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El fin de la justicia

Por José Luis López 0

Por mucho que ya lo esperes, por mucho que te prepares y te hagas a la idea, esto te desnuda. Y te ves como un niño, sólo ante el peligro. Y tienes que ser amable, no te queda otra. Delante tienes un mastodonte que podría acabar contigo si así lo quiere. Y tal vez tú también lo quieras, puede que te dejes apresar y que, incluso, estés a gusto con ello.

La espiral que Swans iniciaron hace unos años, desde su regreso, no para de hacerse cada vez más grande, más monstruosa. Si esto sigue así (no me cabe la menor duda), pronto será totalmente inabarcable, hasta invisible al ojo humano. Tristemente, por este camino corren el riesgo de que algunos ignorantes pierdan la perspectiva, y no se den cuenta de que se está escribiendo un pedazo de historia. Deberíamos estar enormemente agradecidos, y ser amables. Ser amables para dejarnos devorar y así formar un todo. Es la única manera.

Y lo más curioso, es que este disco es mucho más accesible que The Seer, aunque parezca lo contrario. Si en su citado predecesor entraron en las entrañas del infierno, de la bestia, en este es como si saliesen de ahí dentro cantando y riendo.

Y sería injusto acercarme en estas palabras de forma individual a los temas, ya que forman un todo apabullante y absolutamente conexo e indivisible. Sería injusto decir que “Screen Shot” es sólo el comienzo de una montaña, que “Just a Little Boy (For Chester Burnett)” es sólo como reirse del diablo en su puta cara mientras brindas por un viejo amigo. Decir que el pequeño universo y el pequeño dios de “A Little God in My Hands” son así de pequeños porque más grande es la voz que les canta. Sí, todo esto sería injusto, y no habríamos hecho más que comenzar.

Tampoco estaría bien decir que “Bring The Sun/ Toussaint L’Ouverture” es un dios camuflado más grande que el anterior, cuyas pisadas aplastarían la más grande de las montañas, que anuncian su paso y parece que el sol lo cargan a sus espaldas. Decir que “Some Things We Do” es un simple respiro antes de que “She Loves Us” acabe con lo que eras para siempre. Y aún así, aquí deberíamos hacer un alto en camino para observar su magnífica figura, y sentirnos enormemente felices y amables porque ella nos ame. Ella, en toda su dimensión, es una de las mejores cosas que han pasado en años para cualquier melómano, humilde humano, que se haya dejado atraer por sus cantos de sirena. Y debemos ser amables aunque ella no lo sea.

Y después de ella sería injusto no mirar atrás porque “Kirsten Supine” nos acaricie y nos mire directamente a los ojos, y al alma que hay tras ellos. Y también guardarnos oxígeno a pesar de necesitarlo. Y aún estar “Nathalie Neal” para elevarnos en el aire y, al final, dejarnos caer con “To Be Kind”…. y sí, ser amables aunque no queramos, porque aunque duela, a estas alturas, habrían hecho por nosotros algo que nadie antes había hecho. Así de fácil y así de injusto.

Y aunque estas palabras no hagan justicia, sería injusto no decirlas, porque dentro de un tiempo serán otras las que estén en su lugar y sigan sin hacer honra a aquello que desvelan.

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