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Ojalá todos los meses hubiese un SOS4.8

Por José Luis López 0

Cómo ya es tradición, el SOS 4.8 abrió este fin de semana la veda de los macrofestivales al aire libre. Frío y calor en una edición que parece de transición (o vete a saber) con los cambios políticos en la Comunidad Autónoma de la que tanto depende.

Para empezar, desde el planteamiento inicial se echaba de menos una parte del festival que tradicionalmente ha dado las mayores alegrías en lo que a calidad musical se refiere. Nos referimos al auditorio regional junto al que se celebra el festival y por el que otros años han pasado artistas de la talla de Pj Harvey, Matthew Herbert, Tindersticks o These New Puritans entre otros. Este año, nada de eso.

VIERNES

No obstante, hubo unas cuantas cosas interesantes que echarse al cuerpo, la mayoría desde el lado nacional. La locura en la que se veía inmersa la ciudad me impidió llegar hasta ver un trozo de Dry The River, que no contaron con un gran sonido. Por curiosidad, me acerqué al pequeño escenario confirmado a última hora a las 22:00 para ver a Trajano! y, gratamente, descubrí que es una banda que apunta maneras. Su sonido es nuevaolero a más no poder, pero lo interpretan de una forma muy efectiva. Esencias de Chameleons, Joy Division y hasta algún toque a Décima Víctima hacen que puedan ser una banda más que interesante si saben encontrar su propia identidad. Después, en ese mismo escenario, el dúo Siesta! se marcó otro de los conciertos de la jornada: una actuación divertida, irreverente, y desprejuiciada a base de sintes, tambores por aquí y por allá, guitarras y mucha energía. Bravo por ellos.

Después de Siesta! hice mi primera pasada por el escenario principal para ver algo de Strypes. No estuvieron mal con su toque de revival setentero (y van…) aunque su actuación tuvo demasiados momentos intrascendentes. Pueden crecer, pero en este mencionado regreso de los sonidos 60’s y 70’s hay muchas bandas que les llevan una enorme ventaja.

Él Mató a un Policía Motorizado por Equipo Helmet
Él Mató a un Policía Motorizado por Equipo Helmet

Él Mató a un Policía Motorizado, banda que gusta mucho en nuestra redacción, hicieron el concierto que se les esperaba y que ya han venido paseando por el país desde hace unos cuantos meses. Lo de siempre igual de bien que siempre.

Para esas horas, salí hacia el escenario grande a ver al cabeza de cartel de la noche: The Prodigy. No era la primera vez que los veía, pero la cosa vino a ser la de siempre. Quizá, sonaban un poco más a banda, pero las voces seguían estando igual de mal en ciertos momentos y, lo peor, el directo no aportaba nada a las canciones. Es cierto que los instrumentos les hicieron sonar algo más a banda, pero lo dicho, los temas no ganan nada con el enfoque que le dan a su directo. Casi suenan a una banda punk tocando encima del disco. Eso sí, la gente encantada porque, al fin y al cabo, cayeron casi todos los clásicos y canciones tan poderosas como Breathe o Firestarter mueven a uno sí o sí. Puestas así las cosas, me acerqué a ver a Rinoçerose un rato.

The Prodigy por Equipo Helmet
The Prodigy por Equipo Helmet

Y lo de los franceses fue otra cosa que ni bien ni mal: más de lo mismo y lo de siempre. Lo único que me recordaba que no estaba en el final de los 90 era el precio de la cerveza, que ese sí que era muy de nuestros tiempos (incluso futurista, este año se les fue la mano). Después de los franceses Za! sí que aportaron, por fin, algo de frescura y riesgo. Concierto cojonudo aunque falto de volumen, como casi todo el festival, eso es tema aparte.

Después del dúo catalán venían Is Tropical, lo que hizo que el escenario Jaggermaister se llenase bastante más de lo que estaba con Za! y lo suyo fue un desastre, pero no por su culpa: los fallos y problemas técnicos se sucedieron uno tras otro, retrasando el inicio y haciendo que el vocalista se volviese loco. Lo peor de todo, estar cantando con un micro que tiene la membrana rota y que nadie se dé cuenta, hasta que él lo acabe tirando y cogiendo otro… y los técnicos sin darse aún cuenta, ya que, mientras el cantante intentaba apañárselas para tener el micro en una mano y tocar el sinte con la otra, el pipa seguía empeñado en ponerle en el pie el que estaba roto, sin haberse dado cuenta aún de que estaba para tirarlo a la basura. La mirada de desesperación del artista no tenía nombre. Puestos así, poco se puede decir de la banda, no pudieron demostrar nada, ni para bien ni para mal.

