un poco repetitivo, la voz, dentro de que es una buena voz, no destaca ni se diferencia frente a muchas otras, y las melodías no terminan de enganchar, y aún sonando todo bonito, le falta desarrollar un poco más su propia personalidad. Aunque fue al llegar al cuarto tema que interpretaron, “I Dreamed” cuando me di cuenta que quizá me estuviera equivocando con ellos. Sonó conmovedora y suficiente como para estar atento al disco cuando salga.

Eran ya las diez menos cuarto cuando Daughter saltaron por fin al escenario. Empezaron con “Still”, y hay que decir que existe una diferencia grande entre sus discos y su directo, especialmente en sala; el volumen de los arreglos post-rock, llegan a ser en este caso atronadores; el arco de violín que usa Igor Haefeli (el guitarra) para crear ciertas atmósferas en esta canción son una muestra de ello, o el estruendoso final de canciones como “Home”, con la que cerraron antes del bis, llegan a dejar en segundo plano la personal voz de Elena Tonra en ocasiones pero aportan a las canciones mucha más fuerza.

Si bien la ejecución por parte de la banda fue meritoria, lo realmente importante del concierto fue la comunión público-grupo que se produjo, cosa que ni los fallos de sonido, un par de “explosiones”, el fallo momentáneo de un altavoz a medio de “Winter” o unos pequeños retrasos entre canción y canción, amenizados eso sí con un poco de charla por parte de la banda, consiguieron enturbiar. O que la voz de Elena no sonara lo potente que tenía que sonar en momentos puntuales. Dio igual.

Porque al fin y al cabo se trata de transmitir, y esa noche el grupo conectó y transmitió, con canciones con “Human”, una “Youth” en la que Elena se reía visiblemente mientras cantaba, emocionada al escuchar a toda la sala Apolo cantar con ella. En “Smother” vi gente llorando a lágrima viva y abrazándose, y en otros momentos incluso bailar tímidamente al ritmo que marcaba la batería, por ejemplo en la versión de “Get Lucky”  que se marcaron en el bis.

Todo esto a lo largo de una hora  y cuarto que se hizo cortísima y en la que por último destacaré como Elena tanto antes de irse al camerino antes del bis como después del concierto se quedó firmado camisetas, vinilos y repartiendo sonrisas y agradecimientos en una noche que quedará para el recuerdo de muchos de los que asistimos.

El setlist lo puedes ver aquí .

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