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Monuments Men: la cara B del cine bélico

Por Juanjo Rueda 0

En música, en la actualidad, las caras B suelen considerarse esos temas que, finalmente, se han descartado su inclusión en un disco publicado oficialmente. Normalmente, suelen ser temas que no se han incluido porque, con buen criterio de los creadores, han creído que no reúnen el nivel necesario. Es verdad que en ocasiones se equivocan o se les pasan o relegan a segundo plano temas que merecían más atención que algunos que, en principio, pasaron la criba. Bien, pues “Monuments Men” es una cara B del cine de género bélico, una cara B merecida.

Se suele decir que hay que desconfiar de las historias basadas en hechos reales porque, por norma general, suelen desmerecer de algún modo a la realidad, y este es uno de esos casos. La historia tiene su interés y rescata un hecho poco conocido: un grupo de hombres, especialistas en diferentes ramas del saber artístico, que en las postrimerías de la contienda se adentran por territorio bélico para intentar recuperar, salvar y preservar algunas de las obras artísticas más representativas de la humanidad. Pero esta historia, en manos de Clooney, se convierte en un insípido, aburrido y fofo film de tarde donde se desaprovecha un elenco de altísimo nivel en el que en ningún momento consigue mostrar unos personajes que realmente guarden algún interés para el espectador y con pocas escenas remarcables o de peso para el lucimiento del grupo de actores y de la película en general (el interrogatorio de Clooney a un oficial nazi, por ejemplo). Un film con una dirección sin ritmo y sin apenas tensión narrativa ni dramática, en el que cuando la acción dramática aparece acaba resultando casi cómica y sin emoción.

Hay una escena en la que desembarcan en Normandía con todo tranquilo y desolado tras el primer y famoso desembarco, mostrando un escenario en el que ellos se ven como protagonistas secundarios, fuera del foco principal, y parece que Clooney se contagia y le sale una historia con cierta desgana -de prólogo permanente- que se acaba transmitiendo a los espectadores. En ningún momento consigue mostrar al espectador todo el trasfondo de esta misión con el empaque que merecía. Muestra un conflicto sin mucho interés más allá de las trincheras y cuando aparecen los bandos enemigos lo hacen de forma maniquea, con unos soldados enemigos que resultan algo irrisorios. Llega un momento en que uno desea que hubiera sido Spielberg el que hubiera desarrollado esta premisa histórica y que hubiera montado (saltándose licencias históricas) una especie de grupo de Indiana Jones; al menos hubiéramos disfrutado de una buena película de aventuras. Ni como historiadores o historiadores del arte (como es mi caso) resulta estimulante esta película, de hecho, estoy seguro que narrada como documental en el Canal Historia hubiera tenido más nervio, más intriga, más fuerza e, incluso, mayor innovación formal. Todo esto no deja de resultar algo sorprendente en un director que ha sabido imprimir cierta personalidad (sin alardes) a otras películas suyas anteriores. Falla hasta en ese final en el que parece querer mostrar un dilema moral al estilo del planteado en “Salvar al Soldado Ryan” pero ya sin la complicidad del espectador para sentirse involucrado o tomar partido en el debate.

Al final sales del cine un poco con la cara de pánfilo que se dedica a poner Bill Murray en uno de sus papeles con menos enjundia que se le recuerdan, pensando que él y todo el resto del reparto se han llevado la pasta calentita por unas semanas de vacaciones de rodaje en Europa para una producción que no merece el desembolso de dinero efectuado en ella. Gasten ese dinero mejor en la entrada de un buen museo como homenaje a los verdaderos Monuments Men.

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