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Wolf Alice – My Love is Cool

Por David Sánchez 0

Wolf Alice - My Love Is Cool

Ya no recuerdo cómo fue mi primer encuentro con Wolf Alice, probablemente a través de una inmensa lista de artistas relacionados de Spotify, o siguiendo la pista de algún pseudo-amigo eslavo de Lastfm, pero el caso es que algo me enganchó. Quizás fuera la magnética belleza de su cantante y guitarrista Ellie Rowsell o la sutileza de “Blush”, su pieza más perfecta y atmosférica de aquel apetitoso y prometedor primer EP homónimo lanzado en 2013.

El pasado año llegó a un público más conocido gracias a su confirmación para el FIB, donde hay que aplaudir a una organización que en los últimos años está afinando bastante en las líneas pequeñas de los carteles. Fue allí la presentación de su segundo EP Creature Songs y confirmación instantánea de que estos chicos tenían intención de irrumpir en el mercado musical con fuerza.

Y llegamos al verano de 2015, momento clave para el lanzamiento de su primer LP y confirmación máxima de lo que ya sospechábamos: Wolf Alice son un grupo con mucho recorrido. Ojito con esta banda londinense que sin malabarismos ni originalidad ofrece un resultado lleno de fuerza y potencia, pero un eclecticismo y una elegancia en su ejecución que parece picotear de lo más selecto de los últimos 20 años. Así lo confirma “Turn To Dust”, el onírico tema de arranque del 12, una mezcla entre Portishead, Slowdive y  Cocteau Twins , una especie de nana lírica que parece compuesta por un Baladamenti de 17 años al que se la suda la técnica y solo quiere hipnotizar. Le acompañan unas distorsiones a lo Kid A en una producción sobresaliente que nada en lo ambiguo a través de los taladros de la dulce Ellie, que nos susurra durante estos 200 segundos su Keep your beady eyes on me.

Pero no os acostumbréis, que ya en la segunda pista aparece “Bros”, ese mágico tema sacado de uno de sus primeros sencillos y que enternecerá y conmoverá a cualquier nostálgico adolescente. Un tema maravilloso aunque pierde potencia en disco una vez presenciado en directo, donde la banda lo convierte en una especie de himno generacional. Ojalá lo reediten como se merece.

“Your Loves Whore” es la tercera pieza del disco y nada en las aguas de un shoegaze de andar por casa, dejando el rugido para el estribillo y la sutileza para la construcción. Recuerda mucho Ringo Deathstarr cuando sueltan el pedal o inclusos a The Pains of Being Pure at Heart, para explotar en un climax The cramberries meets spice girls.

“You’re a Germ” es la cuarta canción del disco, un plato de cocción lenta y sobrio que rompe a los dos minutos en ese grito de Sleater-Kinney jugando a ser Babes in Toyland. You ain’t going to Heaven (Eyes wide, eyes wide), grita Ellie, y el público enloquece.

Mitad del álbum y suena “Lisbon”, otro nuevo baile entre ternura y ruido. Llegados a este punto podemos decir que la gran virtud de esta banda está en el equilibrio, consigue conquistar a través de la rabia y emocionar con la sutileza. Suena a los 90  pero hoy. Listón muy alto hasta el momento.

Le toca el relevo en la segunda mitad del álbum a “Silk”, que parece lo que saldría si Lorde le diera a las guitarras en vez de a las maquinitas. Hipnotiza con la dulce melodía pop que rompe tras el estribillo y baila synthpop para transformarse en una especie de canción infantil existencialista sobre la búsqueda de ese algo que te salve de este mundo y no te convierta en una mera estatua.

El siguiente tema es “Freazy” que arranca con una melodía a lo Suede y una sonoridad coral más propia de I was a king, para pasar incluso a saludar a Pj Harvey en esta tema que nos invita ligarnos a Alice y acostarnos con el lobo. Ni un tema regular hasta el momento, qué barbaridad.

“Giant Peach” arranca como esas bandas de rock de los 80. A todo trapo y por media autopista pisando gas, aunque probablemente es el tema menos sorprendente y conseguido de todo el disco hasta el momento. Cierto es que todas las canciones anteriores suenan a cosas que ya conoces, pero consiguen hacer encajar las piezas con mucha clase y dándole un estilo propio. Eso aquí no pasa, y supone el primer bache en el disco. No obstante, en directo este tema es un rompepiernas, parece una canción de Pond.

“Swallowtail” es un tema acústico para capear el temporal de “Giant Peach” y a mí personalmente me sobra en el disco. No deja de ser la misma canción que miles de bandas han escrito millones de veces pero mentiéndole el guitarreo del lobo, para finalmente romper en un estribillo que parece compuesto por Lostprophets. Puede tener su gracia, pero al igual que “Giant Peach”, no llega al nivel del resto del disco. Han tirado por lo simple aquí.

Menos mal que siempre hay luz al final del túnel y “Soapy Water” lo confirma. Vuelven los sintes, vuelve una producción perfecta y vuelve Ellie susurrando como al principio del disco. Wolf Alice ha vuelto a nadar en los terrenos de Lana del Rey, apoyados en el Lordismo y jugando con Class Actress. Mucha clase los de Londres.

Cierra el disco y con fuerza “Fluffy”, que arranca como si fuera la última época de Ride (en el buen sentido) pedales a fuego, tempo pausado y subida a pleno grito de Ellie, una combinación repetida pero con un resultado impecable. Eso sí, no deben abusar de esto en el futuro si no quieren acabar siendo una copia de una copia.

Wolf Alice cierran su primer 12″ con notable alto. La fuerza de sus guitarras son una de sus principales bazas junto a un eclecticismo absolutamente demoledor. Sus letras reflejan como pocos la angustia post-adolescente, el existencialismo, las dudas en el amor y el odio en la pasión. La forma en algunas roza el sobresaliente y en un punto a tener muy en cuenta en el futuro. Desde ya, una de mis bandas actuales favoritas de Inglaterra.

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