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Low-Life: 30 años no son nada

Por Marcos Gendre 0

Ahora que New Order vuelven a sacar su cadáver a pasear, no está de más recordar cómo hace treinta años eran la banda más excitante del Reino Unido, previo permiso de los Smiths, claro está. En aquel 1985, Bernard Sumner, Peter Hook, Stephen Morris y Gillian Gilbert alcanzaron la cima de sus poderes creativos. La culpa: Low-Life (Factory, 1985), la obra con la que, finalmente, New Order conseguían escapar de la enorme sombra proyectada por Joy Division.

Desde que Ian Curtis se había suicidado, había pasado un lustro. Durante todo ese tiempo, Bernard Sumner se había convertido en la nueva cabeza de león. Hasta el punto de hacer algo impensable para él: ponerse a cantar. En sus incursiones iniciales como solista, la voz de Sumner era un vago reflejo de Curtis. Parecía como si Curtis quisiera expresarse a través de él. No hay más que escuchar ‘In A Lonely Place’.

Tras un proceso de cirugía interna intensiva, New Order consiguieron lo que parecía imposible: escapar del recuerdo, tatuado, de la muerte del líder de Joy Division. Sus inclinaciones cada vez más electrónicas, el descubrimiento de la música disco, su vital viaje a Nueva York. Y el resultado más elocuente posible: el LP por antonomasia de transición, Power, Corruption & Lies (Factory, 1983)1, además de una serie de singles visionarios, como ‘Temptation’, ‘Blue Monday’ y sobre todo ‘Thieves Like Us’. Respecto a este último eslabón de la cadena, salta a la vista la fase final de la transformación. De hecho, estamos ante el gran meridiano de toda la producción musical del grupo. Con ‘Thieves Like Us’ ya no cabía hablar de más referencias ni conexiones. New Order estaban diseñando tecno-pop para bailar dentro de una burbuja. Hay radicaba su inconfundible sello. La propensión rítmica de sus contantes estaban fagocitadas por fibras de nostalgia abisal. ‘Thieves Like Us’ no sólo es el pico de esta realidad, sino también el momento más subyugante de toda la carrera del grupo: cuando han tomado plena consciencia de sus renovadas capacidades, definitivamente.

new-order-1985-1Uno de los aspectos más reveladores de ‘Thieves Like Us’ se refleja en la forma de cantar de Sumner: ya no queda ni la más mínima inflexión que nos pueda retrotraer al tono barítono de Ian Curtis. Incluso ‘Blue Monday’, con su cadencia robótica, parecía un mensaje espiritual de Curtis desde el más allá. Pero con ‘Thieves Like Us’ el fuego ha convertido en cenizas los fantasmas del pasado. ¿Suficiente? Como el que acaba de descubrir algo en guardado en su interior, para Sumner y compañía con esto no bastaba. Necesitaban edificar un gran pilar, un punto de referencia tan monumental que sirviera de barrera definitiva con los “años Joy Division”. Para llevar a cabo esta construcción, había que marcar una ruta: el tecno-pop. Pero tal como ellos mismos lo habían concebido. Si nos atenemos a las bandas que habían marcado los designios del synth-pop, exceptuando a Depeche Mode, todas habían caído en una dinámica cada vez menos experimental, y totalmente inocua en sus intenciones simplistas por ocupar los charts a toda costa. The Human League, O.M.D., Soft Cell, Yazoo, Ultravox, la lista de muertos vivientes es interminable. La apuesta de New Order era incluso más arriesgada por el contexto de aquellos años. El trasvase del synth-pop al tecno-pop había sido terrible. Si, en su momento, al synth-pop se le consideró una aberración por parte de las ramas más integristas del rock de la época, en lo que se refiere a su transmutación en tecno-pop es que ya se le tiraba a matar desde el primer momento. Sin embargo, para New Order el tecno-pop no era más que una pauta, una brújula dentro del crisol de opciones que albergaban en su continua experimentación. Quizá el ejemplo más elocuente de esta teoría sea ‘Elegia’, inspirada en dos temas de Ennio Morricone: ‘La Resa Dei Conti’ de “Por un puñado de dólares” (For A Few Dollars More, 1965) y ‘The Trio’, perteneciente a “El bueno, el feo y el malo (The Good The Bad And The Ugly, 1966).

