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Utopía: Síndrome de Stendhal

Por Eugenio Fernández 0

Utopia serie

Asistimos impávidos, en esta época que nos ha tocado vivir, a un incesante borboteo de series que arriban por doquier a los ordenadores de este mundo y parte del otro. Entre toda esa jauría de productos, más o menos novedosos, hay una especie que hace no mucho parecía correr peligro de extinción. Es el caso de las series británicas, tan desapercibidas en ocasiones (por su escaso aparato promocional) que rara vez llegan al gran público, pero tan provistas de calidad que resulta imposible obviarlas cuando pasan ante tus ojos. Entre todas ellas, ‘Utopía’, la ficción del Channel 4, sobresale apoyada en sus extravagancias y atrevimiento. Parece claro, pues, que su segunda temporada dará que hablar.

La historia:
Si en la primera temporada ya era complicado contarle a un amigo de qué trataba esa serie que te había roto los esquemas, en la segunda el entramado se hace aún más inescrutable por momentos. Lo que empezó siendo la historia de cuatro apasionados del cómic que pretendían encontrar un manuscrito cuyo interior albergaba un terrible secreto para la humanidad, en la entrega estrenada en 2014 se convierte en una lucha encarnizada por evitar la liberación del virus que pondría fin a la naturaleza humana tal como la conocemos. El clásico dualismo héroe-villano se acrecienta a medida que la organización conocida como “La Red” despliega sus alas para hacer alarde de un devastador poder de influencia a todos los niveles sociales, políticos y económicos de Gran Bretaña. En esta tesitura no faltarán tránsfugas que, bien por agotamiento, bien por venganza, cambian de bando para convertir en imprevisible toda actitud ante el conflicto.

Personajes:
Aunque la empatía se revela habitualmente como uno de los puntos fuertes que consiguen atarnos emocionalmente a los protagonistas, aquí apenas subyace ese sentimiento por ellos y sí, en cambio, por ciertos antagonistas armados con una sociopatía de espeluznante atracción. Es este el caso de Arby (o Pietre, según caiga la moneda de los guionistas), un ser que repugna profundamente en los comienzos pero al que, de manera involuntaria, somos incapaces de resistirnos conforme avanzamos junto a él. Esa mirada perdida, acompañada de unos andares ortopédicos y rematada con un habla robótica elevan al personaje interpretado por Neil Maskell al pedestal de icono de la cultura seriéfila. Por otro lado, en ocasiones llega a exasperar lo mojigato de algunos caracteres, como Ian, Becky o Michael Dougdale, situación que contrasta con la determinación de otros como esa Lara Croft 2.0 que es Jessica Hyde, capaz de desatar la tercera guerra mundial con una gomilla del pelo. En esta segunda tanda de episodios, además de los ya mencionados, habrá tiempo para contemplar la transformación de Wilson, la deriva existencial sufrida por el jovencísimo Grant o la verdadera cara de Mr Rabbit. Atractivos, pues, no faltan.

personaje Utopia

Banda sonora:
Tan ecléctica como acertada, la música compuesta por el innovador Cristóbal Tapia de Veer late insistentemente bajo la superficie hasta que de pronto posas tus oídos en ella, y es entonces cuando te atrapa en su maquiavélico plan. Sus melodías son extrañas, poco entonables (en especial la que acompaña a la cabecera), pero capaces de remover sensaciones desconocidas y, de camino, erigirse en el cómplice perfecto al paso que marcan las estremecedoras imágenes. Cabe resaltar la pista musical del 2×01, donde se introducen piezas nuevas que alcanzan el súmmum de la simbiosis audiovisual. La música es, sin duda, uno de los mayores baluartes diferenciadores de la serie.

La joya de la corona:
Al finalizar la primera entrega, la mayoría de los seguidores quedaron extrañados al ver que Channel 4 había decidido dar continuidad a uno de sus activos más singulares, ya que la historia estaba envuelta por un clima propicio para haberla concluido el mismo año de su debut.
Bajo esta confusión, y con un panorama ciertamente escéptico, la decepción por el sospechoso punto y seguido dio paso al ansia por lo venidero. Y, como todo fanatismo se mueve sobre un arma de doble filo, el descalabro podía ser mayúsculo si la segunda temporada no satisfacía las expectativas de la audiencia.
Así, el 14 de julio de 2014, todas las inquietudes quedaron aplastadas por una demostración prodigiosa en forma de capítulo televisivo. El 2×01 (huérfano de título como todos sus hermanos, quizás en un intento por simbolizar la pérdida de identidad que asola a los protagonistas) se destapa como el mayor logro hasta la fecha de la serie anglosajona, ya que para su cocción no se escatimó en un solo ingrediente.
Empezando por la reinvención de las tonalidades cromáticas, aún más desconcertantes, desde el primer segundo aparece el presentimiento de estar ante algo diferente, algo nuevo. Y es mediante el retorno a lo viejo, al pasado de sus personajes, como se llega a esa novedad. Nos situamos varias décadas atrás en el tiempo para indagar en los orígenes de la organización que engendra el virus ‘Janus’, y la regresión está resuelta con tal maestría que deja bien a las claras los motivos que llevaron a cada uno de los protagonistas hasta su presente inestabilidad emocional. Si a todo ello le sumamos una labor de casting digna de coleccionar galardones hasta el fin de los días (escalofriante el parecido de los actores con su ‘yo’ futuro) y un recurso tan atractivo como la estética Super 8, nos queda una pieza de coleccionista que marca un punto de inflexión en la ficción del viejo continente.

