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Las Ruinas: no hay quinto malo

Por Juanjo Rueda 0

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Nota
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Dicen que al décimo disco se separarán y entonces, si eso ocurre, nos daremos cuenta de la magnitud de una banda que no para de crecer disco a disco dentro de su particular ecosistema musical. Dicen que al décimo disco se separarán y este ya es el quinto donde siguen dando pequeñas vueltas de tuerca a un sonido y unas características que se repiten sin resultar nunca idénticas en todas sus entregas discográficas. El trío vuelve a repetir con Marco Morgione a los mandos de la producción, una producción que se ha ido puliendo disco a disco, en este las guitarras abrasivas dejan más espacio a otras más sutiles y acústicas. Su “heavy-pop” cada vez suma más matices de pop pero sin perder el alma lo-fi, las canciones aceleradas pero de estribillos certeros se vuelven a juntar con otros temas de ritmos narcóticos de seducción ineludible. La sección rítmica en cada nuevo disco suena como una máquina más perfecta y en este Jaime Bertrán (bajo) se suma como voz principal y compositor en dos temas (“El Estado del Bienestar” y “Nada”).

La portada vuelve a ser obra de Toni López, bateria de la banda, una obra colorista y delirante a la vez, que describe el diverso, extraño y divertido imaginario de la banda en este disco. Un imaginario impulsado por Edu Chirinos, el cual teje “aventuras musicales” que se mueven, de nuevo, entre la ciencia-ficción de serie B, el angst juvenil existencial, el desencanto con el tiempo presente y la rabia optimista, convertido ya en un personal Black Francis patrio y mostrando que Las Ruinas son uno de los grupos que con más personalidad están sabiendo leer a los Pixies y a toda esa tradición del noise-pop norteamericano de finales de los ochenta y primeros noventa. Las canciones vuelven a ser el mejor aval de un disco que cuenta con temas que se clavan instantáneamente en el cerebelo del oyente: “Ramón y Cajal”, “El Olivar”, “El Estado del Bienestar”, “Suecia”, “La épica de la pobreza” o “Postales”, son algunos aciertos de este disco que no tiene un minuto de relleno y que sirve de argumento para defender ese aforismo de “lo bueno si breve, dos veces bueno”.

Dicen que al décimo disco se separarán, si siguen así y a cada disco lo hacen un poco mejor, esperemos que sea una boutade y no lo hagan. Los echaríamos mucho de menos.

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