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Cruïlla 2015, el festival horizontal

Por Jose Eduardo Medina 0

Público@Cruïlla2015 / Xavi Torrent

El festival Cruïlla volvió al Parc del Fórum barcelonés un verano más. Sumando 39.000 asistentes entre las dos jornadas principales, cifras similares a su anterior edición, el festival nacido en Mataró y trasladado a Barcelona se consolida fidelizando al público medio. Con un cartel heterogéneo, este año ha sumado reggae, rock indie, hip-hop o pop electrónico, ha abierto una brecha de mediana escala entre los macroeventos que tienen sede en la capital catalana.

Cruïlla se ha autodefinido como el festival de verano de Barcelona, probablemente porque la estación en la que sucede es el rasgo más concreto de una programación que se esparce en todas direcciones. Aunque otros han buscado definir su identidad a través de la selección de bandas, la apuesta de los organizadores aquí ha sido crear un expositor suficientemente atractivo, similar al estante de una gran superficie comercial, para seducir al público no habitual. A un precio razonable se vende la experiencia de vivir un festival como complemento para el turismo masivo de sol y playa en la temporada estival barcelonesa. La ciudad aumenta exponencialmente su cifra de visitantes en estos meses: escapadas de parejas, fin de semana con amigos, viajes para cerrar el curso, despedidas de solteras y solteros; eclosión vacacional que es un target suculento pero difícil de catalogar. Intentando contentar a todos, a lo largo del fin de semana coincidieron uno de los padres del afrobeat, Osibisa, con otros veteranos pero del synth-pop, Sparks, una fábrica de canciones del verano, Capital Cities, o mezclas folclóricas más cercanas, El Puchero del Hortelano, ingredientes que podrían saciar a todos o dejarlos a medias.

Público@Cruïlla2015 / Xavi Torrent
[email protected] / Xavi Torrent

Para hacer una primera prueba, se anunció por sorpresa, días antes del inicio del festival, una fiesta inaugural a cargo de Asian Dub Foundation. La apertura de un escenario sirvió de ensayo general al sistema de entrada y pago en las barras usando el chip de las pulseras. Al ser una jornada indivisible del abono completo o las entradas de día, el aforo se alejó del lleno, pero fue agradable disfrutar del recinto con mayor holgura que las dos jornadas siguientes, donde se notaron las primeras aglomeraciones por el aumento progresivo de público. Hace ya dos década que los londinenses dejaron los barrios de inmigrantes de la capital británica y fueron catapultados por la industria a un mercado donde el jungle y el dancehall pujaban al alza. Ahora, tras sucesivos cambios en su formación desde la gira del Community Music (Ffrr, 2000), la vuelta de Dr Das, bajista original, el baterista Rocky Singh y la colaboración de nuevo con Ghetto Priest intenta retomar las raíces del grupo. En directo su nuevo disco se acerca al rock, descargando el peso de la melodía en las guitarras de Savale y Das, y las exóticas instrumentaciones múltiples han sido sustituidas por entradas del vituoso Nathan “Flutebox” Lee. Lee tiene una rapidez sorprendente para alternar la flauta travesera, utilizado escalas orientales, con técnicas de beatboxing, haciendo sonar simultáneamente el instrumento de viento al compás de su boca. Junto a las estrofas del predicador rastafari Ghetto Priest, funcionan de contrapunto a un sonido más agresivo pero sin la profundidad lírica y la potencia ideológica de Real Great Britain o Officer XX.

