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Pony Bravo, sevillanía bastarda

Por Jose Eduardo Medina 0

El pasado sábado la sala Fanatic acogió a Pony Bravo, un regreso a sus raíces para revisar una vez más el significado de sevillanía, y hablamos de Sevilla, sí, de aquella que mira hacia delante y lucha contra la corriente acomodada en la inercia cultural congénita a la ciudad. Para ayudarles en ello, la banda Forgotten les acompañaría con un peculiar catálogo de versiones.

Pony Bravo / Iram Martínez para Revista WEGO
Pony Bravo / Iram Martínez para Revista WEGO

Pasaban las diez y media de la noche cuando Forgotten inauguraba el escenario con una versión de Parálisis permanente, Autosuficiencia, mientras el público se acercaba a la sala. En su repertorio de canciones convivían Los Pixies con el Cannyonero que Hank Williams Jr. interpretó para Los Simpsons, el 12XU de Wire, con Pablo colaborando a la armónica, con Eisbär de Grauzone, y Darío a la batería. Después de agradecer la invitación, dejaban el camino libre para la subida de Dani, Pablo, Darío y Javi. Se hizo la oscuridad en la sala, y dos grandes ojos nos miraban tras unas gafas desde el haz del proyector.

Juan Ignacio Zoido, en plano italiano, repetía: ‘no hay mejor hermandad haciendo el camino que las hermandades de Sevilla ‘, Alfredo Sánchez Monteseirín le daba la réplica: ‘la Alameda estaba podrida‘, mientras el sonido se fundía con el ralentizado riff de guitarra y la línea de bajo y batería de El mundo se enfrenta a grandes peligros. Este fue el recibimiento preparado para su ciudad por la banda sevillana, en una noche en la cual De palmas y cacería (El Rancho, 2013) volvía a su tierra tras recibir los elogios del público y la prensa nacional.

Niño de Elche / Iram Martínez para Revista WEGO
Niño de Elche / Iram Martínez para Revista WEGO

Con una audiencia de caras conocidas, casi podríamos hablar de una velada en familia, Pony Bravo jugaban con ventaja para involucrar a todos en su particular fiesta. Y esa falta de prejuicios a la hora de la mezcla, nos llevo del hipnótico groove impredecible y delirante de Noche de setas a la contundencia rítmica de un bajo aliado con las percusiones de El rayo, de la rosa venenosa a esa niña Ninja de fuego, visión del deseo a través de la sensualidad de desenlace fatal que lleva el flamenco escrito en sus raíces. Raíces del Niño de Elche, venido desde Marinaleda para acompañar a la banda con su guitarra en Turista ven a Sevilla, pero que en esta ocasión guardo su colección de poemas de Miguel Hernández.

Otros invitados pasaron por el escenario el sábado noche, con un hijo de puta recibieron a Dick Cheney, ex-secretario de defensa y ex-vicepresidente de los Estados Unidos, enmarcado en el paisaje del ritmo de vida neoliberal, yates y putas en Ibitza, especulación entre las tragaperras de Eurovegas y rayas de coca en los servicios del Foro económico mundial, para aderezar un domingo de barbacoa en la ONU — dame un billete, dame un billete —. Recordando a Bob Casale, con el Whip it de DEVO, todavía no es demasiado tarde para azotar con fuego sanador a las hordas insufladas de delirio místico por los predicadores de las JMJ.

Pony Bravo / Iram Martínez para Revista WEGO
Pony Bravo / Iram Martínez para Revista WEGO

Dejando con la miel de una rave en las profundidades de Kansas en los labios, el público reclamaba una generosa propina mientras abandonaban el escenario. La respuesta a las peticiones vendría con una bofetada de los noventa a base de dub a ritmo de scratch. Daniel Alonso era el encargado de reescribir la letra — el corazón bailando, salta dentro del tórax — para el estribillo donde Ini Kamoze y Salaam Remi remezclaron los coros de The Land of 1000 Dances. Híbrido con el cual abrir camino al post-lolailo cargado a partes iguales de rabia y ritmo — bu, bu, bugalú — de la Zambra de Guantánamo, y acabar con el conocido ya por todos rap de Mi DNI, acompañados por muchas voces que lo entonaban entre el público.

Fue una noche para mostrar que Pony Bravo sigue marcándose como objetivo divertirse con la música y hacer partícipe al público de ello. Alejándose de etiquetas, construyendo un mordaz discurso político, tanto en sus letras como en la gestión de su trabajo, sin necesidad de vestirse de seriedad para obtener crédito ya que acaba impregnándote con cada uno de sus pegadizos ritmos.

Crónica y galería de fotos de Iram Martínez para Revista WEGO.

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