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BBK Live 2014: eso que pasa entre cola y cola

Por Redacción EER 0

Por Ana Berdiel

Esto comenzó en el frío mes de enero, cuando las vacaciones de Navidad han llegado a su fin y te das cuenta de que hasta el próximo periodo festivo queda un porrón de días. Piensas en las vacaciones estivales y para los que somos amantes de la música, irse de festival es una buena opción. Dicho y hecho. Después de ojear algunos de los nombres confirmados, el Bilbao BBK Live 2014 no pintaba mal, así que decidí volver al monte Kobetas (estuve en la edición de 2012) con la esperanza de completarse un robusto cartel.
Todo iba fetén hasta que las nuevas y algo rancias confirmaciones salieron a la luz y, claro, los comentarios en el grupo de WhatsApp empezaron a surgir: “Vaya mierd… de grupos”, “Esto va de Guatemala a Guatepeor”, “Tendríamos que haber elegido el FIB que es el 20 aniversario”…

Total, llegó el miércoles 9 de julio y me fui acompañada por algunas amigas para Bilbao con una tienda de campaña de cuándo se llevaban los chándals de táctel. De primeras, la zona de acampada era bastante mejor que en la edición de 2012, donde todavía recuerdo las casi 2 horas de cola que teníamos que hacer para una triste ducha de agua fría. En esta ocasión más zona para acampar, una carpa-supermercado, baños, duchas y dos barras con la música a tope que saciaban las ansias musicales de los campistas.

Cuando, por fin, llegamos al barro, o sea los conciertos, aquí sí que las colas nos esperaban en la 9ª edición del Bilbao BBK Live, comenzando el jueves con dos grupos que ansiábamos ver: Parquet Courts y White Lies. Y, efectivamente, todo se quedó en ansia porque las interminables colas, especialmente para los que subíamos desde Bilbao de pasar el día, nos dejaron sin ver estos 2 conciertos. No empezaba bien esto.

El escenario principal… regulero. El sonido… también, en alguna ocasión, como en Crystal Fighters, al cantante se le escuchaba lejano o en The Black Keys desde mi posición escuchaba “ráfagas” de distinta intensidad las cuales, acompañadas por el poco dinamismo y frialdad del amigo Patrick, hicieron que el concierto no fuera lo que esperaba, la verdad. Otros que tal, Franz Ferdinand. Temazos increíbles se sabe que tienen pero mostraron poco entusiasmo y unas canciones ralentizadas. Que no son lo que eran no es ninguna novedad.

Pero no todo fueron malas críticas. En The Prodigy, pese a no gustarme un carajo, lo pasamos fetén, reconociendo canciones de videojuegos y películas de coches tunning. También vimos a ZA!, dos chavales muy locos que hacían un ruido peculiar con un montón de pedales y aparaticos, y de los que nos acordamos de ellos todo el festival, bien sea por su música o bien por el destartalado baile que se gastaba uno de ellos. Otros que fueron la bomba son Belako, estos críos prenden fuego el escenario. Con MGMT nos pasó que teníamos muy bajas expectativas generadas por comentarios u opiniones de otros conciertos (que si son unos sosos, que si sus conciertos son aburridos…) pero oye, me convencieron y me gustó mucho la atmósfera psicodélica que consiguieron. Eso sí, para toda esa gente que iba a escuchar “Time to Pretend” y “Kids” seguramente terminó siendo un peñazo.

Dentro de la idiosincrasia de estos conciertos festivaleros, está el tema de los pogos. En Palma Violets nos libramos pero en las dos canciones que llegamos a ver de El Columpio Asesino, no. Es posible que ese momento de caos y diversión haya sido de los mejores que he vivido.

¿Qué más?… ¡Ah!, los conciertos de por la mañana en Bilbao bastante bien, sobre todo Novedades Carminha, que no digo que fue de los más divertidos del BBK porque he pagado 100 euros de entrada… ¿estamos? Bien. Luego está el tema de los DJs, la electrónica no es santo de mi devoción pero con un par de tragos suelo aguantar sin rechistar pero no esta vez. Primero porque tomarse “un par de tragos” dentro del recinto te puede costar un riñón y, segundo, porque la música era como estar en bucle. Quizás los siguientes DJs fuesen mejores, pero, en nuestro caso, no nos arriesgamos.

De la limpieza de los baños o del precio de las bebidas y de los bocadillos (a 5 euros con 2 finas lonchas de beicon) no voy a hacer comentarios. De lo que sí quiero hablar es de la organización con el transporte. Entiendo que las colas se tienen que formar cuando hay cientos y miles de personas pero la poca fluidez con la que se avanzaba es reflejo, a mi parecer, de una mala organización. Que sí, que es complicado subir hasta Kobetas y todo lo que queráis, pero faltaban más autobuses.

Por cierto, algunos os preguntaréis, ¿había mucho postureo? Pues no demasiado, la verdad. También es cierto que el mal tiempo hizo que la gente dejara los modelitos más molones en su casa y se enfundara en ropa cómoda y chubasquero, pero siempre hay excepciones claro.

En fin, esto NO ES una crónica del Bilbao BBK Live (para eso ver las crónicas del BBK publicadas hace unos días), es un relato de algunas de las experiencias de estos 4 días por Kobetamendi con el cual, algunos o muchos, os identificaréis. En mi caso, es muy posible que este haya sido mi último año por el BBK (¡Agur!), aunque nunca digas nunca jamás.

Por cierto, ¿terminarían encontrando al tal Antonio entre las innumerables colas?

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