Osibisa@Cruïlla2015 / Pere Masramon
[email protected] / Pere Masramon

Las amplitudes de la inauguración duraron sólo unas horas el viernes. A media tarde el sol era abrasador sobre los pavimentos de negro alquitrán con el que se ha cubierto el Fòrum. Sensación similar a las tierras de Ghana la que recibía a Osibisa en uno de los escenarios secundarios. Teddy Osei fue uno de los pioneros en poner en contacto la música tradicional del continente africano con la producción negra de occidente. Influenciados por el funk de cariz vitalista, el grupo de músicos reunido en torno a él tuvo una progresión exponencial durante los setenta pero después frenó su actividad por la deriva de la industria y las nuevas modas. Su trabajo fue redescubierto, entre otros similares, a mitad de los noventa, haciendo visible el potencial oculto de la música africana, hecho que llevó a Osei a reformar la banda y volver a tocar en directo. En el Parc del Fòrum mostraron que la edad no es hándicap cuando las facultades aún mantienen vivo el talento. Es curioso, al comparar generaciones, como los años no son directamente proporcionales a la frescura de una actuación. Las hermanas Sierra y Blanca Cassady ya habían comenzado el show de CocoRosie, la primera pululando en torno a su harpa con mallas de estampado animal, la segunda con calzón de boxeador en llamas, todos maquillados con el patrón del backstage de un circo, narices rojas de payaso incluidas. La experiencia de escuchar su directo puede llevaros a experimentar una sensación de pérdida similar a leer esta descripción; la sucesión de falsetes de Blanca con escalas líricas en tono soprano de Sierra, melodías de arpa y versos rapeados, culminando con un body de leopardo reptando por el suelo al ritmo del beatboxing, hacen aparecer una cantidad ingente de piezas en mi cabeza que me reconozco incapaz de procesar.

CocoRosie@Cruïlla2015 / Pere Masramon
[email protected] / Pere Masramon

En realidad podría decirse que hay cierto gusto por lo destartalado o esa fusión sin filtro que, por otra parte, es el riesgo que asumes cuando quieres gustar a todos y acabas viajando en carretera perdida. Capital Cities es un grupo que suena verano tras verano en todas las fiestas aunque probablemente sólo hayas escuchado una canción suya, de patrón pop procesado en el sintetizador con ruptura en solo de trompeta. La idea de los californianos es sencilla, funciona para mantener enganchado al público en el escenario aunque sea repitiendo el mismo esquema una y otra vez en su set. Experimentados en vender un producto, Ryan Merchant y Sebu Simonian comenzaron su carrera produciendo sintonías publicitarias y ahora han dado con la clave para mover a la audiencia de un festival: arengas, palmas y arreglos electrónicos fáciles, del disco al house, ingredientes no reprochables, pero cuya combinación consigue un envoltorio brillante pero vacío similar a una sesión de David Guetta.

Un candidato a sumar en el concurso de directos desconcertantes que pasaron por la última edición del Cruïlla es Caravan Palace. Sus raíces pueden rastrearse en el actual revival swing que viven la mayoría de escuelas de baile europeas. Valiéndose de la estética inocente del París de Amélie, componen una música que se aproxima al jazz bailable, líneas melódicas de violín y clarinete que saben a folclore del este europeo. Una combinación suculenta a primera vista cuando, de improvisto, irrumpe en la verbena popular una rave de extrarradio. Todo lo anterior es asaltado por una violenta colección de sonidos eléctricos; bases procesadas en mesas de mezclas, cajas de ritmos y sintetizadores desfiguran la imagen de un grupo que acaba causándote un trastorno grave de la personalidad al ver cambiar la imagen de su vocalista Colotis Zoé de una pizpireta pose años veinte a lucir camiseta ancha, gorra y pasearse con modales gangsta sobre el escenario.

Of Monsters And Men@Cruïlla2015 / Xavi Torrent
Of Monsters And [email protected] / Xavi Torrent

A pesar de las disonancias, el sonido de lo enumerado hasta ahora podría abarcarlo el amplio, a veces demasiado amplio, contenedor de las músicas urbanas. La inclusión de Of Monsters And Men en el programa viraba el laxo guión del festival a otros horizontes. Los islandeses han adaptado las grandes instrumentaciones folk a esquemas pop bailables para hacerlas funcionar mejor ante la multitud que congrega un festival, formato que suena a los inicios de un conocido grupo canadiense. A pesar de la baja por enfermedad del bajista, decidieron mantener su concierto reduciendo la duración. La única pérdida con este cambio fue el número acumulado de llamadas a la épica a base de progresiones armónicas y suma de instrumentos hasta saturación, ese es el bagaje que deja el directo de un grupo fácil de escuchar como mirar un agradable decorado, pero igual de fácil de borrar de la memoria.

