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Perro y Trepàt, sueño de juventud

Por Jose Eduardo Medina 0

Perro / Ana Suanes

Rotunda presentación de Perro y Trepàt en la capital andaluza el pasado sábado. La sala Malandar alojó a dos jóvenes bandas del sur de la península, murcianos y granadinos respectivamente, y a sus dos flamantes primeros trabajos en formato largo, Tiene bacalao, tiene melodía (Miel de moscas, 2013) y La fiesta oscura (Miel de moscas/Meridiana, 2014), recién estrenados, cuya presentación se convirtió en simple excusa para mostrar un dominio de auténticos expertos sobre las tablas.

Trepàt / Ana Suanes
Trepàt / Ana Suanes

Llegados con el tiempo justo para una rápida prueba de sonido a toda prisa, Juan Luis (voz y guitarra), Rocío (batería), Mari Carmen (teclado, oboe y percusión), Cabritilla (guitarra) y Patricia (bajo), recogían los instrumentos del escenario y se presentaban al público. Inesperadamente, la oscuridad se hizo dueña de la sala, mientras una voz pausada se deslizaba sobre unos ascendentes acordes punteados por la guitarra — ‘Eres la aurora, y la tempestad…‘ — narrando un enfrentamiento dual. Así puede ser descrita la construcción del sonido de Trepàt, capaz de obligar al soberbio oboe a convivir con una desenfrenada base de teclados sintéticos y desesperados gritos — ‘Ruperto, ¡sal a bailar! ‘ —, ritmos desconcertantes, manteniéndonos en estado de alerta como las Voces en la jungla de aquellos Monaguillosh de la Movida.

Múltiples matices en su directo, donde la vertiente dramática del solista da vida a crudas letras sesgadas por los dobles sentidos, las traiciones y los desengaños. Llegó a ser por momentos la representación de una obra teatral rondada por una imaginaria mujer fatal de rasgos folclóricos — ‘...y negra vas tú de mantilla, y negra son tus intenciones…‘ — cuyo desconcertante encanto nos acribilla a cada golpe de batería y caemos tentados irremediablemente a pesar de sabernos camino al pozo insondable de la perdición — ‘…preciosa dónde quedarás, dolorosa dónde quedarás…‘ —, desesperación augurada en los incontrolables aullidos de la voz de Fran que, dominada por el deseo — ‘…pégame, pégame…‘ —, galopa fustigada por un agresiva guitarra distorsionada.

Trepàt / Ana Suanes
Trepàt / Ana Suanes

Atrapados — …si se esconde, si se ha ido, si se esconde o si se ha ido…‘ — en un siniestro juego infantil, donde maracas y panderetas sonríen sarcásticamente ante nuestro desconcierto, parece imposible alcanzar el envés de este demente universo. Se quiebra entonces, rasgado por el luminoso quejío flamenco de José David, Pepeda, cantaor que colabora con la banda desde sus inicios, la oscura noche, salpicada ahora de destellos. Apelando a las raíces como remedio sanador para cicatrizar las heridas.

Cuatro zagales murcianos nos rescataron de la sima abisal abierta por Trepàt, hiperactivos subieron al escenario, calentamiento previo incluido, para hacer lo que más les gusta, tocar en directo. No les pasó factura la fiesta por Algeciras del día anterior, salvo algún que otro lapsus, y perdonados están — ¡si son unos chavales!¡Y de Murcia! — por el jarro de refrescante y ruidoso pop que arrojaron sobre nuestras cabezas.

Perro / Ana Suanes
Perro / Ana Suanes

Vivir a Perro en directo es sumergirse en un desfase juvenil, una noche de borrachera o, por qué no buscar un símil que los haga sentirse más cómodos, un día entre las barracas del Bando de la huerta. Gillermo tomó la iniciativa, informaba — alright, alright —, todo listo en el escenario y línea de bajo que salía disparada del ampli como una mecha que prendió al resto. Concienciados en necesitar una vida más sana — ‘…tantos cigarros de media me va a matar…‘—, consejo sanitario a ritmo de percusión tropical, muy del rollo Vampire Weekend o, más tirando hacia lo patrio, Margarita.

Era una putada echar a Fran cuando Aarón volvió de crucero, una cosa llevó a la otra y ahora acarrean un par de baterías de sala en sala. No es lo habitual, aunque ahí están Franklin o los actuales Lisabö como un par de referencias nacionales, pero a Perro le sienta como un guante esta formación. Funcionando a máximo rendimiento, entre broma y broma, y fraseos de Julio Iglesiascuando el amor llega así, de esa manera, uno no tiene la culpa… —, la descarga de potencia salida de las baquetas de Fran y Aarón te golpea a mano abierta desde el escenario dejando claro que no se andan con gilipolleces. Al echar la vista atrás y volver a escuchar Popera, canción ligera de fácil estribillo, nos damos de bruces con el muro de masivo ruido y distorsión levantado desde entonces.

Bloques como Marlotina, intro instrumental de cuatro minutos que Gillermo aderezó con letra improvisada — …hace calor, hace calor, ua… — construida a saturación, superponiendo baterías, guitarras distorsionadas y juegos de teclados pasados por el sintetizador, son los que nos arrojan estos cuatro chavales que se hacían los inocentes vestidos de comunión. Este debe ser el bacalao que se traían entre manos, salado con letras en las se recuentan cromos de fútbol noventeros, sí, aquéllos que se cambiaban en el patio del colegio, o se describen las aventuras de un chaquetero — ‘…cambiaste la chaqueta, no hay perdón, antiguo madridista…‘ — y problemático juvenil.

Perro / Ana Suanes
Perro / Ana Suanes

En el fondo, aunque un poco gamberros, tienen buen corazón — son bondad e instrumentos, y sólo beben limoncello —, y para que guardemos un buen recuerdo de ellos, decidieron deleitar nuestros oídos con un par de sus mejores platos. Como primero, una lección de botánica no muy ortodoxa — ‘yo voy, ¡súperciego! ‘ — tirando en el temario de delay, rítmicas percusiones metálicas, juguetones teclados y personajes de Goku, pasando después directamente al postre, doble versión — ‘...achévete a bailar, achévete a bailarlo…‘ — sacada de Singles brasileñas (autoproducido, 2013) y endulzada a base de acoples de guitarra, superposición de pedaleras y toques de baqueta a una vacía botella de cerveza. Tras los murcianos, sólo nos queda decir, el ruido con sangre entra.

 

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