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Nacho Vegas sí que puede

Por Jose A. Rueda 0

Once horas de coche en compañía de tres personas (dos humanas y una perruna) desde “la ciudad más triste” de Asturias hasta el cogollo del parque natural de Cabo de Gata. Nacho Vegas acudió a la llamada del recién creado Círculo Podemos Níjar, que se presentó el pasado martes 5 de agosto en un acto de primer nivel celebrado en la sala Chamán con las intervenciones de la eurodiputada Lola Sánchez y los reconocidísimos filósofos Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria. Se respiraba una especie de glamour artístico-intelectual en la pequeñísima pedanía de Los Escullos, pues además de los participantes en la asamblea, el actor Juan Diego Botto y el líder “planetero” Jota se dejaron ver entre la multitud.

Imaginamos que de manera altruista y desinteresada, Nacho participó en la parte lúdica del evento junto a tres bandas más, de entre las que hizo amistad con los madrileños Complejo De Electra (Dani cantó los coros en tres canciones). A estas alturas de la película, con Vegas entronado en el cenáculo indie de nuestro país, desluce verlo en formato acústico, especialmente por esos diez minutos que le llevó enchufar y afinar guitarras sobre el escenario mientras el público esperaba ansioso escuchar los primeros acordes. Cuando por fin sonaron “Ciudad vampira” y “La gran broma final”, el asturiano hizo un paréntesis para invitar a Juan Diego Botto y la periodista Olga Rodríguez, que leyeron el desgarrador poema de Santiago Alba Rico “Los dueños de todas las listas”, sobre los niños palestinos que el ejercito israelí está matando en Gaza. El resto del repertorio se nutrió de los tres últimos discos de Vegas (La Zona Sucia, Cómo Hacer Crac y Resituación), a excepción de “Que te vaya bien, Miss Carrusel” (del primer disco de Nacho allá por 2001), siendo el lado sociopolítico de sus letras decisivo en el contexto de esta actuación (“Runrún”, “Polvorado”, “Cómo hacer crac” y “La vida manca” irradiaron, pues, una emoción especial entre los asistentes).

Nacho Vegas, por Javy Underground
Nacho Vegas, por Javy Underground

Hasta este rincón almeriense, que se vende por sus muchas horas de sol, Nacho Vegas trajo su “Luz de agosto en Gijón” como parte de la “asturianidad” que impregna sus canciones, como la de “Marquesita”, que recrea los verdes valles de San Martín de Oscos. Además hizo hueco para una canción tradicional de su tierra, 100% en bable, con la que una vez más reivindica el riquísimo folk asturiano (como ya lo hizo en el infravalorado proyecto Lucas 15) y demuestra su adaptabilidad a la música popular contemporánea. Ese folclore llevado al pop moderno ya lo practicaron en su día Vainica Doble, a las que el gijonés rindió homenaje al final versionando “Déjame vivir con alegría” (esperábamos que lo acompañara J, pero el granadino solo vino en calidad de fan). “Un higo chumbo, una aceituna…” fue curiosamente es estribillo más coreado por el respetable, que rugió “otra, otra” hasta conseguir que Nacho agarrara de nuevo la guitarra y le cantara a Lorena Álvarez “La rapaza de San Antolín”, interpretada en dos tiempos por el olvido de la letra.

Muy pocos artistas del orbe indie (del auténtico, del que nació en los 90) pueden decir que la música es lo único que les da de comer y que, con mayor o menor comodidad, llegan a fin de mes. Muy pocos de estos artistas mantienen a rajatabla su anticapitalismo en el music bizness incluso para rechazar ofertas de festivales en los que no creen por primar el negocio por delante de la música. Muy pocos. Diría que dos (y los dos vinieron al Chamán): J y sus Planetas (cuatro años sin grabar un disco y actuando a cuentagotas mientras se desbandan en otros proyectos más arriesgados) y Nacho Vegas (desaparecido del panorama de festivales veraniegos, cuando otros lo aprovechan como la temporada idónea de hacer caja). La ideología originaria de lo indie casa con la de los nuevos proyectos políticos surgidos al calor de la “primavera española”: el 15M, la Plataforma Antidesahucios y, en definitiva, todos los movimientos que gritan “basta ya” a la tomadura de pelo que estamos viviendo.

Dos mundos, el político y el artístico, que caminan en paralelo con más naturalidad de la que parece y que convergen en noches como esta con la necesidad que exige el verdadero significado del concepto político, que no es otro que aquel que leemos en el DRAE: “actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos”. No solo se puede, sino que se debe.

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