Al final de este desastre, me pasé un poco por los Bloody Beetrots que siguen en su onda, aunque en ciertos momentos se van dejando querer más que nunca por los sonidos de la dichosa EDM. Quizás el vértigo de avanzar 20 años de golpe fue demasiado para mí, pero con un poco me pareció suficiente y decidí marcharme a casa, que al día siguiente había más (y mejor).

SÁBADO

A mediodía me acerqué a la céntrica plaza de Santo Domingo para ver qué se cocía por allí. Como ya ha pasado otros años, lo que se cocía era la cabeza de algún músico. León Benavente hicieron un concierto acústico al sol  y a las 14:00h, lo que en mayo en Murcia es poco menos que un castigo. El concierto muy bien, por otro lado, dejándome con ganas de más.

Ya por la tarde, llegué al recinto con el final de Neuman (lástima porque sé lo bien que se las gastan) pero pude disfrutar de uno de los conciertos del festival: Triángulo de Amor Bizarro demostraron por enésima vez por qué sacan unas cuantas cabezas a todo aquel que intenta ser la banda del momento. El repertorio fue el que vienen tocando en su gira de salas pero con un poquito más de prisa, que los horarios apremiaban. Al terminar, pude disfrutar de una banda que está en las antípodas de los gallegos pero que lo hace igual de bien. Pony Bravo son un grupazo: Divertidísimos, instrumentación y ejecución enormes y un gusto tan bueno como su humor. Enormes desde que abrieron con Noche de Setas y hasta el final del concierto.

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Damon Albarn por Equipo Helmet

Así puestos, llegaba uno de los platos fuertes de la noche: Damon Albarn. Para muchos fue un gran concierto, y es cierto que las canciones de su nuevo álbum no están mal, pero a mí honestamente me pareció aburrido, en todo se quedaba a medias. Un poco de dub que no llega a dub, medios tiempos que no llegan a medios tiempos, y así un largo etcétera. Así las cosas, no me quedé hasta el, según cuentan, apoteósico final con Tender (visto lo visto, permítanme que lo dude) y me acerqué a disfrutar del efectivo directo de León Benavente, esta vez en eléctrico. El final con Ser Brigada es para verlo.

Con el último guitarrazo, Phoenix empezaban su discurso. No soy seguidor de la banda y no he escuchado su discografía más allá de algún tema puntual. El escenario era bastante espectacular, y en general la puesta en escena tenía mucho (mucho) gusto. ¿La música? Prescindible en su mayoría pero salpicada de momentos muy rescatables y acertados. Tienen el problema de moda: Te dan ganas de esconderles el charles en los contratiempos para ver si se les ocurre utilizarlo de otra forma. Terminó su actuación y ya decidí no moverme del escenario grande.

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Phoenix por Equipo Helmet

Llegaba la hora de degustar el que, sin lugar a dudas, era el plato fuerte de la noche. Pet Shop Boys hacían acto de presencia con su espectáculo Electric por el escenario principal. Las tablas de esta banda son, como se puede presuponer, algo al alcance de muy pocos. Además, el concierto estuvo aderezado con una puesta en escena espectacular. Cayeron muchos temas de su último álbum aderezados de clásicos (momento álgido con West End Girls incluido), y hasta hubo tiempo para un bis en el que cayó la largamente solicitada Go West (por mí se la podían haber ahorrado). La banda más grande del cartel ofreció el concierto más grande de esta edición. El problema el de siempre: Faltó volumen por todos lados, y los graves saturaban un pelo.

Ya después de los británicos, me dediqué a deambular de aquí para allá (por fallos logísticos me perdí con todo mi pesar casi todo el concierto de Gold Panda) y terminé con el cierre del escenario grande del ya clásico en estas tesituras que es Erol Alkan.

Como resumen, una edición que demuestra que, pese a las adversidades, SOS 4.8. es una apuesta segura y que cuenta con el apoyo del público (más de 35.000 en esta ocasión). Volví a casa en taxi y, pese a las críticas que recibe el festival, el testimonio del conductor fue revelador: Ojalá hubiese uno de estos todos los meses.

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