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Festival de cine de Leeds: El Día de la Música

Por David Sánchez 0

Stop Making Sense

Uno de los círculos rojos marcados en mi calendario muy fuerte era sin duda este sábado enmarcado en la programación especial del festival como “Once in a lifetime”.

Lo que nos encontramos es que por un día, el Victoria Hall, espacio principal y de mayor capacidad del festival se convierte en una sala de conciertos improvisada, en la que las butacas se intercambian por tumbonas y aparecen grifos de cerveza de la nada. VALORS.

1991: The Year Punk Broke

1991- The Year Punk BrokeTras fallar a la primera producción por resaca musical (la noche anterior Bob Mould estuvo quemando la ciudad agusto), aparezco para ver un concierto/documental muy esperado, el 1991: The Year Punk Broke, donde acompañamos a Sonic Youth, Nirvana y Dinosaur Jr por su gira europea de ese mismo año, con apariciones especiales de Ramones, Gumball y Babes in Toyland.

La dinámica de este documental es simple, Thurston Moore se pasea por allí haciendo el ganso en el mejor de los sentidos, entrevistando a todo lo que encuentra a su paso, sus compañeros de farra, unas niñas cualquiera de la calle o incluso un perro al que él mismo dobla. Entre corte de vídeo y gracieta punkera, nos introducen temas en directo de estas bandas. Podremos disfrutar en directo de “Schizophrenia” ,”Brother James”, “Teenage riot”, “Dirty Boots”, “I love her all the time”, “Mote”, “Kool Thing” y “Expressway to Yr Skull” por parte de Sonic Youth, siendo sin duda los auténticos ganadores y motor de la cinta, que sirve más como curiosidad, a modo de excusa para conocer un poco la intimidad de la banda.

Sobre Nirvana, contamos en el repertorio con “Negative Creep”, “School”, “Endless Nameless”, “Smells Like Teen Spirit” y “Polly”. La actitud de la banda pasa por mostrarnos a un Kurt bastante puesto de todo y unos Dave Grohl y Nick Kovaselic bastante divertidos y agresivos. Y por último, Dinosaur Jr interpreta “Wagon” y “Freak Scene” para deleite de los más fans, que no somos muchos. Jovencísimo J Mascis, cuando no tenía el pelo como un travelo de Wisconsin y era aún más soso que ahora. Lo de este tío va para record.

El espíritu de ruptura, de agresividad, y esa magia de la pérdida al miedo de la música americana de finales de los 80 y 90, usando las cuerdas para plasmar sus frustraciones e inseguridades, y descargando en truenos amplificados esa rabia, parece algo perdido en estos días de Mumfords and Monkey Killers of the Strokes Fires. Incluso se percibe en el publico una comunión intima e inmediata con estas bandas, algo que cualquiera que vaya a un concierto o festival hoy en día se dará cuenta que ya no existe. Los pogos y las lágrimas han trasmutado en pantallas de Ipad y sombreros de copa. Una pena. Una pena que aún revaloriza más un documento que por su propio contenido no es trascendental, pero por su trasfondo social a través de la música, se hace un imprescindible de cualquier amante de esa alternativa que surgió a la MTV.

Te gustará : Si siempre quisiste ir a Hullabalooza, el festival en el que Homer Simpson participa como hombre cañón.
No te gustará: Si piensas que el rock tocó techo en los 70
Nota 7/10

Y como habéis sido muy buenos, os dejo esto de regalo:

1991: The Year Punk Broke (Sub.Español) from Juan on Vimeo.

Awesome; I Fucking Shot That (2006)

Awesome; I Fucking Shot That (2006)Atentos al experimento. ¿Qué pasaría si le damos a 50 alocados fans una cámara para que graben un concierto en el Madison Square Garden? Pero vayamos aún más allá en nuestro delirio, ¿qué pasaría si esa banda fueran los BEASTIE BOYS?
Awesome; I Fucking Shot That es una auténtica salvajada de principio a fin, un producto que no se toma en serio a sí mismo ni en los créditos (brutal arranque barriendo en el absurdo) que pese a no dar tregua al espectador, consigue, realizar con éxito la titánica edición de 50 cámaras amateur simultaneas y 14 profesionales. Uno no sabe cómo va a resultar esto, pero nada más arrancar el primer tema, la locura se ha disparado. El frenético espectáculo visual de cortes, de imaginativa para reinventar un plano mal rodado por un más que posible etílico fan, o incluso el mini-reportaje de cómo uno se va a mear en pleno show, son detalles que dotan a la cinta de un tono por el que se ha definido a la banda desde sus inicios. Y es que captar a través de la forma algo tan abstracto como la actitud musical, es realmente jodido.

Pero no queda ahí la cosa, los juegos en la edición (gatos peleado, edición de los asistentes estilo memes de internet y un público de 10, ayudan a que uno no pueda quedarse quieto en su tumbona. Hit after Hit after Hit, uno pierde la cuenta de la cantidad de temarrales que acumula esta gente. Por si fuera poco, cambios de vestuario (hasta 4 veces), apariciones estelares (que no pienso desvelar), tanto en el escenario como entre el público y una potencia en el escenario descomunal que despertaría a más de uno del coma (ved los créditos para entenderlo).

El final del concierto con “Sabotage” es una auténtica batalla campal donde absolutamente todos los asistentes pierden el control, rodilla a la altura de la cabeza y pista. Bellísimo espectáculo de cisnes negros bailando al son de unos blancos. Un show histórico. Histórico por irrepetible, por la lamentable muerte a causa de un maldito cáncer de MCA. Adam Yautch, te echamos de menos, no sabes cuánto.

