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Gente Joven: abrazos de alcoba

Por Marcos Gendre 0

Gente Joven es un trío formado por Fernando de la Flor, Patricia Magadán y Pablo Álvarez. Su caballo de Troya dentro del pop nacional es lo que ellos mismos denominan como “dream pop de merendero”, y a tenor de su primer LP oficial, puede que no vayan a provocar un estruendo pero sí un botín sugerente de corazones robados. La culpa: una decena de canciones destiladas con la finura del artesano que ya sabe que es artista y la alquimia del que ha puesto rúbrica indeleble a un filtro, desde ya, inconfundible. Ya habían avisado con su recopilatorio de maquetas I, II, III, IV (2013), editado por Discos de Kirlian. Entre aquellos ocho cortes, fluía un armazón de emociones cosidas con hiladas en tono dejà vu que ya esquivaban la rueda de las asociaciones -de The Cure a Galaxie 500- por el mayor valor de todos: la capacidad de emocionar, y empatizar, con la simbiosis, tan poco frecuente, entre honestidad y habilidad para cazar el giro melódico que traspasa la piel, pero que sólo unos elegidos son capaces de adivinar.

Tras hablar plantado esa gran X en el mapa del pop español, la calma ha sido la base sobre la que se ha ido cocinando las diez postales que encierra Casa de socorro. En todo este tiempo, han influido más factores, como su salto a Acuarela, el mismo sello en el que arrancó su admirado Sr. Chinarro. Como el mismo Fernando de la Flor explica: «A Jesús Llorente le pasamos una primera demo de Casa de Socorro donde se incluía la versión de “Garcilaso”, que se adelantó en otoño de 2014. Grabar las canciones en mi casa nos da libertad para dedicar el tiempo que queramos a su edición y es en este proceso es donde nos hemos demorado. En algunos casos hemos modificado las primeras versiones de las canciones hasta dejarlas irreconocibles, de hecho podría publicarse un Casa de Socorro de versiones alternativas o mejor dicho, de versiones iniciales. Después, durante el proceso de masterización también nos retrasamos haciendo cambios hasta que el disco quedó acabado en primavera. Finalmente decidimos que pasase el verano y publicarlo en otoño de 2015. No tenemos especial prisa en hacer las cosas, la verdad».

Tanto mimo en depurar la esencia de sus canciones a través de diferentes tragaluces partió de un proceso en el que la curiosidad deviene en herramienta esencial. «El proceso compositivo sigue siendo el mismo. Una vez las canciones se encuentra en una versión “oficiosa” es cuando grabo y añado la voz de Patricia para endulzarlas y suavizarlas. Después se las paso a Pablo para hacer una puesta en común y ver qué aspectos se pueden corregir o mejorar. Lo que sí ha cambiado respecto a I, II, III y IV es el mayor uso de efectos sonoros típicos del dream-pop o el shoegaze como son las reverbs invertidas, los delays y el chorus, precisamente para dar ese sonido al disco».

Otro de los aspectos que saltan a la vista dentro de su aparente formato en dream pop en tecnicolor en la red semi-oculta de venas y arterias electrónicas. Precisamente, una de las influencias más relevantes y menos evidentes se trata de Burial, uno de los tótems más audaces de la expresión digital. «Gente Joven tiene un ramalazo electrónico muy acentuado. La grabación y edición de las canciones siguen una línea de trabajo típica de las producciones de música electrónica. Utilizo muchos soft-sintes, plugins de procesamiento de audio, cajas de ritmos, etc. Efectivamente hay bastante “digitalísmo” en nuestro sonido. Ya que mencionas a Burial, comentarte que es uno de mis artistas preferidos, no solo por su música que me parece un derroche de sensibilidad melancólica, sino también por querer mantenerse en el anonimato, de permanecer en la sombra al margen de ese “ruido del famoseo”. Por ejemplo, en “Museo de músculos usados” intenté buscar una cadencia rítmica cercana al dubstep brumoso de Burial. También son una referencia los EPs La Pena Máxima, La Tapia de Perejil o La Casa Encima de Sr Chinarro, que me parecen un ejemplo magnífico del “Do It Yourself”. Antonio Luque grabó con poco más de un PC y una guitarra algunas de las que considero sus mejores canciones».

El resultado de tal cuidado por cauterizar en distintas formas reconocibles la herida luminosa que encierran sus canciones ha resultado en una colección que rivaliza en emociones con Viravolta (2014), el disco mediante el que el año pasado Apenino se ganó el título de disco a reivindicar desde las sombras apartadas de la cultura fast-food, y del que Casa de socorro recoge su testigo para éste.«Escribe Giorgio Bassmatti en el prólogo del libro The Pastels. A través de tu corazón (Libros de Kirlian. 2015) que los Pastels son “un faro para los creadores alejados del ruido del famoseo que prefieren defender el camino propio frente a las urgencias empresariales”. En nuestro caso hablar de famoseo o comercialidad carece de todo sentido incluso a nivel de “indie” o “underground”. Nuestra única pretensión es poder tener nuestra música editada en formato físico y que el sello que apueste por nosotros no palme mucha pasta en el intento. Por otro lado si tiene sentido la defensa del camino propio, el “Do It Yourself” huir de los condicionamientos que nos impidan seguir componiendo, tocando y grabando nuestras canciones como nos apetezca. Leer una entrada positiva en un blog sobre el disco o un tuit de alguien diciendo que le ha gustado es toda la visibilidad que necesitamos».

Tal como sugiere Fernando de la Flor, lo eterno no ha nacido para consumirse en colas rápidas de auto-servicio, lo mismo que su reluciente criatura, una obra que nos recuerda que Un soplo en el corazón (1993) de Family, El porqué de mis peinados (1997) de Sr. Chinarro y Así duele un verano (1998) de Migala no fueron puntos y aparte, sino puntos y seguido de una cordillera de clásicos de alcoba que, aunque más espaciada en el tiempo, sigue teniendo continuidad. Y si aún no lo sabías, búscate un trozo de soledad para sumergirte en “Capicúa”. Te aseguro que un amigo te espera.

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