‘Elegia’ acabará siendo una de las ocho piezas maestras que compondrán Low-Life. Otra de ellas, ‘Sooner Than You Think’, ya se había dado a conocer en agosto de 1984 dentro de Rock Around The Clock2, un fascinante programa de música de la BBC2 que tanto incluía un concierto de The Cure en Glasglow como una sesión de grabación en un estudio. La aparición de New Order no pudo expresar mejor el momento que estaban viviendo. Pero lo que más llamó la atención no fue tanto su ejecución musical como su imagen. Adiós a las camisas negras, los atuendos de ejecutivo de oficina. No, los nuevos New Order, valga la redundancia, no estaban para seguir con los renglones de la no-evolución. Ya no era sólo las camisetas de tiras y los pantaloncitos cortos ajustados en los que se habían embutido, sino también el vestido playero de Gillian Gilbert, que parecía sacado del vestuario de una película primaveral de Eric Rohmer.

Mientras el maquillaje, los coloretes, los teñidos extravagantes, el sombreado y el cuero negro seguían siendo el estandarte de la imagen prefijada de los ’80,  Sumner y los suyos se vestían como el público que va a una discoteca gay neoyorkina de finales de los ’70. Su postura no sólo era decididamente anti-rockista, sino que también rompía con los estereotipos del mundo pop de forma drástica y consecuente.

new-order-1985-2Estaba claro que sus excursiones nocturnas por la Nueva York post-disco les habían marcado profundamente. Esta influencia queda constatada en la base rítmica de ‘This Time Of Night’ y  ‘Face Up’, el título que cierra Low-Life. El hip-hop era una nueva fuente de alimentación en la gramática de New Order. Cómo buenos espeleólogos del pop, todo lo que tomaban lo descontextualizaban, llevándolo a su caligrafía. Sólo así es posible que el reflejo del Miles Davis eléctrico se pueda confundir entre los pliegues sintetizados de ‘Perfect Kiss’. Síntesis por transfusión activa, desde el mismo arranque explosiona una cascada de polirritmia africana, que volverá a hacerse presente en el meridiano de la canción. Es como si hubieran secuestrado a James Mtume y lo hubieran vestido con la mejores galas del Man-Machine. Pero la verdadera relevancia de ‘Perfect Kiss’ es mucho más importante que este detalle. Para empezar, se trata del primer single de la saga Joy Division-New Order que está incluido en su LP correlativo en el tiempo. Al igual que ‘Subculture’ -el otro single extraído de Low-Life-, las intenciones eran las de certificar un cambio. Muchos lo vieron como un insulto. ¿New Order absorbidos por la gran cadena de montaje de la industria musical? Difícil de creer, al menos en los ’80. En realidad, tal estrategia se trataba de una provocación a los estamentos establecidos. Sí, los mancunianos estaban aceptando las reglas del juego, pero sus intenciones no iban a ser las más simples. Así, la versión en single de ‘The Perfect Kiss’ añadía cuatro minutos más de duración, llegando casi a los nueve. La apoteosis que desprende el climáx final de la versión en single resulta de una épica creíble, en las antípodas de los globos de aire muerto prendidos por Coldplay, Keane y demás fotocopias plegables del mundillo pop del siglo XXI.

La idea de no separar el single tampoco ayudó a que éste se vendiera más. ‘The Perfect Kiss’ únicamente pudo llegar al puesto 46 de las listas. Un fracaso absoluto si nos atenemos a la racha cimentada por el grupo desde ‘Blue Monday’. ¿Autoinmolación para echar más tierra sobre el pasado? Posiblemente.

