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Las Ruinas: rock cáustico

Por Juanjo Rueda 0

7.5

Nota
7.5
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Las Ruinas han vuelto esta pasada Navidad con nuevo disco, “Acidez House” (2013, El Genio Equivocado). Editaron este nuevo trabajo en esa tierra de nadie a la hora de hacer las algo tópicas listas musicales que realizan los magazines y revistas musicales –nosotros tampoco escapamos– que es diciembre, pero seguramente a Las Ruinas todo esto le importa un pimiento porque si algo tienen es que no resultan tópicos. No resultan tópicos aunque en su sonido se pueda ver, de nuevo, la influencia del post-punk de bandas como Wire o del noise-rock de Dinosaur Jr y Pixies pero que con la lírica y la voz personal de Eduardo Chirinos, además de la alta sinergia musical del trío, consiguen su personal toque distintivo. Las guitarras suenan en muchas ocasiones más rocosas que cortantes y en otras guían melodías claras e incluso narcóticas en unas canciones que tienen en la mayoría de los casos la brevedad como norma común (tenemos como excepción ese gran final que es “Déjà vu” donde los riffs monolíticos se mezclan gloriosamente con los cencerros). Los ritmos vuelven a bascular entre fieros y acelerados o con cierto groove canalla. Sigue la estela del anterior disco -que ya suponía un salto en la producción- consiguiendo que las guitarras suenen a la vez rugosas y claras o que la mixtura de instrumentos supere las hechuras lo-fi pero sin perder la esencia de la banda.

“Pueden recortarme los ojos / pueden recortarme la boca / pero nunca podrán recortar / este espíritu jamás” (“Este Espíritu”)

Oyendo el nuevo disco de Las Ruinas resulta imposible no imaginar que la situación social actual haya tenido un reflejo en la mirada sin filtros superfluos de Eduardo Chirinos. Las letras de canciones, como la citada anteriormente o algunas otras del disco como “Bar Europa”, “Generación Perdida” o “Soñadores”, no dejan de ser un reflejo de un sentimiento muy habitual entre varias generaciones (aunque extrapolable a muchos otros momentos y lugares pero que tiene un eco claro en el momento actual de nuestro país), un sentimiento que se mueve entre la desesperanza y la voluntad de no rendirse a las circunstancias. Además, Chirinos continúa con su visión del entorno urbano, con Barcelona como modelo, despojado de todo el aura elegante (“Nit Bus”, “Lucero Herido”); sigue con sus puyas irónicas (“Escalera mecánica hacia el cielo”) o más directas (“La radio ha muerto”, en lo que quizá sea un dardo a los 40 Principales o, yendo un poco más allá, a la actual Radio 3); o vuelve a arrojar sus descripciones de las relaciones humanas con toque más melodramático (“Chica fiestera”) o más optimista (“Océano de amor”). Catorce canciones, un disco, que es un nuevo y notable paso adelante en la trayectoria de Las Ruinas. Una banda que asienta su gran personalidad disco a disco.

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