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Soledad Vélez en El Veintiuno: el embrujo

Por Juanjo Rueda 0

Seguramente todo el mundo conoce el episodio de Odiseo y las sirenas narrado por Homero en “La Odisea” pero, por si acaso, lo explico: es aquel en que el héroe, en sus peripecias para retornar a Ítaca, topa con las sirenas cuyo bello canto hechiza y después enloquece a quién lo escucha. En este episodio, Odiseo -que el muy ladino, ya había sido avisado por Circe- ordena a sus compañeros que lo aten al mástil de su barco para poder escuchar el bello canto mientras ellos habían tapado sus oídos con cera para no sucumbir a, en el fondo, tan macabros encantos. Bueno, pues cuando Soledad Vélez apareció sola, valga la redundancia, en el primer tema, con su larga melena cayéndole por los hombros y, mientras tocaba el teclado ligeramente cabizbaja, empezó a cantar, el aire de la sala pareció que se paraba, los murmullos, efectivamente, cesaron completamente durante toda la interpretación (¡oh, milagro!) y todos nos sentimos un poco como Odiseo, hechizados pero, en nuestro caso, sin peligro de infaustas consecuencias posteriores.

Quizá parezca que exagere (y puede que en cierto modo lo haga) pero la voz de la chilena afincada en España (Valencia) tiene una magia, un embrujo, que todo el público de la sala El Veintiuno pudimos comprobar sobradamente este pasado sábado. A ello une que su singular propuesta en directo -con el complemento de Jesús de Santos a la guitarra eléctrica añadiendo sutiles detalles en forma de punteos, rasgueos y efectos- se mueve en un pop esteticista con un pie en el folk americano más heterodoxo y que se amalgama como complemento casi perfecto a la voz de Soledad. Delante de nuestras narices fueron construyendo ensoñadoras canciones mediante guitarras, teclados, loops y alguna que otra base pregrabada, canciones que por momentos se podían aproximar al dream-pop de, por ejemplo, Beach House, mostrándose casi más magnéticas o más envolventes que en sus notables discos de estudio como el último, “Run with Wolves” (2013, Absolute Beginners), que comandó la actuación y del cual resplandecieron canciones como “Silver Wolf”, “Milky Way”, “Good Morning Darling” o “How to dissapear”. Al respecto de esta última tuvieron, Soledad y Jesús, una breve digresión sobre el significado de la misma. Esto último, la interacción entre ambos y el publico, fue algo que ocurrió en más de una ocasión ayudando a crear un clima de mayor complicidad entre todos los asistentes sobre todo por la naturalidad sin divismos de ningun tipo que mostraron ambos.

Picoteando también en su primer LP, “Wild Fishing” (2012, Absolute Beginners), o en su EP “Black Light in the Forest” (2011, Sello Salvaje) -cerraron el concierto con una mayúscula “Spectrum”- conformaron una pequeña odisea musical en la que todos nos dejamos arrastrar sin miedo, sin necesidad de que nos tuvieran que atar a mástil alguno.

Foto de portada: El Veintiuno

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