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The Horrors: más sombras que luces

Por Juanjo Rueda 0

5.5

Nota
5.5
55%

Yo creo que nadie esperaba que en 2014 se pudiera hablar con tanto interés y cierta expectación del cuarto disco de The Horrors. Cuando asomaron el hocico allá por 2006 y editaron, un año después, su primer disco -“Strange House“- con un sonido rondando el garage-punk y una imagen oscura y afín a lo gótico que parecía mucho más cercana a My Chemical Romance que a The Cramps, nadie esperaba demasiado de lo que parecía un capricho de temporada -un hype– que recibía más atención por lo que rodeaba a su música, como lo ocurrido en ese lejano concierto en la sala madrileña Moby Dick, y que tenía visos de diluirse en discos venideros. Pero llegó la bofetada del segundo disco, “Primary Colours” (2008) fue un sorpresón en toda regla y el aviso de que igual nos equivocábamos, exponiendo unos temas bañados en el post-punk (el espíritu de Ian Curtis recorre el timbre de voz de Faris en más de un tema), el shoegaze y algunas gotitas de kraut. Unos temas que, mediante ese lifting, crecían dando aciertos casi indiscutibles como “Three Decades”, “Who Can Say”, “Do You Remember” o la enorme “Sea Within a Sea” y configuran, hasta ahora, el mejor disco de la banda. Pero no todos los elogios eran para el quinteto, este segundo disco contaba con la producción de Geoff Barrow (Portishead) que muchos señalaban como el gran catalizador de semejante acierto (sobre todo en temas como “Sea Within a Sea” con ese final casi calcado al de “The Rip” de los de Bristol).

Quizá por ese restarles méritos, quizá por un poco de orgullo y autoconfirmación, eligieron producir ellos mismos su siguiente paso. También porque puede que estuvieran más seguros de por dónde querían ir. “Skying” (2011), fue otro casi acierto total, donde los teclados hacían acto de presencia para dar una cualidad expansiva y épica a unos temas que parecían demandarlo (“Still Life”, “You Said” o “Moving Further Away”, entre otros). Aquí los ejemplos en que fijarse pasaban a ser bandas de la década de las hombreras que, en sus mejores versiones, supieron surfear la ola de la épica sin ser tragados por ella, como Echo and the Bunnymen, The Psychedelyc Furs o Simple Minds. Otro disco que contenía un buen puñado de temas difíciles de discutir aunque el conjunto, a mí gusto, se mostrara un poquito más irregular que “Primary Colours”. No quería dejar de mencionar que ese mismo año, Faris Badwan editaba junto a Rachel Zeffira -en un proyecto llamado Cat’s Eyes– un disco (de nombre homónimo al proyecto) incluso mejor que el editado por la banda madre. Un disco donde la pareja -artística- jugaba con los sonidos del pop de los sesenta y cierta oscuridad entre elegante y decadente a la que Nick Cave hubiera dado su aprobado (de hecho, acabarían haciendo una interesante versión de “When My Baby Comes” de Grinderman no incluida en ese disco).

Tras dos discos de crecimiento (además de un más que notable proyecto alternativo de Badwan), donde más o menos fueron acertando en las decisiones tomadas, llegamos a este “Luminous” donde la banda ha conseguido edificar, previamente, un cierto estrellato y respeto bien ganado. Este nuevo disco vuelve a ser autoproducido y parece reincidir, ahondar, en las señas del anterior. Aquí los teclados y sintetizadores toman de nuevo y en mayor medida si cabe el protagonismo, algo que, como ya se vio en el anterior disco, no tiene porque ser negativo, mientras las guitarras parecen quedar en un plano algo secundario aunque siempre hay momentos para que salgan a relucir (“Jelaous Sun” o “Falling Star”) aunque sin el nervio de antaño. Pero aunque una muy notable “Chasing Shadows” parece ser la puerta de entrada a un disco que se promete continuista pero grande en sus temas (lo cual volvería a ser un acierto en una banda que no tiene porqué estar reinventándose disco a disco), la decepción después, conforme avanzan temas, es palpable, cumpliéndose los primeros augurios del flojo single de adelanto (“So Now You Know”). Escuchado en su totalidad el disco se hace algo pesado, lineal e indigesto; los temas, escuchados uno a uno, no dejan de parecer en muchos casos descartes de su anterior disco que, como vacas famélicas, han sido cebados con el clembuterol de una mayor producción musical para intentar esconder sus carencias. Sí, hay tres o cuatro chispazos de interés, además de la nombrada que abre el disco, temas como, por ejemplo, en “In and Out of Sight” (que con su toque bailable plantea interesantes puntos de fuga para la banda), la más pop “Fist Day of Spring”, “Sleepwalk” (a pesar de ser un descarado intento de repetir otro “Still Life”) o, sobre todo, “See You” (otro nuevo empeño en dotar al disco de un “Sea Within a Sea”, como ya pasó con “Movin Futher Away” en “Skying”) aunque esta última también contiene o resume algunos de los vicios y virtudes de la banda en este disco: con una intro de sintetizadores creciente (tic el cual se usa y abusa en este disco) pasa posteriormente a un riff que parece sableado a Will Sergeant terminando en una coda de sintetizadores supuestamente experimental que siendo disfrutable uno no puede dejar de pensar que parece más un ardid facilón y algo vacuo que un desarrollo musical con verdadero sentido de explorar los márgenes del sonido de su anterior disco. De hecho, este disco parece proponer ser una indagación del sonido que concretaron en “Skying” en patrones más experimentales, profundos, pero, como digo, tras tanto teclado, arreglo de sintetizador y desarrollo instrumental la sensación con la que se queda uno es la de acomodamiento (que nada tiene de malo si el disco presentara algo más que cuatro, cinco como mucho, temas realmente reseñables de un total de diez), de marcha hacía ninguna parte donde los crescendos épicos no tienen en muchos casos los resultados de catarsis liberadora que sí ocurría en “Skying”. Estamos ante un disco donde la producción intenta despistar, aunque lo acabe subrayando, el páramo desértico que son unos cuantos temas y en el que los pocos aciertos, no llegan a brillar con tanta altura como anteriores referencias. Estamos ante un traspiés de The Horrors, un disco que, por mucho que diga su título, contiene tantas sombras como luces. Un traspiés que tiene, para el futuro, el beneficio de la duda porque se la han ganado en anteriores entregas discográficas, además ¿quién iba a imaginar en 2007 que nos iba a sorprender y fastidiar negativamente un tropiezo de esta banda?

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