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Aspe suena muy bien

Por Redacción EER 0

La jornada del viernes del Aspesuena la abrimos con el grupo internacional del festival aspense, The Posies (en la foto). Los de Seattle inundaron de actitud el escenario ante los cientos de asistentes que acudieron a la barraca municipal, una mezcla de indies y aspenses que disfrutaban de sus fiestas. The Posies que continúan en un buen estado de forma, no pararon de motivar al público -“Come on Aspe!”, “Aspe, Aspe, Aspe!”- e intentando conectar. El concierto fue un recorrido de sus mejores temas entre el sonido grunge algunas veces y más pop y fresco en otros temas. El bolo, que duró más de una hora, se nos hizo corto. Y dió paso, previo entrelace de DJs, a Joe Crepusculo, que se presentó él sólito para desplegar los temas de su nuevo disco Baile de Magos. Electrodance que hizo mover al personal entre voz y teclados con samples. Y para cerrar el viernes, Cristian Set-Roc, nos ofreció un set enérgico y bailable como nos tiene acostumbrados. Vitamina pura lo de este ilicitano.

Idéntico inicio en la jornada del sábado: los autóctonos curioseaban en las primeras filas a cinco minutos de comenzar la actuación de Jero Romero y pronto se vieron invadidos por la masa independiente que, al borde de la impuntualidad, se fue esparciendo por la explanada del Aspesuena mientras sonaban los primeros acordes de “Narciso”. Las demás canciones del flamante nuevo disco del ex-Sunday Driver marcaron el hilo del concierto en detrimento de Cabeza De León, un álbum en el que Jero explaya su talento melódico mucho más que en La Grieta, donde la aspereza y la imprevisibilidad estructural reinan en cada una de las canciones. La pérdida del brillo pop en el segundo disco no es ninguna deficiencia en su traslación al directo, sino que esa imprevisibilidad y esa irregularidad melódica se tornan en tantos a favor, manteniendo al público expectante a cada compás, a cada verso y a cada cambio rítmico. Y ahí la música de Jero Romero no se explica sin los cuatro músicos que lo rodean, pues por mucho que el toledano firme con nombre y apellido, lo suyo queda lejos del tradicional formato cantautor. Él lo sabe bien (se presentó diciendo “buenas noches, somos Los Jero Romero”) y a la vista está la simbiosis que Amable, Charlie, Alfonso y Nacho tienen con Jero y Jero con ellos, pues lo viven, lo sienten, se miran, sonríen, canturrean las letras… y transmiten toda esa energía hacia el otro lado del foso. Se veía venir que “Cabeza de león” y “Haciendo eses” iban a ser las más coreadas por la audiencia, pero las nuevas canciones en su conjunto modelaron un bacanal sonoro que encandiló a todo cuerpo presente.

Triángulo De Amor Bizarro, por María Carbonell.
Triángulo De Amor Bizarro, por María Carbonell.

Aunque ya hayamos escrito mucho de Triángulo De Amor Bizarro, aquí habría que repetir todos los adjetivos que definen sus directos: atronadores, contundentes, desgarradores, salvajes… Furia desatada en forma de rock’n’roll distorsionado, controlando el ruido con pericia y no bajando la guardia entre tema y tema. El sello sonoro de los gallegos está estampado en cada uno de sus tres discos, por lo que una ensalada entre sus muchas y ricas frutas era el plato adecuado para un menú delicioso. Y así nos lo brindaron: “La malicia de las especies protegidas”, “El himno de la bala” y “Enemigos del espíritu” (una representante por disco) dibujaron la táctica. De esta forma prosiguieron sus embestidas, endulzadas en los momentos más pop (“Estrellas Místicas”, “De La Monarquía A La Criptocracia”), y solo interrumpidas para agradecer la entrega del público, así como felicitar al pueblo de Aspe por contar con un evento como este entre sus fiestas patronales.

Los triunfadores para el público fueron Delafé y Las Flores Azules, que gozaron de la mejor entrada de la noche y de una respuesta no menos buena. La estrategia sobre las tablas ya es conocida: Helena estática en el centro del proscenio y Óscar inquieto, recorriendo a velocidades de vértigo las dos esquinas del escenario. Aunque diminutas, las dosis de egolatría hiphopera salpican las canciones de los catalanes, caracterizadas por su alto contenido de azúcar. Porque por mucho que les duela a los puristas del género, Delafé tiene su flow y lo que hace se llama rap, amansado y moldeado al pop, pero rap al fin y al cabo (que lo llamen hip-pop, si tanto les molesta la intromisión), si bien cambiando la chulería de barrio por el costumbrismo y la crispación social por el aprecio hacia las pequeñas cosas. Toda una terapia de positivismo para unos tiempos tan jodidos como estos.

Perro, por María Carbonell
Perro, por María Carbonell

Perro son por derecho una de nuestras bandas fetiche. Sin pretender tirar de “postureo gafapasta”, he de decir que los sigo desde antes de la irrupción de Tiene Bacalao, Tiene Melodía y no sabéis cuánto me alegro de que se hayan convertido en carne de festivales. Dos mil catorce está siendo su año y, lejos de caer en la apatía resultante de estar tocando finde sí y finde también, el cuarteto sigue trabajando sus actuaciones con esmero. Su secreto es no haberse inspirado en el indie-rock de los noventa, sino haberse adueñado de él. Han tomado los guitarrazos de la época gloriosa de lo alternativo para equilibrarlo hábilmente con el kraut y el math-rock. La precisión rítmica de la doble batería junto a las juguetonas melodías de sintetizador conforman sus bazas, a lo que suman unas letras descacharrantes propias de un universo semántico ultrapersonal, en el que entran unos tales El Porras, Paco Fiestas y uno de los componentes de El Estudiante Larry, sin olvidar la pléyade de  futbolistas retirados que celebran su fiesta en la pedanía murciana de Los Ramos (“Marlotina”).

Rozando las 5 de la madrugada, los DJs de Corrientes Circulares (que junto a AV Loop habían estado amenizando los descansos entre grupo y grupo) pusieron la guinda al Aspesuena, cuyo recinto echaría el candado para albergar los siguientes días actuaciones tan dispares como Auryn y un tributo a El Barrio. Así pues, este intrusismo indie en el establishment ferial de nuestra España profunda no solo debe celebrarse, sino empezar a asimilarse como natural, pues a estas alturas ya toca un salto cualitativo en el gusto musical imperante de nuestro país.

Texto:
A. Brotons
Jose A. Rueda

Fotos:
María Carbonell

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