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Adiós al “único negro que sudaba miel por los poros”

Por Juanjo Rueda 0

Algunos habréis entrado en el enlace picados por la curiosidad, buscando descubrir a quién puede -o podía- hacer referencia tan extraño apelativo. Otros, no creo que muchos desgraciadamente, ya sabréis a quién aludo. Pocas horas antes de que el mundo empezase a llorar la perdida de un tótem literario como Gabriel García Márquez (Colombia, 1927), en la madrugada del miércoles santo al jueves santo tenía un fatal accidente automovilístico en el que perdía la vida José Luis Feliciano Vega (Puerto Rico, 1935), más conocido como Cheo Feliciano. Pero mientras Gabo ha recibido (lógicamente) las loas, reconocimientos y homenajes póstumos que merece, lo de Cheo ha pasado más de puntillas cuando no desapercibido entre gran parte del mundo occidental. Cheo Feliciano ha sufrido el último efecto de ese ninguneo que la cultura del primer mundo occidental ha impuesto a todo lo que venía y viene de Latinoamérica, un fenómeno en el que incluyo aquí a todos aquellos que claman por reconocimiento a las formas musicales autóctonas y actuales de su país (muchas veces meros remedos de influencias foráneas) y desconocen un fenómeno musical del calibre de la Fania All Stars, en el cual Cheo fue voz cantante, literalmente.

Fania fue un sello -creado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco- además de una formación (Fania All Stars) que aglutinó una serie de figuras que dieron la edad de oro (que muchos entendidos dicen que no volverá) de un género que algunos -más de los esperados- estrechos de mente despreciarán, la salsa. En realidad la salsa es un etiqueta convertida, como muchas, en un cajón de sastre y debatida por puristas que veían y ven un melting pot de estilos musicales (guaracha, boogaloo, rumba, latin jazz, son, etcétera) agrupados bajo tan sabrosa etiqueta. La Fania en sus años de esplendor (finales de los sesenta y toda la década de los setenta) agrupó un crisol de artistas que algún día -espero- serán reconocidos mundialmente como se merecen y entre los que Cheo fue una figura que no desentonó: Rubén Blades, Héctor Lavoe, Willie Colón, Ray Barretto, Celia Cruz, Ismael Miranda, Pete “El Conde” Rodríguez o Larry Harlow entre otros muchos fueron compañeros en tan maravillosa travesía musical. Asentados en el Nueva York periférico, hijos de la tradición inmigrante que ha peleado en los márgenes para hacerse oír, fueron un ciclón musical que puede palparse en maravillosos discos que recogen toda esa energía, creatividad y vitalidad que eran capaces de insuflar en su música (escúchese alguno de los Live at the Red Garter vol.1 y vol.2 o Live at the Cheetah vol.1 y vol.2 además de ver el documental “Our Latin Thing” para comprobarlo). Dentro de este elenco de estrellas, el chorro de voz de Cheo Feliciano no pasaba desapercibido entre tan ilustres y enormes compañeros resultando indispensable para entender el magnetismo y la grandeza de temas míticos como “El Ratón”, “Anacaona” o ese combate de ingenio y guasa que es “Quítate tú”, por nombrar algunos.

La vida no es lo que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, esta es una frase de Gabriel García Márquez que habréis visto desde ayer en numerosos lugares de la red (ya sean páginas de información como en redes sociales). Bien, pues lo que yo recuerdo es que en 2008, aproximadamente, empecé a descubrir que la salsa no era un género menor al que mirar con ojos de colonizador cultural sino con oídos abiertos para descubrir y aprender. Descubrí un género y una tradición musical maravillosa que ayer perdía un referente importante aunque no lo veáis en grandes letras en muchos medios. Adiós Cheo, nosotros seguiremos, mientras podamos, echando semillas a la maraca pa’ que suene.

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