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Hans Laguna: deletreando canciones

Por Juanjo Rueda 0

8.5

Nota
8.5
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Escuchando este tercer capítulo de la discografía de Hans Laguna parece en realidad que debería ser el segundo, parece el puente necesario para explicar un cambio tan brutal como el que se dio entre su disco de debut, “Primeras Marcas” (2012, El Genio Equivocado) y “Oteiza” (2013, El Genio Equivocado).

Son tantos cambios de piel / Sólo hacen falta dos o tres”, canta en “Dos o Tres”, el primer tema de este nuevo disco, y parece que esos cambios de piel se podrían extrapolar a su trayectoria musical. El primer disco era más ortodoxo y, en mi opinión, de contenido más irregular, más encajonado en unas coordenadas de pop alternativo más típicas aunque ya había ligeros toques de atención musicales en algunos temas que podían avisar de que había un creador dispuesto a salirse de los caminos más tópicos, pero ninguno de estos avisos podía hacer prever lo de “Oteiza” un disco de experimentación noise-drone (editado sólo en formato digital) que utilizaba otro lenguaje artístico -el musical- para dialogar y buscar nuevas vías de comprensión a la obra del escultor Jorge de Oteiza. Un segundo disco que cambiaba completamente la percepción (al menos para mí) de Hans Laguna y que traspasaba la frontera de lo meramente musical para situarse, sin pretenciosidad, como obra artística.

Ahora se edita “Deletrea” y parece que llega para posicionarse como equilibrio entre el salto mortal que supuso su paso de ese “Primeras Marcas” a “Oteiza”. Deletreando con pausa canciones, explorando la sintaxis (nombre que además recibía la banda que le acompañaba en el primer disco) del lenguaje pop. Este nuevo disco casi podría ser definido, si sirve el atrevimiento, como post-pop, donde los temas nacen y se desarrollan por medio de acordes y ritmos que en muchas ocasiones caminan en círculos dentro de un catálogo de canciones pausadas con instrumentaciones de ejecución austera, que no se recrean más de lo necesario en ningún momento. Una instrumentación variada donde aparecen -junto a las habituales guitarras, bajo y batería- banjos, cajas de ritmo, teclados, vibráfonos, trompetas y coros (obra, estos últimos, de Tuixén Benet y Blanca Lamar de Las Sueques) pero siempre utilizados estos elementos, como digo, con un cierto laconismo. Un laconismo instrumental fruto probablemente de una producción musical notable -realizada por Cristian Pallejà, Ferran Resines (que también colaboran como músicos en el disco) y el mismo Hans Laguna- que crea un ambiente musical que puede llegar a evocar en el oyente un aire de verano fantasmal, un poco semejante a la foto que sirve de portada donde los saturados tonos azules no sabe uno si realmente esconden un día soleado o de bruma. Las letras, por su parte, parecen en algunos momentos pensamientos momentáneos más que razonadas y elaboradas construcciones poéticas o literarias, en las cuales, al igual que con la música, busca los elementos concisos para expresar una especie de lúcida y alucinada desesperación que, por las pistas de las letras, parece motivada por la ruptura sentimental.

Tras terminar el disco entre coros de aullidos en “Preguntas y Respuestas” -donde sobrevuela el espíritu más sombrío de Leonard Cohen en su inicio- la sensación que queda es la de obra unitaria, compacta (no sobra un sólo tema pero no busquen aquí lo que se entiende por singles o hits al uso). La sensación es la de haber escuchado un disco de un músico que ha conseguido enfocar con nitidez y concreción una visión personal del pop alternativo en un disco que busca alejarse de los lugares comunes. Un disco que busca y demuestra que es posible torcer hacía otras vías de expresión musical mucho menos transitadas y más personales con los elementos de siempre.

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