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León Benavente en El Veintuno: Callad, callad, malditos

Por Juanjo Rueda 0

A los españoles nos gusta hablar, conversar, charlar. Nos gusta mover la sinhueso con amigos y conocidos para ejercitar la habilidad de la conversación, ya sea esta profunda o sea un mero parloteo. Esto quedó claro en el concierto que dieron éste pasado sábado León Benavente en la sala El Veintiuno. La sala estaba rozando un caluroso lleno pero resultó que había personas que hacía tiempo que no coincidían y tenían cosas que decirse e información que intercambiar que era más importante que el concierto que habían pagado por ver, porque durante bastantes fases del concierto el rumor de las conversaciones sobrevolaba por la sala. Un rumor que, lógicamente, llegó a la banda que, a la vista de actitudes y comentarios sardónicos, no se sentía cómoda con esa extraña nube de ruido que tomó el mando por momentos de los interludios del concierto. Lógico, no estaban cómodos ellos ni tampoco otra parte del público que habíamos ido a prestar atención a la música y que no podíamos librarnos tampoco de la sensación de incomodidad, a pesar de intentar mitigar la entropía de las conversaciones con el socorrido “ssssshhh” que sólo surtía efecto parcialmente. Y, como digo, no estaban cómodos ellos y parte del público tampoco porque casi nos veíamos envueltos en una especie de guerra fría entre el escenario y un sector de la platea (que no se daba por aludido). También, habrá quién se acoja a esa máxima de “el público es soberano” y tiene derecho a expresar indirectamente -y de forma algo molesta- que le está interesando más lo que le cuenta el de al lado que lo que se desarrolla en el escenario pero está claro que debería respetar al resto del público que sí quiere prestar atención. Pero como los equipos de fútbol que son pitados por una parte de su propia afición, León Benavente superó esos instantes de desconcierto enrarecido desplegando su mejor juego musical. Tocando los temas con rabia y ahogando el murmullo por medio de bajos gordos, teclados frenéticos y percusiones contundentes, una rabia que cuajaba en su sonido de rock algo oscuro y, en algunos contados momentos, de ritmos pseudokrautrock.

León Benavente. Además de la unión de dos municipios de Castilla y León, el nombre de León Benavente me recuerda al nombre de uno de esos anarquistas de principios de siglo XX, algo que puede relacionarse con la música y, sobre todo, las letras de este combo que tienen o encierran algo del descontento de estos tiempos de convulsión social ante los que cualquier anarquista de esa época no hubiera permanecido impasible. Algunas de las canciones que interpretaron como “Avanzan las negociaciones”, “Las Hienas” o “Revolución” -a las que hay sumar la versión de Ilegales  de “Europa ha muerto”- parece que toman forma desde el descontento y el desencanto que sufre nuestro país que precisamente ese mismo sábado había tenido un nuevo hito con las marchas del 22M que llegaron a Madrid donde miles de personas (¡ánimo, valientes!) se manifestaron por la dignidad social mientras muchos otros habíamos encontrado, de alguna forma, las cómodas excusas para no poder sumarnos a las mismas aunque las apoyáramos en la distancia. Pero voy a dejarme de divagaciones y, retomando la senda musical, voy a decir que León Benavente sonaron muy bien, muy compactos, algo esperable, aunque no fácil, dentro de este cuarteto de experimentados músicos. Comentar que tuvieron momentos donde algunos temas sonaron algo más insípidos pero que cuando pusieron, como dice la tópica frase, toda la carne en el asador, canciones como “Avanzan las negociaciones”, “Las Hienas”, “La Palabra”, “Las Ruinas” o “Ser Brigada”, rugieron grandes y poderosas. Sobre todo esta última, interpretada en los bises, con Boba casi transmutado en un Nick Cave que recitaba febril mientras se paseaba por la platea, por entre los espectadores (igual queriendo localizar a los charlatanes). Así pues, tras el concierto, unos pueden quedarse con las poses algo forzadas y teatrales del grupo o con el rumor de las conversaciones que molestó a la banda y a otra parte del público asistente. Pero todo esto igual es mirar al dedo con el que el sabio señala al cielo. Así que quedémonos, en última instancia, con la música, con esos cinco o seis temas que fueron rotundos y que centraron la atención de todos, que justificaron de sobra el concierto.

Foto: Eduardo López

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