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Abran paso a Red Fang

Por Ignacio Sánchez 0

Hacía bastante tiempo que no tenía el gustazo de disfrutar de un buena noche de heavy, y este pasado sábado la visita de los estadounidenses Red Fang era una magnífica excusa para resarcirme. Con tan solo unas pocas escuchas a su tercer álbum, Whales and Leeches, y un completo desconocimiento de las dos bandas teloneras, Lord Dying y The Shrine, llegué a una sala Arena, Marco Aldany, pocos minutos después de que sus puertas abrieran, pudiendo ver como poco menos de una centena de personas se repartía por la pista de la céntrica sala madrileña.

Lord Dying @ sala Arena por Ignacio Sánchez
Lord Dying por Ignacio Sánchez

Me sorprendió la calurosa acogida a la salida de los primeros teloneros, unos Lord Dying que aparecieron en escena puntuales a las ocho de la tarde, para sin mucha dilación y durante una breve media hora repartir su heavy con tintes thrash. Canciones rápidas y certeras para una estupenda propuesta con la que entrar en calor. A pesar de su aspecto, el gran E. Olson dejó algún gesto cariñoso con las algo más de cien personas que en esos momentos se congregaban en la parte central de la pista, ávidas de pogos y de pasárselo bien. El cuarteto de Portland, como Red Fang, dejó buenas sensaciones con su álbum Summon the Faithless, a la espera de poder testar su potencial en nuevas visitas. Mini punto para ellos.

Siguiendo el estricto horario propuesto por los organizadores, y que por suerte se cumplió durante toda la noche, The Shrine salían a escena tras un breve receso de quince minutos.

The Shrine por Ignacio Sánchez
The Shrine por Ignacio Sánchez

Cambio sustancial de estética y de sonido. Adiós al negro clásico del heavy para abrazar el tejido vaquero más acorde con su propuesta rock bañada en psicodelia, toques garageros y aroma punk, y como buen ejemplo el tema que abre su debut, “Zipper Tripper”. A pesar de las buenas intenciones del trío angelino su actuación pecó de altibajos que lastraron la sensación final. Momentos contundentes que te hacían mover la cabeza con otros anodinos que hacían mirar el reloj a la espera de los reyes de la noche.

A pesar no mostrar un discurso novedoso, beben bastante de pesos pesados como Mastodon y del sonido stoner de Kyuss o Queens of the Stone Age, Red Fang han conseguido formar una sólida base de seguidores cuya imagen se aleja muy mucho del prototipo de heavy clásico para acercarse a una más aséptica, tirando de patrones del punk-hardcore, Vans, Atticus, etc. Y así, cuando las agujas del reloj marcaban las nueve y media, y la sala presentable un espectacular aspecto, se apagaron las luces de la sala para recibir a los auténticos protagonistas.

Red Fang por Ignacio Sánchez
Red Fang por Ignacio Sánchez

Un público entregado con el cuarteto de Portland comenzó rápidamente a vibrar con las primeras bofetadas de “Hank is Dead” o “DOEN”, temas que muestran el lado más arrollador y adictivo de la formación con la potente voz de Aaron Beam arropada por la más rasgada de Bryan Giles. Estaba claro que la táctica del grupo era ganar el combate por K.O., con la quinta marcha puesta desde el inicio y con poco tiempo para que los más entregados a los pogos pudieran coger aire si no es por algún leve problema con el pedal del bajo o alguna afinación más larga de la cuenta.

Al igual que la práctica totalidad de los presentes lo tuve fácil para engancharme al viaje de metal que los Red Fang estaban proponiendo, al mismo tiempo que maldecía no haberles prestado atención cuando ejercieron de teloneros de Mastodon en la sala La Riviera hace dos años. Según habían planteando la noche era un cara a cara entre sus dos últimos trabajos, el ya citado Whales and Leeches y Murder the Mountains. Así fueron cayendo entre otras “Dirt Lizard”, “Throw Up”, “No Hope” o la celebrada mirada a su debut con “Sharks”.

Red Fang por Ignacio Sánchez
Red Fang por Ignacio Sánchez

El sonido, más que aceptable durante toda la noche, consiguió mostrar la fuerza de su música, además de respetar la disparidad del juego de voces que presentan, la profunda de Aaron con la rota de Bryan, que no mostró fisuras cuando le tocaba a él llevar la voz cantante, amén de la nitidez de las dos guitarras y la base arrolladora del bajo.

Los minutos pasaban y el personal no se cansaba de corear las canciones, de saltar y levantar los brazos mientras que sobre las tablas eran cada vez más constantes las idas hacia las toallas para secarse el sudor, los momentos para tomar aire aprovechando algún pequeño guiño a los fans. Una parte final de la noche que se coronaba con la acelerada “1516” y la marcial “Wires”, con la que se despidieron por breves minutos para volver vitoreados como grandes figuras y devolver el gesto con dos piezas de su debut, “Good to Die” y su gran single “Prehistoric Dog”. Qué mejor manera de cerrar en comunión con la parroquia con sus puños en alto y pogos como si fuera el inicio del concierto, a viva voz.

Red Fang consiguieron que la noche del sábado quede guardada en la memoria de los grandes conciertos de uno. Un hueco conseguido merecidamente.

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