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Beach House, no hay dos sin tres

Por Juanjo Rueda 0

8.0

Nota
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Vuelven Beach House. Otro de esos nombres que parece que siempre hayan estado ahí, algo que ocurre con aquellos que se hacen grandes, enormes, a través de una música que parece originarse en una especie de plano fuera del tiempo. Vuelven Beach House aunque despojados de todo el aura de misterio que podían irradiar en “Devotion” (Carpak, 2008), ese disco que era un cohete anunciador de la gran traca que estaba por llegar. Tras eso, historia conocida, dan con su particular piedra filosofal en “Teen Dream” (Sub Pop, 2010) y dos años después deciden darnos un gemelo igual de lustroso, “Bloom” (Sub Pop, 2012). ¿Gemelos? Resulta que no hay dos sin tres y que tenemos trillizos.

En “Depression Cherry”, producido de nuevo por Chris Coady, deciden seguir flotando en ese espacio musical creado por teclados y guitarras expansivas junto con bases programadas. Deciden seguir postergando la pregunta de “¿y ahora qué?” que podría abrirse tras llegar a un puerto como “Teen Dream”, esperando que se responda sola mientras ellos siguen creando unos temas que no entienden de tiempo y de lugar. Victoria Legrand sigue exprimiendo la magia del teclado, consiguiendo nuevas permutaciones melódicas que parece que siempre hayan estado ahí. Canciones que continúan guiadas por la magnética voz de Victoria, igual de cautivadora y personal, y las guitarras espaciales de Alex Scally; y sólo tienen que cargar con el peso previo de sus primogénitas mayores aunque fuera de la preeminencia temporal, nada tienen que envidiar a sus hermanas. Tan sólo “Sparks” parece apuntar en una dirección algo distinta, emborronando las guitarras e introduciendo algo de disonancia ante tanta pulcritud ensoñadora.

¿Estamos ante un disco autocomplaciente y acomodado? Sí ¿Estamos ante un disco cercano a la autocopia? Sí. Pero la luz emocional que arrojan temas como “Levitation”, “Space Song”, “Beyond Love”, “10:37” o “Days of Candy” (por no nombrar todos, que no hay ninguno malo) sigue poniendo “gallina de piel” y sigue siendo mayor que las tenues sombras que se comienzan a proyectar. Beach House son como ese tipo de artistas que alcanzan un estilo, un gesto, absolutamente personal, reconocible y merecidamente venerado en el cual pueden recrearse. Los temas de este disco son como los atardeceres de verano, todos parecen similares a otros anteriores pero todos son hermosos y, por ahora, yo no me canso de embobarme con ellos.

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