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Pecker en El Veintiuno: Profeta en su tierra

Por Juanjo Rueda 0

¡Qué bien se debió sentir Pecker el viernes pasado tras el concierto! La cara de felicidad de la foto que ilustra esta crónica no puede ser impostada o forzada, se nota la felicidad de aquel que siente el calor y el reconocimiento unánime de los más cercanos. Esto último puede parecer fácil pero si así fuera no existiría ese dicho que, en parte, titula esta crónica.

Pecker volvía a El Veintiuno, un lugar que, como bien dijo, ya lo concibe como una casa. Venía a presentar su último disco, “Confort” (2014) donde sigue a la persecución del hit como celebración bailable, hedonista, irónica y como cura de las penas. Lo de Pecker es la confluencia posible o imposible entre el disco-pop algo kitsch de Fangoria, la búsqueda del estribillo perfecto de La Casa Azul y la ironía pop de Ellos, y todo ello se refleja en su traslación al directo. A su vez, se percibe de forma soterrada, subliminal, cierta influencia de LCD Soundsystem (aunque alguno se pueda echar las manos en la cabeza), un grupo que, me consta, le encanta y que, más allá de utilizar el cencerro en alguna de sus canciones, se perciben en ellas el alma de bola de espejos, más allá de que el proyecto de James Murphy juegue en terrenos más arriesgados que los de Raúl Usieto. Con una sala llena a rebosar, Pecker, acompañado de banda, fue desgranando su particular gramola de hits (“Me enamoré del perdedor”, “Supernova”, “Confort”, “No (todo lo que no)”, “Souvenir”…) picoteando por toda su discografía pero con preeminencia clara por su último disco; se permitió ejercer de padrino de la escena oscense acogiendo en uno de sus temas (“Confort”) el bajo gordo de Carlos Naval (de The Bärds), e, incluso, tuvo el acierto de recuperar algunas versiones eurovisivas (“Yo soy aquel”, “Canta y Sé Feliz” y “Eres Tú”) que hizo para la edición 2014 del festival Periferias. Todo fue una gran fiesta aunque su propuesta musical tenga el peligro de rozar (en alguna, contada, ocasión cae y vuelve a salir como si nada) en lo kitsch o trocar la sencillez pop por lo simplón, pero por norma general corrobora que lo que le falta a este hacedor de estribillos pegadizos es que uno de sus temas tenga la perseverancia y la suerte de producir metástasis entre la masa de “indie kids” para llevarle a esa “shempions” del indie (esa en la que se mueven Lori Meyers, Love of Lesbian o Vetusta Morla) y que eso permita que todo el mundo se enamore del “perdedor”.

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