Pero por lo que siempre será recordada ‘The Perfect Kiss’ es por ser un acto de pop exuberante, radiante, tan emotivo como ‘Love Will Tear Us Apart’. Poca broma.

new-order-1985-3Lo cierto es que ‘The Perfect Kiss’ llevaba más de un año de rodaje. Ya en mayo de 1984 había sido presentada en un concierto en el Royal Festival Hall de Londres. Desde aquella, Sumner y los suyos habían estado perfilando esta matrioska monumental. Entre sus tejidos, podemos encontrar hasta coros sampleados de ranas. E incluso en la versión en single se puede advertir el sonido de una oveja sintetizada3. ‘The Perfect Kiss’ capta el espíritu de ‘Thieves Like Us’, y le añade dos velocidades más a la caja de cambios. Los sintetizadores se diluyen en el vértigo. Cada chisporroteo electrónico parece tomar sentido de sí mismo. Peter Hook guía el vendaval. Su bajo marca los pasos de una afrenta al sistema nervioso. Las estructuras rítmicas crean columnas disco cartilaginosas. No hay sonido que brote de este artilugio que no esté teledirigido hacia el punto G de la fibra emotiva. Si Hook ejerce de capitán de ‘The Perfect Kiss’, Sumner es su kamikaze. Bernard canta haciendo equilibrismos. Nunca había interpretado a tantas revoluciones. El ímpetu se palpa en cada palabra esculpida. La velocidad intransitiva se ha convertido en una premisa. Su interpretación es la misma metaforización de un estado de ánimo al límite. Madchester se acerca. Gunchester también. The Haçienda funciona a pleno rendimiento. Cualquier fin de semana podría ser el último. En plena era pre-rave, ‘The Perfect Kiss’ emerge como el mensaje de un vidente anfetamínico.

He has always been so strange
I’d often thought he was deranged
Pretending not to see his gun
I said let’s go out and have some fun 
4

En cualquier otro álbum, una cumbre tan alta como ‘The Perfect Kiss’ vampirizaría al resto de la cordillera. Sin embargo, Low-Life es más una octógono perfecto que un puzle de ocho piezas. A través del caleidoscopio dispuesto, New Order han enfocado del futuro al presente. Todo suena contemporáneo. Como ‘Love Vigilantes’, un arranque a la altura de Power, Corruption & Lies, personalizado en ‘Age Of Consent’. En un juego de contrastes, la línea de bajo construida por Hook en `Love Vigilantes’ reluce como la prima lejana de ‘Age Of Consent’. Aunque lo mejor es el ambiguo mensaje cifrado por parte de Sumner.

Bernard Sumner: “‘Love Vigilantes’ está hecha como una  broma. Es como una canción rebelde, pero de broma. Se trata de reírse  de los paletos. Sobre lo que he dicho es posible interpretar que signifique que yo también sea un paleto. No soy un campesino sureño, te lo aseguro, y ‘Love Vigilantes’ es como reírse de los paletos. Cuanto más ridículas son mis letras, las canciones son menos serias”5.

Finalmente, Low-Life acabó cumpliendo su cometido: saldar cuentas definitivamente. New Order habían articulado un discurso tan propio que en el futuro su única fuente de inspiración provendría de su propia plantilla. La retroalimentación como forma evolutiva, las carnes de Low-Life se pliegan en formas tan personalizadas que acabaron describiendo su ruta-guía a seguir hasta el cierre de los ’80, la década en la que Manchester dio pleno sentido al pop de fuego helado, a la evasión del fin de semana como la única huída posible de la deshumanización gestada desde las interminables cadenas de fábricas. Y en esta misión, Low-Life no sólo se vislumbra como una obra atemporal, sino como el gran documento de una era y un lugar específico, uno en el que, tres décadas después, todos podemos seguir sintiéndonos identificados igual que el primer día.

Eso sí, ahora sólo esperemos que no hagan un concierto homenaje por su aniversario… Ya hemos tragado bastante con las exhumaciones frankenstenianas de Peter Hook.

1 El otro gran disco de transición de la historia del pop, posiblemente, sea Fear Of Music (1979) de Talkin Heads.
2 Las otras canciones interpretadas en el programa fueron ‘Age Of Consent’, ‘In A Lonely Place’ y ‘Blue Monday’.
3
El efecto de la oveja lo volverán a usar en los singles de ‘Fine Time’ y ‘Ruined In A Day’.
4
El siempre ha sido tan extraño / Con frecuencia pensé que él estaba trastornado / Pretendiendo no ver su arma / Dije vamos a fuera a tener algo de diversión
5
Sweeting, Adam: “Shaming The Nation”, Melody Maker, 1/11/86. Traducción del autor.
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