Aunque hemos hablado de una mayoría de público circunstancial en el festival, todo evento de estas características, sin importar escala, tiene su propia parcela reservada al fenómeno fan. Asaf Avidan atrajo a la mayoría del público la escuálida jornada dominical. Sin llenar el escenario principal sí hicieron suficiente ruido para impresionar al artista israelí, que incluso bromeó con los carteles sobre él y su novia, premiando la fidelidad luciendo su tesitura contralto. Parece ser que el tirón está en las cuerdas vocales, porque el soul de Emeli Sandé también reunió un buen número de incondicionales. Sin embargo, quién venció a la hora de desatar pasiones fue Jamie Cullum.

Jamie Cullum@Cruïlla2015 / Xavi Torrent
Jamie [email protected] / Xavi Torrent

Comenzando en la escuela del piano y el jazz, su capacidad de showman es la que le ha convertido en fenómeno de masas. Nada más poner sus pies sobre el escenario estaba claro que aquello iba sobre algo más que música. Con una expresión entre chico ingenuo y niño travieso, cautivó al momento a las primeras filas que gritaban cada vez que sus pies rozaban el borde del escenario. Esto sólo sería el principio. Pronto dejó a un lado la chaqueta y la timidez para subirse a la caja del piano, saltar desde ella, tomar una cerveza y brindar con el público, entonando las primeras notas de Crazy In Love mientras lanzaba miradas a varias de las chicas. No fue la única versión que sus manos sacaron del piano. Desde Don’t Stop The Music de RihannaI’ve Got A Woman de Ray Charles o Love For Sale de Cole Porter, trazaron un camino inverso a la trayectoria del joven virtuoso inglés, cada vez más alejado del jazz en sus grabaciones pero al que sigue regresando en directo.

El prime time de un festival es momento para evaluar si el funcionamiento del recinto es correcto y al acercarse los picos de audiencia salieron a flote sus carencias. En la noche del sábado, jornada que sumó más asistentes, las colas en los servicios no sólo eran visibles sino que cortaban el paso a quien decidiera atravesar la explanada de los dos mayores escenarios. El atractivo de la noche era una artista cuyos directos son contados en Europa. Lauryn Hill alcanzó el éxito con su primer trabajo en solitario, los años de intermitencia y altibajos venidos después no han minado el poder de convocatoria de una voz comparada con las grandes de la música negra. La expectación levantada estuvo al borde de convertirse en ira cuando, tras media hora de espera, no había noticias de ella sobre el escenario. Apareció con prisas, sentándose en mitad de la banda con la guitarra acústica en el regazo. Comformed To Love abría el repertorio, pero ella misma parecía seguir fuera de él. Ostensibles gestos a los técnicos de sonido, retirándose una y otra vez el auricular para pedir que se regulara el volumen de los instrumentos de la banda, hacían ver desde la explanada que no se encontraba cómoda y eso repercutía en su voz. Llegaba tarde a los acordes de la orquesta, encajaba a duras penas con los coros y hasta cruzar el ecuador de la actuación no mostró aquello que debió haber ocurrido desde el comienzo. Llegaron las versiones, Jamming’ de Marley y The Wailers, Killing Me Softly de Roberta Flack, también canciones de su anterior grupo The Fugees, y ella, ya en pie, comenzó a recorrer el escenario, se dirigía al público y se contoneaba con la banda. Doo Wop (That Thing) fue la muestra de que todos pudimos haber comenzado bailando si Ms. Hill hubiera preparado bien su lección.