Ritmo:
A pesar de que Utopía halla a menudo la manera de encontrar el equilibrio narrativo y estético con el que todo cineasta soñaría, podemos apreciar ciertos defectos puntuales en su pulso, donde los diálogos se muestran demasiado encorsetados y las escenas se suceden con atropello. Debido a esto, el conjunto de la trama puede dar la sensación de avanzar a trompicones injustificados pero, incluso así, el equipo técnico consigue maquillar estos fallos con el arrollador impacto de sus virtudes.

Fotografía y color:
Es en sus planos-recurso donde el espectador puede recrearse de una forma más sincera, pues bajo la majestuosidad de su sencillez radica esa pureza que deslumbra hasta la retina más exigente.
Desde una tranquila arteria urbana hasta un prado minado de flores, pasando por ese amarillo tan característico que da vida a innumerables decorados, Utopía hace alarde de un poderío cromático sin precedentes en la televisión europea. Por otro lado, la distorsión de la profundidad a través del objetivo dota a la obra de una capacidad hipnótica que a menudo juega con la conciencia del individuo. La tan manida excusa de apelar a la fotografía de un producto como punto fuerte del mismo, aquí se vuelve una obligación ineludible. Una omisión intencionada de este triunfo por parte de cualquier crítico resultaría imperdonable por sus propios sentidos físiológicos.
Tanto es así que, cuando concluye el último episodio, los sedimentos de ese colorido que irrumpe en la primera escena del piloto aún residen y se agitan en el fondo de la memoria.

Utopia-Bridge

Violencia:
La violencia es genial, sabes que estás viendo una película porque hay violencia y ésta afecta al público de una forma tremenda. Es necesario que se muestre la sangre en la gran pantalla porque cuando pegan un tiro en el estómago a un tipo, sangra como un cerdo y es eso lo que quiero ver, no una pequeña mancha roja en mitad de la tripa“.
En estos términos se expresaba hace años el ínclito Quentin Tarantino, uno de los mayores generadores de opinión cinematográfica que han dado los últimos tiempos, al ser preguntado por la extrema agresividad de sus películas. Pues bien, parece ser que los creadores de Utopía tomaron esta declaración como un axioma incuestionable para su propia obra.
Si ya en su primera temporada la serie inglesa se revelaba como una verdadera tesis de sanguinaria elocuencia, en la segunda el espectador absorbe involuntariamente las perversiones propuestas desde cada rincón escénico. El filtro moral queda pulverizado. A veces, incluso, florece una sensación de ensimismamiento frente a ese documental de supervivencia donde ansiamos impacientes el trágico final de la gacela.
Llegados a este punto, poco o nada se turba la mente al presenciar cada degollamiento, disparo a quemarropa o tortura medieval. Y es precisamente eso, la inmunidad con la que el espectador permanece impasible ante la gélida barbarie, lo que más aterroriza de Utopía.

Humor:
Uno de los detalles que más llama la atención es cómo, incluso dentro de un lienzo tan saturado, los autores de la serie encuentran hueco para plasmar unas excéntricas pinceladas de humor negro que provocan esa risa floja tan propia de un momento tenso.
Sirva como ejemplo la escena de persecución en la que dos hombres, esposados el uno al otro, huyen despavoridos de una muerte segura cuando uno de ellos sufre un infarto. El instante, lejos de provocar la asfixia que se le podría suponer, resulta irrisorio. No menos cómico se torna el plano donde un traductor de rumano reacciona con indignación ante la tesitura tan absurda en la que de pronto se encuentra.
A pesar de esto, huelga decir que todos aquellos ‘gags’ encargados de aliviar la carga dramática quedan eclipsados por ese épico guiño autorreferencial que, después de varios capítulos y una gran elipsis en la trama, retorna de los labios del genial Arby. Y es que, quien haya visto la serie, conocerá la imposibilidad de evitar el magnético “Where is Jessica Hyde?” en cualquier conversación que verse sobre la misma.
Así pues, de cuando en cuando los guionistas parecen mostrar algo de piedad y pulsan el botón de pausa para dar un respiro al espectador.

Utopia 1x06  - Episodio 6 - 01

Las referencias culturales:
A lo largo de la historia del cine, han sido innumerables las ocasiones en que se ha adaptado un cómic a la gran pantalla. A veces, incluso, la sobrecarga de superhéroes en cartelera deriva en contrariedad para quien no siente especial pasión por ese género.
En cambio, en el ámbito televisivo, este espectro queda reducido considerablemente y, si encontrar una serie basada en cualquier tebeo o novela gráfica es ya de por sí reseñable, dar de bruces con un producto cuyo epicentro argumental es un cómic se convierte en sorpresa mayúscula. Mucho más cuando los encargados de diseño artístico se toman tales molestias para desarrollar unos dibujos que, si bien son puro atrezo, rebosan originalidad y talento por los cuatro costados. Los trazos y la composición geométrica que invaden las páginas del manuscrito protagonista llegan a transmitir la locura del ficticio autor con una verosimilitud sobrecogedora.
Es, entonces, necesario elogiar la minuciosidad con que se tratan estos detalles en Utopía.

Avaricia:
El último capítulo, emitido hace apenas unos días, alberga varias lagunas argumentales en cuyas orillas mueren ahogados los guionistas por esa habitual pretensión, quizá obligados por la cadena, de alargar un producto que pide a gritos ese gran final que merece. Sería una verdadera pena que esos vaivenes injustificables ante la lógica innata del argumento provocaran el declive de una pieza audiovisual a todas luces rompedora. La naturaleza de un animal debe ser inalterable, y la naturaleza de Utopía es necesariamente breve.

Por tanto queda concluir que, pese a sus contadas incongruencias y taras laberínticas, esta obra de arte guarda un as en la manga tan letal como seductor: su abrumadora belleza.

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