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Elastica: el día que el britpop se ensució de punk

Por Jose A. Rueda 0

Año 1993. La prensa musical del Reino Unido, liderada principalmente por el New Musical Express y la Melody Maker, acababa de acuñar el término britpop y había comenzado una lucha incesante contra el imperialismo musical estadounidense. Había que recuperar el trono perdido desde tiempos de los Beatles y los Rolling y, así las cosas, sus páginas se inundaban de nuevas promesas del pop y el rock británicos.

De entre tanto cuarteto masculino, una mujer llamada Justine Frischmann, ex-novia de Brett Anderson y cofundadora de Suede, lanza “Stutter”, el primer sencillo de su recién creada banda de rock: Elastica. El grupo lo completa otro ex-integrante de Suede, Justin Welch, además de Annie Holland y Donna Matthews, ambas salidas de los intrascendentes Darling Buds.

Justine, que tras la ruptura con Brett mantuvo una relación de ocho años con Damon Albarn, espeta en “Stutter” unos versos breves y directos que asustaron a las radios convencionales. La impotencia sexual del borracho de su novio (¿Brett o Damon?) guían durante dos minutos y veinte segundos una descarga de punk-rock garagero que desmarcaban a Elastica de los estribillos amables del britpop masivo. Pese a ello, se comenzó a vislumbrar un potencial comercial de Elastica cuando este 7” editado por Deceptive Records vendió todas sus copias en un día.

Unos meses después, en enero de 1994, Elastica golpean duro con “Line Up”, la confirmación de que estábamos ante algo importante. El single incluía “Vaseline”, un guiño al que fue el primer nombre de la formación, Vaseline & Onk, del cual decidieron prescindir por litigios con sus vecinos The Vaselines. Pese a que Justine no se muerde la lengua para reprender contra las manadas de grupis, “Line Up” apacigua las guitarras afiladas de “Stutter” y resume la fórmula de Elastica para crear himnos sin despeinarse: riffs contagiosos, melodías implacables y mucha actitud punk. Unos patrones que se repetirán poco después en éxitos como “Connection”, “2:1” y “Waking Up”.

Mientras se va cocinando el esperado primer larga duración del grupo, en octubre de 1994 Elastica adelantan otro aperitivo: “Connection”, que incluye “See that animal” en la cara B. La canción hizo crecer la popularidad del grupo también en España, donde un anuncio de televisión similar a los que lanzaron las carreras de los grupos indies de nuestro país convirtió el single en uno de los éxitos comerciales del año. El fraseo de guitarra de los primeros segundos y el sencillo golpe de batería que lo acompaña fueron denunciados, y con mucha razón, por The Wire. Basta darle al play en “Three Girl Rhumba” para adivinar el plagio.

Ya en 1995, con todas las canciones del disco preparadas para ver la luz, Elastica presentaron “Waking Up”, otro tema redondo que, al igual que “Connection”, no se libró de las denuncias por plagio. En este caso fueron The Stranglers quienes reportaron las similitudes de la melodía de “Waking Up” con las de su tema “No More Heroes”. De ésta Elastica salieron peor paradas y tuvieron que pagar derechos, así como incluir a los componentes de The Stranglers en los créditos de la canción.

Y llegó el día: el 14 de marzo de 1995 Deceptive Records lanzó Elastica, el debut homónimo del cuarteto londinense. Dieciséis canciones que incluían los tres singles editados hasta la fecha y algunas de sus caras B. Una coctelera de clásicos instantáneos que encumbró a la banda en algo así como los Beach Boys del indie-rock de los noventa. A su facilidad de fabricar hits, se suma la presencia mayoritariamente femenina, cual nuevas riot grrrls en una época marcada otra vez por los líderes vocales masculinos y los videoclips sumamente machistas. Además, la personalidad de Justine Frischmann la erigió en el Reino Unido como la digna sucesora de Siouxsie o una especie de nueva Blondie. Del espíritu ochentero de estos referentes, Elastica recogen sobre todo el del punk-rock: canciones como “Annie” o “Smile”, que apenas sobrepasan el minuto, sitúan a Elastica más cerca de los Buzzcocks que de sus coetáneos britpoperos.

En pocas semanas, Elastica alcanzó la primera posición del chart británico, así como también vendió discos como churros en Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Suecia. A los éxitos señalados, se suman “2:1”, un clásico de los 90 fortalecido por formar parte de la banda sonora de Trainspotting. A la sombra de los singles se encuentran la sensualidad de “Car Song” -una historia sobre sexo en el asiento de atrás del coche-, la expresividad de “Hold Me Now” y la engañosa “S.O.F.T.” -nada de “suave”, si no “Same Old Fucking Thing”-, que sintetiza en un falso medio tiempo el carácter inconformista de todo el álbum.

En el ecuador del disco, Elastica desaceleran con “Indian Song” que, sin dejar de ser altamente abrasiva, se escabuye como el único downtempo del elepé. Con ésta enlaza “Blue”, un tema que no tarda ni medio minuto en patearte el culo y volver a la senda del punk-rock melódico. Un camino que ya no abandonan hasta el final, con los ochenta y dos segundos del anteriormente mencionado “Vaseline”.

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Donna, Justin, Justine y Annie.

Solo este debut en 1995 bastó para convertir a Elastica en lo que se conoce como grupo de culto. En 2000 lanzaron el irrelevante The Menace, que no sirvió más que para decir adiós amistosamente un año después. A día de hoy, solo Justin Welch y Donna siguen vinculados a la música. El regreso de Suede en 2011 y, sobre todo, la enfermedad que mantuvo apartado a su baterista Simon Gilbert, dio la oportunidad a Justin de volver a los grandes escenarios durante un tiempo.

Por su parte, poco se sabe de las andaduras de Annie Holland, que se agotó de las giras y justo en 1995 fue sustituida por Sheila Chipperfield. Mientras tanto, la mediática Justine Frischmann, muy involucrada en el mundo del arte contemporáneo, presentó su propio programa de televisión sobre arquitectura durante 2003 y 2004. Ahora reside en Estados Unidos y está completamente centrada en la pintura.

En los últimos tiempos se ha venido rumoreando una posible gira de reunión, quizá para tocar íntegramente este Elastica, cuya edición original en vinilo se vende a precio de oro. No sorprendería nada que medios como Pitchfork y festivales como Primavera Sound movieran hilos para hacer esto realidad y poder deleitar a los más nostálgicos a golpe de talonario.

Pero lejos de hacer apología del consumismo gafapasta, lo que en estas líneas defendemos de Elastica no es el disco como producto ni su música como actividad lúdica. Lo que promovemos de Elastica es su álbum como obra de arte y pieza fundamental de la música popular de los últimos 20 años. Y que así perdure en el tiempo

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