Te gustará si: Eres fan de los Beastie Boys, del hip hop, del descontrol y de las caderas que te llevan a lugares inauditos.
No te gustará : Si piensas que el rock tocó techo en los 70.
Nota :9/10

Stop Making Sense (1984)

Stop-Making-SenseY quedaba el plato fuerte, o eso decían. El directo de los Talking Heads, considerado como el mejor directo jamás grabado de una banda. Uno al oír eso no puede evitar ir a buscar las cosquillas, a estudiar el punto débil de la estrella de la muerte de David Byrne y buscar fugas para desacreditar las afirmaciones clásicas y generalistas. Porque uno es joven y mínimamente rebelde. Y mínimamente estúpido también. Porque desde el arranque en solitario de Byrne con “Pyscho Killer” no se me ha cerrado la boca en ningún momento, porque le ha seguido la más bella interpretación de “Heaven” que jamás hubiera oído, poniendo ojos en salsa en la segunda canción ya, con tan solo David y Tina en el escenario ¿Pero qué es esto?

A cada tema iba añadiéndose un nuevo miembro. Para la tercera venia Chrish y empezó a meter caña a los bombos para parir de nuevo, y siento repetirme, la mejor versión que he oído nunca de “Thank your for sending me an angel”. He oído discos en directo de ellos, todos los de estudio, pero esto era otro nivel. El cine retumbaba y ya empezaban a verse los primeros movimientos espasmódicos de unos ingleses que por momentos no parecían ingleses. “Found a Job” cerró el circulo cuando Jerry subió a darle caña al sinte, y a partir de ahí, la fiesta padre. Un segundo teclista, un percusionista y dos coristas subieron al escenario para crear una escenografía basada alegrarme la vida. Vaya locura de ritmos, el afrobeat se apodera de la banda y ya se oyen los primeros aplausos tras “Slippery People”, la fiesta funk fusión. Escandaloso.

Pero hagamos una pausa. Vale que Talking Heads sean un gran grupo, y su interpretación en directo perfecta. Ejecución y corazón de 10, pero, ¿Es esto suficiente para que sea considerado el mejor concierto jamás rodado? Por supuesto que no. Porque Stop Making Sense no se limita al aspecto auditivo, la maravillosa fotografía aleja a esta película de cualquier otro concierto al que se le haya osado poner una cámara delante, los cambios de vestuario y la milimétrica coreografía, presumiblemente ensayada hasta el delirio, y magníficamente interpretada en búsqueda de la excelencia son bien culpables de esto. De esta fiesta en la que las luces determinan a cada canción, en el que el escenario cambia en función de la idea, del sentimiento.

“Burning Down House” es el 6º tema del concierto, y para entonces algunos ya estamos haciendo agujeros como topos con el pie. Imposible controlar a esos cabrones, se mueven solos al ritmo de los bongos, de la armoniosa melodía de David y de las caderas de Tina. “Life During Wartime” causa la primera gran ovación que se repetiría canción tras canción, acrecentando aún más la sensación de estar allí, en esa cápsula del tiempo de la que ni el mismísimo Doc Brown nos sacaría a punta de revolver. “Swamp” o cómo dar lecciones de respiración, es algo así como el descanso que necesitan las caderas para no acabar una en Irún y otra en Zafra, serenidad y sensualidad.

Palabras mayores para el siguiente tema, “What A Day That Was”. El juego de luces es impresionante, dejando a todos los miembro de la banda con los ojos teñidos en la oscuridad, un tema de esos que te hace mover el cuello como un puto urogallo, con rápidos ascensos melódicos, de esos con los que uno no puede dejar de soñar en cómo va a ser la caída en picado de esa subida, pero David nos pone una nube de plumas marca Lo Mónaco para que lo disfrutes. Buff, muy tocho esto.

La siguiente es “This Must Be The Place”, donde el escenario se transforma en biblioteca improvisada, donde las lámparas cobran vida y la banda se da un respiro a sí misma. Contenido, popero, sintético y erótico. “Once In a Lifetime”, uno de los títulos capitulares de su obra, o la gran fiesta de los Talking Heads, sencillamente sublime este himno atemporal que hizo corear al cine ese mítico “Letting the days go by”.

Tras esto Byrne desaparece y Tina toma los micros de la nave, “Genius of Love”, el cover de los Tom Tom Club nunca había sonado tan bien. La hechizada voz de Tina y unos ojos que debería prohibirse por exceso de radiación solar obnubilan a cualquiera que tenga un mínimo de corazón, luces estroboscópicas y baile del gorila incluido.

Con el siguiente tema viene la imagen más icónica de este concierto y por el que se suele recordar entre los círculos menos selectos, el traje gigante de David Byrne. ¿Por qué un traje tan grande? Francamente, ¿A quién le importa? “Girlfriend is better” es de sus temas más oscuros, una delicia cómo transmutan los valores de la luz estos señores, tanto a nivel visual como musical. Y cómo sonaba ese cine, madre mía. Esto en casa no se disfruta ni una décima parte.
Y para finalizar quedaba “Take me to the river”, que de nuevo hizo sacar coros al público asistente y que nos ponía a tope para el último tema, “Crosseyed and Painless”, una auténtica maravilla donde la banda lo da todo y toda esa energía la canaliza un espectador que a estas alturas reza por un bis que nunca llegará, intentando comprender como esos 20 minutos que piensas, han pasado en tu vida, se han convertido en una hora y media de abstracción sensorial. Absolutamente genial. ¿Es Stop Making Sense el mejor concierto jamás rodado? Sí, lo es. Vaya que si lo es. Joder que sí.

Te gustará: Si no estás en coma.
No te gustará: Si piensas que el rock tocó techo en los 70. Vamos, que estás en coma.
Nota: 10/10


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