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Concierto de Polock en El Veintiuno (bis)

Por Juanjo Rueda 0

¿Fuegos artificiales indies en referencia a “Fireworks” que fue el tema con el que acabaron el concierto? No no, bastante cursi ¿Phoenix a la española? Buff, casi peor, muy simple. Ay, lector (¿hay alguien ahí?), no sabes lo difícil que es encontrar títulos que resuman o condensen el espíritu de lo que fue una actuación musical en directo. Vale, difícil, lo que se dice difícil, no es, pero sí un poco complicado no caer en lugares comunes o juegos de palabras que no produzcan algo de vergüenza (¡hola, prensa deportiva!). No sabéis lo jodido complicado que es no abusar de palabrería hueca que es un comodín para contar que realmente no has contado nada.

A ver, este último sábado de mayo 2014 nos reunimos algunos de los conspiradores de la modernidad oscense en la sala El Veintiuno (alguno pensará que si no estábamos en el Primavera Sound no podíamos ser modernos; error, nada es más moderno que pasar del Primavera aunque esto último no me lo crea ni yo). Pues eso, aparecimos algunos de los rostros habituales en El Veintiuno, ese pequeño sindicato de eso tan impreciso llamado indie al cual solemos ir a celebrar nuestra singularidad (que resulta que es muy parecida la de uno con la de otro) y, en este caso concreto, ver la actuación del grupo Polock. Estos mismos muchachos estuvieron ya hace unos dos años y medio en este mismo lugar en la que fue, por cierto, mi primera crónica para El Enano (que no mi primera crónica, a secas). Al igual que aquella, el que parece el principal referente de este quinteto no ha cambiado, la sombra (también podría haber usado la huella, que es otro “hit semántico” en crónicas musicales), repito, la sombra de Phoenix sigue bien presente -y más con el aumento de la presencia del sintetizador- en ese pop-rock que tiene toques bailables de funk y disco pero -ahora es cuando entran en juego las palabras comodín o las palabras que se dedican a narrar y describir las cosas de forma amplia y vaga- su propuesta suena ahora mucho más compacta (cómo me gusta usar esta última palabra, suena tan… compacta), han sabido asentar (asentar, un verbo habitual en este tipo de crónica) su sonido para que suene sin fisuras (fisuras, otra que tal) lejos de cierta bisoñez (no puede faltar alguna palabra así como más culta para dárselas todavía de más entendido, ¿eh?). Espera espera, que se me está olvidando hacer el típico comentario sobre que venían a presentar nuevo disco, el segundo, un “Rising Up” donde podría decir que tiene lugar esa compactación de sonido y crecimiento musical respecto al anterior pero voy a ser sincero, no he tenido la oportunidad de escucharlo. Eso sí, los temas que sonaron en el concierto, tanto del segundo como del primer disco, resultaron bastante divertidos y disfrutables, al menos gran parte de la sala estuvo brincando con muchos ellos.

Sintetizando (si es que has llegado a leer hasta aquí), no inventan la pólvora aunque sus fuegos artificiales musicales fueron muy coloridos (comparación facilona, horrible, lo sé, pero ahora ya es tarde y para lo que queda, termina de leer). Además, hoy no me veo con la voluntad de discutir la originalidad de según que propuestas musicales porque, a veces, la búsqueda de originalidad o de buscar patrones distintos a los que solemos manejar también produce monstruos, como esta crónica.

Foto de portada: El Veintiuno

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