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Furia, As de Diamantes

Por Jose Eduardo Medina 0

Furia / Jesús García Serrano

Furia deslumbra en la noche dedicada a nuevas bandas andaluzas. Organizada por Green Ufos el pasado miércoles en la sala Malandar, se sumaron al cartel dos grupos sevillanos, La catedral sumergidaSantacruz, para ofrecer al público el directo de sus últimas grabaciones, heterogénea mezcla, reflejo vivaz de una escena independiente regional en constante efervescencia.

La catedral sumergida / Jesús García Serrano
La catedral sumergida / Jesús García Serrano

Encargados de dar el pistoletazo de salida, La catedral sumergida comenzó con puntualidad una lista de canciones monopolizada por su último disco, Drama en el campo de juego (autoeditado, 2013). Un fugaz paso por el escenario, para su limpio sonido pop de cuidada grabación, donde la riqueza instrumental se combina con bases de delicados arreglos electrónicos bajo capas de voz, distorsionadas a tramos por el vocoder.

El discurso sufriría un viraje radical cuando el esponjoso regusto pop de La catedral sumergida fue arrollado por las desbocadas guitarras de Santacruz. La banda sevillana, liderada por Alexis Schrödinger, se extendió ensamblando nuevas piezas en un repertorio que palió la brevedad de su bandcamp. Una iconografía agria, plagada de referencias — Viernes de DoloresSoto del Real — para confeccionar un imaginario tintado de infamia, la cual, desplegada a modo de leitmotiv, era desgarrada sin miramientos con riffs de cortante filo. Diluyendo las pausas entre cortes, la sucesión de escalas, acordes, golpeo de baquetas y distorsiones se precipitaba desde el borde del escenario, alternando el barrido sin miramientos de un alud de rabia, contundente como la línea eléctrica de sus guitarras, con calculados juegos rítmicos desdibujando la frontera entre el punk y el math rock.

Santacruz / Jesús García Serrano
Santacruz / Jesús García Serrano

She Never Said, incorporada versión del single que definió el sonido de la banda australiana The Church, modificada para descarnar su estructura de la etérea psicodelia original y ser exhibida con crudeza en la voz de Alexis, breve aparición de ella dentro del monopolio instrumental de la banda, con un cierre — Fin de la cita — recuerdo al aséptico estadista colgado de una tensa y alargada nota del bajo.

Continuaban resonando las vibraciones del amplificador en los oídos mientras una tímida chica se acercaba con su guitarra al borde del escenario. Los suaves dedos de Nur Wong acariciaban las cuerdas, notas que llamaban a seguir el incierto camino de Furia, cuya formación ocupaba ya el escenario con la incorporación de Goli, Nelo y Fran. Oscura senda descrita por su sinuoso rock, jugando en el borde de un abismo hacia el cual se arrojan personajes desesperados, retorciéndose al igual que los movimientos de Goli sobre un escenario convertido en inestable territorio fronterizo.

Seductoras palabras — ‘shake it! Shake it! Shake my body to the ground ‘—, flirteando en la boca de Nur con las que invocar un irresistible deseo con desenlace letal. Al igual que Goli, quedamos postrados ante el rock teñido de blues de NYC, mirando la hipnótica coreografía de sus manos deslizándose sobre el traste. Carretera perdida para una road movie en la cual sólo queda seguir avanzando para sentirse vivo, ansias de fortuna — ‘...money, trouble, devil… — de sabido final funesto, que una quebrada voz hacía enroscarse como serpientes de cascabel alrededor de vidas dominadas por las más bajas pasiones.

Furia / Jesús García Serrano
Furia / Jesús García Serrano

Espoleado por los rápidos punteos, el trémulo surf se diluyó en la levedad de la voz de Nur, convertida en narradora de una tortuosa historia, cuya entereza se rasgaba entre alaridos y distorsionadas notas de su guitarra. Como buenos tahúres, guardaron hasta el final un trío de ases en la manga. El primero en caer sobre las tablas, Detroit, de final desbocado, donde el desenfrenado ritmo del bajo de Nelo se fundía con una risa demente. Los siguientes llegaron de propina, Foso y Mazorca, nueva cosecha marcada por las influencias del folk americano, salido de las manos de Nur, que deslizaba unas gafas de sol por las metálicas cuerdas.

Furia abandonaba el escenario dejando un rastro de olor a pólvora, y esa sensación de quemazón remanente para quien ha sido sacudido por una descarga eléctrica, en una noche donde el filón de incipiente talento andaluz fue sacado a la luz, tallado y pulido para conseguir destellar en toda su gama de matices.

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