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Pelo Mono y Los Tiki Phantoms, una noche en la selva

Por Jose Eduardo Medina 0

Los Tiki Phantoms / José Eduardo Medina

La noche de verano sevillana se volió oscura y lúgubre para recibir al mes de agosto en el ciclo Nocturama 2014. Guitarras afiladas y tambores destemplados era el bagaje dejado por la dupla enmascarada de Pelo Mono y Los Tiki Phantoms, dúo con los ingredientes básicos para cocinar una danza macabra que removió hasta el tuétano nuestros huesos.

Pelo Mono / José Eduardo Medina
Pelo Mono / José Eduardo Medina

Desde la expedición colombina, los jardines del monasterio cartujo no habían estado tan cerca de la salvaje selva tropical. Como un desvencijado arcón sacado de las entrañas del mar, las tablas del escenario apenas podía contener el viscoso sonido de la guitarra retorcida por Pedro de Dios. Conocido por manejar otros brebajes de procedencia más turbia, bajo el antifaz verde de raído flequillo se escondía la identidad de unas manos que pasan del pantano al río amazónico sin abandonar nunca el fango. Al lado, un homínido indeterminado, que según supimos responde al nombre de Antonio, vapuleaba la batería al compás de sus espasmos.

Escapándose entre sus manos, la mezcla de blues y boogie, pegajosa como la miel, se propagaba como un virus altamente contagioso nacido en el corazón de la jungla. Sin apartar la vista de los pedales, fijado el rictus de la verde máscara, la púa picaba la cuerda con certero aguijón hasta llegar a las vísceras de los ritmos sureños. Cuando habíamos alcanzado la mitad de la vorágine, la civilización irrumpió en la espesura del baile con el deforme ruido de la máquina eléctrica. A las órdenes de Pedro de Dios, el circuito se retorcía entre sus dedos para sacar una melodía hipnótica, cuyas notas, con el efecto de un suero lisérgico, nos hicieron creer por un momento a los allí presentes que un discípulo de la lucha libre mexicana y un primate de gesto inamovible estaban tocando surf sobre el escenario.

Pelo Mono / José Eduardo Medina
Pelo Mono / José Eduardo Medina

Sin tener muy claro si habíamos despertado o seguíamos aún bajo las alucinaciones provocadas por el ritmo de Pelo Mono, cuatro calaveras flotaban descontroladas sobre el oscuro fondo. Se dice que los cuerpos que les dan soporte pertenecieron en su día a cuatro amigos barceloneses cuya juerga se les fue de las manos hasta acabar poseídos por los espíritus más gamberros del Pacífico. Desde entonces, tienen por misión doblegar a quien se cruce en su camino para dominar el mundo, dejándolo sin aliento con pegadizo surf’n’roll instrumental.

Los Tiki Phantoms / José Eduardo Medina
Los Tiki Phantoms / José Eduardo Medina

Sevilla era su siguiente objetivo, y traían sus mejores armas para liquidar a los valientes allí reunidos, una colchoneta de playa y una bolsa de Carrefour repleta de máscaras de cartón, así se las gastan en el infierno hawaiano. Puedo atestiguar que los presentes hicimos todo lo posible por plantar cara, pero no pudimos dejar de mover los pies al ritmo desenfrenado de sus guitarras y nuestra resistencia fue borrada de un golpe por una ola de frenéticos movimientos que desbordaba el escenario.

Nada bueno podía pasarnos en sus manos, utilizando sus artes oscuras fuimos persuadidos para realizar un doble sacrificio en directo. La primera víctima fue inmolada por el público, lanzada sin piedad sobre el inflable al magma de ávidas manos que se agitaban en las primeras filas, acabó engullida por un volcán de cuerpos entregados al febril baile. Sin pensar en las consecuencias, todos vitoreábamos y pedíamos un nuevo elegido para mantener a raya a los dioses del mal rollo y la bajona. El desdichado fue entregado a la marea descontrolada de una conga que avanzaba implacable, al compás marcado por las guitarras, hacia las puertas del inframundo rockero. No había escapatoria posible, los espíritus nos habían conquistado y sólo quedaba abandonarnos al frenesí de los ancestros Tiki.

Sabiéndonos ya condenados, no importaba el mañana para los allí reunidos y esa fiesta no íbamos a dejarla escapar con facilidad. El apoyo incondicional se vio recompensado por una lluvia de calaveras de cartón, primer requisito para unirnos a su ejército, y un generoso bis que nos hizo a todos bailar hasta caer exhaustos. La noche se extendió hasta la madrugada, con una visita por otros parajes exóticos guiados por los platos de Tali Carreto. Cierre de la la primera jornada para un ciclo de conciertos que promete traer emociones fuertes a la ciudad durante todo el mes de agosto.

Los Tiki Phantoms / José Eduardo Medina
Los Tiki Phantoms / José Eduardo Medina
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