Ms. Lauryn Hill@Cruïlla2015 / Xavi Torrent
Ms. Lauryn [email protected] / Xavi Torrent

Hay fórmulas que reaccionan de manera inmediata, así ha sucedido con la unión de Sparks con Franz Ferdinand. Sparks fue pionera del New Wave y el Glam Rock en la escena de Los Ángeles, Franz Ferdinand recogió años después el testigo del rock sofisticado y logró actualizarlo para hacerlo accesible al oyente más joven, ahora se encuentran al mismo nivel sobre el escenario y, aunque dicen que las colaboraciones no funcionan, ellos parecen hechos el uno para el otro. Su directo es comparable a una función de teatro; vestuario en impoluto blanco y negro, poses trascendentales y juegos de luces para subrayar la retórica ampulosa de Alex Kapranos y su banda, que dejó caer más de una versión de su repertorio propio, aunque ahora se han visto atrapados en el universo dadá de los hermanos Mael, capaz de pasar del hermético dramatismo al baile absurdo en una sola estrofa. El resultado es una extraña pareja que juega continuamente con lo pedante y la sobreactuación, pero mantiene el equilibrio justo a tiempo para hacernos quemar las suelas canción tras canción.

FFS (Franz Ferdinand & Sparks)@Cruïlla2015 / Xavi Torrent
FFS (Franz Ferdinand & Sparks)@Cruïlla2015 / Xavi Torrent

A la misma temperatura del suelo quedaban nuestros zapatos, pero no serían ellos quienes provocaran el mayor incendio del festival. Un disturbio similar al atravesado por el coche que apareció en la apertura de los pasados BET Adwards fue el instigado por el rapero de Compton que llegaba como primer nombre del cartel. Kendrick Lamar pisaba el Fòrum por segundo año consecutivo. Si Primavera Sound contrató el show que teloneó la gira de Kanye West, quedándose corto ante un público que esperaba una ruptura del americano a nivel de Good kid, m.A.A.d city (Aftermath, 2013), su regreso a Barcelona meses después de publicar disco debía equilibrar deudas pasadas. En el fondo de escenario se abría una ventana, a través de ella la vista aérea del suburbio americano, casas unifamiliares, cristales tintados y verjas; miradas de miedo a través de ella, la oscuridad y un asalto a mitad de la noche. Aquí la progresión salta en plateadas esquirlas brillantes y la intro de Money Trees empieza a sonar mientras Lamar entra en el escenario. La actuación continúa pivotando sobre sus versos más populares; Bitch, Don’t Kill My Vibe o Swimming Pools están en la memoria de todos y la multitud responde con ruido y brazos al aire. El sonido crudo de su anterior trabajo puede interpretarse con facilidad en solitario, no así las instrumentaciones complejas, cortesía de Thundercat y Kamasi Washington, que recorren To Pimp A Butterfly (Aftermath, 2015), lo cual no sería impedimento para extraer sus tramos más bailables. Porque si no se puede bailar, ésta no será mi revolución. Dentro de i King Kunta o Alright, con recién estrenado vídeo, se camuflan incómodas letras que airean las vergüenzas de la sociedad americana siendo capaces a la vez de romper la pista, moviendo a la masa convertidos en fervorosos himnos sobre dignidad y orgullo. Confirmado, el hijo de esclavos es ahora el nuevo rey.

Kendrick Lamar@Cruïlla2015 / Xavi Torrent
Kendrick [email protected] / Xavi Torrent

Cuatro jornadas de música en directo confirman un crecimiento progresivo del festival Cruïlla, manteniendo una mediana escala pero sumando público en cada edición. Llega el momento de plantear la evolución del formato y programar cambios que solucionen los problemas de colapso en las infraestructuras del recinto. Si el objetivo es crecer sin renunciar a la comodidad de los asistentes, mantener detalles como la red WiFi, gratuita para todos, en la zona de comidas o la ausencia de zonas VIP, Pro o sucedáneos de clases sociales que han invadido los festivales serían de agradecer para el futuro; un futuro que también pasa por revisar la línea del cartel para disimular la brecha de público entre los nombre principales y el resto de artistas del día. El total de la suma continuó siendo una fiesta.

Imagen de portada: Damian [email protected] / Xavi Torrent

 

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