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Awake, la Marea Estancada de Tycho.

Por Ross Gallagher 0

Cuando uno escucha un disco realmente magistral, uno de esos clásicos, que destilan personalidad propia por los cuatro costados y que además tiene canciones, melodías y sentimiento detrás como para ser recordado y archivado en ese lugar de nuestra memoria donde conservamos aquella música realmente especial que nos ha marcado, siempre acabamos expectantes por saber cuál será su próximo paso, la siguiente evolución de ese artista que nos ha hecho felices con su trabajo.

Este fue, o al menos para mí y seguro que para otros muchos aficionados a la música, el caso  del anterior disco de Tycho, Dive, un disco de electrónica-ambient con alma post-rock. Un disco del que resultaba difícil cansarse, y razonablemente complicado encontrarle un pariente cercano que restara valor a su sonido, a las texturas, a las líneas de bajo que iban moviendo las melodías de forma suave y elegante, una verdadera marea de música en la que sumergirse y dejarse llevar era el sentimiento natural.

Quizá Boards of Canada resultará ser, por las citadas texturas electrónicas, su referente más obvio, aunque sin duda Tycho resulta ser más asequible al oído poco habituado, mucho más llevadero, menos melodías rotas, como la diferencia entre un libro que va contando una historia, tiene un desenlace y fin, y otro que sencillamente es bello en sí mismo, lo que cuenta, aunque no parezca llevar a ningún lado.

El caso es que aquel disco, producto de mezclar un montón de ideas de Scott Hansen durante una época difícil de su vida, Dive viene a simbolizar su triunfo sobre esas dificultades. Sin embargo, Awake es nombrado como el “primer auténtico disco de Tycho”, alegando un mayor enfoque al directo y un método de elaboración más preciso y profesional que anteriormente.

Aunque lo cierto es que sin dificultades, no hay gloria. El disco nuevo tiene prácticamente todas las virtudes, el sonido, el bajo, el alma post-rock, sin embargo no ha sabido dar con la tecla que hace vibrar y capturar el corazón. Las melodías son bonitas, pero les falta sentimiento. Las texturas siguen siendo evocadoras, pero caen muchas veces en el tedio, en el estancamiento. La marea que fue el anterior disco se ha estancado, y todo lo que se estanca, al final, huele.

Con esto no quiero decir que sea un mal disco, ni mucho menos. Sencillamente la recreación de sonidos y atmósferas no supera al anterior, posiblemente sencillamente esté un peldaño por debajo. En un mundo como el electrónico, en el que el descubrimiento e introducción de nuevos elementos resulta esencial para captar la atención y hacer soñar, el disco de Tycho no ha evolucionado tanto como sería deseable. Muchos de los pasajes resultan reconocibles y dejan cierta sensación de déjà vu, y desgraciadamente no aparecen esos momentos de inspiración que hacían realmente especial su anterior largo.

Reitero, no es mal disco, pero creo que habiendo apostado por haber empujado un poco más el aspecto creativo hasta sacar de la zona de confort en la que Scott parece haberse asentado, hubiera hecho más bien que mal a su nueva creación.

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