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Chrissybaby Forever de Christopher Owens, o la sombra de Girls es alargada

Por Juanjo Rueda 0

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La sombra de Girls es alargada y el mismo Christopher Owens lo debe saber ya, ya que en este nuevo y sorprendente disco (por no esperado en el momento de publicación) se percibe una intención clara de volver a esa frescura, espontaneidad y, a la vez, profundidad, que tuvo la corta pero intensa discografía de la banda californiana.

Chrissybaby Forever‘ (nickname que utiliza Owens en algunas redes sociales) da la impresión de querer postularse como una especie de reboot y recrear de nuevo sensaciones pasadas ya desde la misma portada(1), la cual recupera parte de la estética de aquellos discos. Pero no sólo desde la portada hay esa sensación de déjà vu, ya en ‘Another loser fuck up’, primer tema tras la intro, elige empezar la canción con el mismo riff inicial que ‘Lust for Life‘, canción que abría el primer LP de Girls. ‘Another loser fuck up’ funciona, suena instantánea y pegadiza. ‘Music of my hear’ contiene un bajo juguetón que hace a uno albergar buenas esperanzas respecto a este disco, esperanzas que más o menos se mantienen hasta el séptimo tema, en un recorrido donde el afán por recuperar ese gusto por las esencias del pop de los años cincuenta y sesenta de la forma más heterogénea posible tiene su pequeño culmen en ‘Heroine (got nothing to you)’, que combina el aire doo-wop con una letra donde habla de pasadas adicciones. Vuelve, como hacía en Girls, a indagar en el espíritu desenfadado y juvenil del pop de los años cincuenta y setenta pero a diferencia de sus discos con Girls, aquí no hay madirajes con el noise o con ese rock setentero que se movía en las escalas de gris del AOR y el sinfonismo pero sin caer nunca del todo en ninguno de ellos. Así, hasta ‘What about love’ se puede disfrutar sin apenas reservas de un disco que juega con el pop como si fuera un chicle, con canciones que quizá harían las delicias del McCartney más desenfadado (pienso en esa misma ‘What about love’), pero a partir de aquí toman el mando los medios tiempos autocompasivos que hacen perder fuelle paulatino al disco y hace asomar el sopor en bastantes momentos. Algunos son temas más o menos interesantes como ‘Out of bed (lazy head)’ o ‘When you say I love you’ pero acaban opacados por piezas como ‘I love like I do’, una especie de larguísima coda de ‘When you say I love you’, que se desliza en lo irrisorio o kitsch además de resultar vacua. En medio de este marasmo, cuando intenta dar un poco de energía es con temas como ‘Selfish feelings’ que parece una demo a medio producir donde Owens canta cual gato apaleado, o ‘Inside Out’ que se presenta como un calco de la estructura de ‘Coffe and Tea’. Esta segunda parte, y gran parte del disco en sí, pone sobre la mesa dos posibles consecuencias: una, que Owens parece ser un creador fértil y, en bastantes casos, ingenioso pero de recursos técnicos recurrentes, ya sea por necesidad o por gusto, lo que hace que repita riffs, arreglos, estructuras y temáticas literarias de forma en ocasiones bastante evidentes (‘Waste Away’ guarda similitud con ‘Jamie Marie‘ de Girls pero despojada de toda su gracia final); y dos, que se muestra como un creador incontinente y que necesita de una persona o personas que ejerzan de filtro a temas insustanciales que hacen que este disco se alargue hasta 16 innecesarios temas, cuando con una poda selectiva podría haber sido un disco más que notable. En este último punto, hay que recuperar el recuerdo al otro miembro más visible de Girls, Chet “JR” White (bajista y productor de aquellos discos), que quizá ejercía ese papel de filtro o asesor ante el entusiasmo creativo de Owens.

Estamos, en puntuales momentos, ante lo más cercano al sonido y espíritu Girls que ha editado Owens bajo su nombre, aunque todavía lejos de los totales aciertos de aquella trilogía de la banda (dos LPs y un EP). Estamos ante un disco bastante irregular en su segunda parte pero el más disfrutable de los tres que ha editado en solitario (‘Lyssandre‘ y ‘A New Testament‘ son los dos anteriores), un disco en el que algunos de sus temas pueden servir, en su soleada autocomplacencia, para disfrutar de los últimos coletazos del verano.

(1) La foto de portada es obra de Hannah Hunt, vocalista y teclista de Dominant Legs, novia de Owens y sí, inspiración para la magnífica canción de Vampire Weekend (fue compañera de clase de Ezra Koenig).

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