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Tórtel – La gran prueba: prueba superada

Por Juanjo Rueda 0

8.5

Nota
8.5
85%

La portada, empecemos hablando de la portada que al fin y al cabo es lo primero que vemos. La portada de este tercer trabajo de Tórtel -con esa extraña mezcla de vegetación, formas bacterianas y formas humanas- hizo en un primer momento que rondara por mi cabeza una rara e indeterminada sensación de familiaridad con la misma que finalmente logré identificar con la cierta similitud -que no exactitud, para los quisquillosos- estilística con la de “The Colour of Spring” (1985) de Talk Talk. El interior musical poco tienen que ver pero el embalaje exterior -el dibujo, cierta tonalidad- plasman una esplendorosa y colorida luminosidad primaveral que, en la de Tórtel, casi se mezcla con la gama tropical además de con una sensación de naturaleza extraña, incluso misteriosa (ese fondo oscuro), características todas estas que quizá se pueden aplicar a lo que esconde musicalmente el disco. Ya que en la música de Tórtel también puede uno, en un acto sinestésico, oír parte de esa peculiar luminosidad primaveral (que parece que afortunadamente, poco a poco, ya nos va acechando) y tropical, eso sí, sin olvidar también la luz mediterránea. Esto último, lo de la luz mediterránea, no es un recurso poético gratuito porque todos los discos de Jorge Pérez (el verdadero nombre tras el seudónimo de Tórtel) parecen estar algo ungidos y unidos por ese espíritu, esa vivacidad; “La Gran Prueba” (El Volcán Música / Gran Derby Records) no es la excepción.

No es nada interesante / hablar de mí” canta autocompadeciéndose en ese gran tema que abre el disco y que se denomina igual que este tercer trabajo. Porque sí, sí que resulta interesante hablar de él o bueno, quizá sí que tiene razón porque lo verdaderamente interesante o de lo que realmente debemos hablar es de su música. Este primer tema es un acierto sin paliativos, un tema de pop resplandeciente, que sabe esbozar una sonrisa aunque esté algo tocado por dentro; un tema donde Tórtel casi se transmuta en un Sufjan Stevens del Turia con esos arreglos de épica colorista justa, arreglos obra de Cayo Bellvesser (Maderita o Josh Rouse) como los del resto de los temas de este disco del que también se encargó de grabarlo y mezclarlo. Arreglos imaginativos (sintetizadores, órganos o samples, entre otros) que son uno de los puntos fuertes -gracias a una producción detallista- de un disco donde Tórtel ha estado bien acompañado con algunas colaboraciones notables como son los nombres de Pau Roca y Jordi Sapena (La Habitación Roja), Rauelsson o Xema Fuertes (también de Maderita de los que Jorge Pérez también forma parte), que vienen a dar otras pequeñas pinceladas de color a este caleidoscopio pop.

El disco es un Pantoné de buen pop; de búsqueda de estribillos, arreglos y ritmos que enganchen al oyente de primeras en un carrusel musical donde junto al rumor mediterráneo también asoman ritmos tropicalistas (“El baile extraño”, “Canto oscuro, canto claro”); otros de funk andino (“Queríamos más”); intermedios de easy-listening (“Tórtel estuvo aquí”); o estribillos de vibrante y controlada psicodelia pop (“El Rayo Verde”, donde los curiosos arreglos vocales del estribillo no están tan lejos de lo que podrían haber hecho unos Vampire Weekend). También es capaz de conjugar medios tiempos donde no me resulta raro oír vagar errante el espíritu más accesible de Panda Bear, como ocurre en “La Vieja Escuela”, o sonar más apegados a la tradición folk mediterránea como en “No es mi culpa”. Las letras, mientras, hablan de una desconfiada sensación de alegría y alucinada melancolía naif (canta oscuro y canta claro), en subidas y bajadas emocionales donde lo normal y lo raro se pueden dar la mano en un viaje conjunto que, probablemente, encantaría al desaparecido Sergio Algora (El Niño Gusano es otra de las referencias musicales que acuden cuando se escucha este disco en temas como “Segundo intento de detener la historia”). Un disco que transpira una especie de pop que, a pesar de los lazos en común con otras aventuras musicales aquí expuestas, tiene y mantiene una voz personal que se transfigura en diez temas brillantes. Si el título hace referencia al hecho del reto que suele suponer para cualquier músico el tercer disco, hay que decir que Tórtel ha superado esta prueba con nota.

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