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Monegros Desert Festival: 20 años palpitando en el desierto

Por Diego José Fabián 0

La cancelación este verano por parte de la organización de lo que iba a ser la 21ª edición del festival monegrino, rebautizado de nuevo como Groove Parade, ha causado diversos sentimientos entre los asiduos y no tan asiduos al festival: lástima, pena, frustración, rabia e incluso, sin haber llegado a la fecha señalada, nostalgia. Sin embargo, el peor sentimiento que se puede tener ante tan mala noticia, es el de la alegría. Sí, alegría. Basta echar un vistazo por redes sociales para leer como hay gente, que dice querer (o haber querido) al festival, y ahora celebra el batacazo haciendo leña del árbol caído. Para mí, personalmente, el motivo de la suspensión ya es lo de menos. Este verano no va a celebrarse el Monegros, y aunque todavía no puedo, es algo que hay que asumir cuanto antes. Pero vamos por partes. Es innegable el hecho de que el año pasado, ante su 20ª edición, la cosa no fue muy bien. Todo el mundo esperaba algo inolvidable, y al final lo tuvo, pero por la parte negativa. No hubo regalo en la entrada, los monegrinos eran de la edición de 2013 (es que algunos los coleccionamos), conseguir un gin-tonic fue un privilegio (por falta de ginebra, que tónicas sobraban), personal del servicio charloteaba impunemente ante las colas en las barras, el cartel, aunque bueno, no fue para tirar cohetes y para colmo, a las 11h. la cosa se terminó de golpe y porrazo… y por la vía de la mala educación por parte del personal de seguridad, que no precisamente con amabilidad, me empujaron de la zona de descanso y me dijeron que enfilara la salida. Eso es lo que viene siendo sobrepasar la delgada línea de la grosería. Por no hablar de las casi 3 horas que esperamos bajo el sol del desierto al autobús de vuelta. Con todo esto, y con los lamentables sucesos de la versión italiana de hace unas semanas, parece que la gran fiesta del verano está tocada por una mano negra. Pero ni aún así, puedo justificar el regocijo de muchos. ¿Es que en esta vida no os han dado segundas oportunidades? Será verdad eso de que del amor al odio hay un paso. Yo fui por primera vez a la 6ª edición (año 2000), y dado que aquel día las condiciones meteorológicas fueron intempestivas, juré no volver. Como no tengo palabra, he regresado 9 veces más hasta el año pasado y he vivido experiencias que no cambiaría ni por 365 noches con Eva Angelina. Si no hubiera concedido esa segunda oportunidad de la que hablo, parte de mi vida estaría ahora vacía. Amaneceres con Derrick May, pogos con Chicks on Speed, bailes con el tobillo torcido con Ken Ishii, atardeceres y mañaneos con Carl Cox, karaokes con Fangoria, pitidos en los oídos (de placer) con Ángel Molina, alcanzar el éxtasis bajo el agua con The Prodigy, conocer gente con Orbital, whatsappear vídeos de Underworld y Justice para que los vean colegas que no han podido asistir… y joder, haber visto en el desierto a La Mala Rodríguez, Asian Dub Foundation, Dave Clarke, Codec & Flexor, The Orb, Francesco Farfa, Andy Weatherall, Wagon Cookin’, Stacy Pullen, Ben Sims, Kenny Larkin, Laurent Garnier, Richie Hawtin, Vitalic y un infinito etcétera. Algunas de mis amistades más valoradas a día de hoy, han surgido en parte allí. Y no me cabe la menor duda de que estos sentimientos y experiencias son extrapolables a muchos de los que habéis asistido al festival. Por eso, convendría tranquilizarse, reflexionar y no dar la espalda a algo que nos ha hecho felices. Solo espero que esto sea un bache pasajero y que el año que viene todo vuelva a la normalidad, como parece que apunta (o es lo que muchos queremos creer). Para volver a tragar polvo. Para volver a ponerme la muñequera del 2006. Para sacarme arena de los oídos durante una semana. Para volver a tener una resaca de 3 días. Para pedir a mi jefe fiesta el lunes posterior. Yo seguiré yendo al desierto… hasta que me muera… ¿Y vosotros?

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