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Mucho: Pidiendo en las Puertas del Infierno

Por Lola López 1

Hace unas semanas Mucho presentaron su tercer álbum, Pidiendo en las Puertas del Infierno. Antes del lanzamiento nos enseñaban dos singles, “Las Puertas del Infierno” y “Nuevas Ruinas”, que ya nos dejaban ver el sustancial cambio de sonido del grupo, y con la intriga de poder escuchar más. El de Mucho se trata de un gran cambio, pero no de los que echan para atrás a los oyentes, sino de los que intrigan y enganchan en cierto modo.

Y es que han cambiado las guitarras (muy presentes en los dos discos anteriores) por sintetizadores, aunque aún se encuentran algunas excepciones, que no cunda el pánico, pero claramente en un segundo plano, no son lo más característico en los temas de Pidiendo en las Puertas del Infierno, sino que acompañan en momentos muy puntuales a los sintetizadores sobre los que se construyen los temas, y estos se combinan con unas líneas de bajo perfectas para menear la cabeza mientras uno escucha el disco y se resiste por no marcarse unos bailes como los del propio bajista en el videoclip de “Nuevas Ruinas“.

Lo que sí se mantiene son las letras crípticas, con imágenes psicodélicas, metáforas casi como jeroglíficos. Versos caóticos, como una amalgama de frases y conceptos, pero muy directos, ácidos y potentes, completamente al día, actualizados y cotidianos, pero que aún dejan a la imaginación e interpretación de cada uno.

Aparte de en los dos singles ya mencionados, todo el disco está impregnado de una atmósfera eléctrica, muy potente en los casos de “Fue” (por cuya letra siento debilidad, y es que las repeticiones en los versos son un recurso que, bien empleado como en este caso, convierte esta canción en toda una maravilla y hace que su intensidad vaya creciendo casi sin darnos cuenta) y “Los Amantes no olvidan” (favoritas de una servidora).

Los sintetizadores no son el único cambio en su sonido, y es que parece que la voz de Mucho, Martí Perarnau, se ha aficionado a los falsetes, pero no cabe duda que de ha acertado al experimentar con este recurso, ya que aporta muchísimo carácter a las canciones de este disco, y refuerza la personalidad que ya tenía su voz.

El disco cierra con un tema que ya conocíamos debido a Egon Soda, y es que “Reunión de Pastores, Ovejas Muertas” es una “canción compartida” de la que ambos grupos tienen su versión (cada una completamente diferentes de la otra). La de Mucho comienza de forma relajada para ir acelerando de forma vertiginosa hasta la vorágine de voces y teclados del final.

Pero junto a canciones más movidas y otras más estridentes, contrasta la presencia de “Perro Negro S. L.”, con su comienzo a base de un piano que acompaña a la voz, rodeada de coros que llenan toda la canción, y sobre esto se construye el resto de la canción cuando hacen su entrada una batería pesada y vuelven las guitarras acompañadas (cómo no) de unos sintes, esta vez más sutiles. Este tema, a mi parecer, es una mirada hacia atrás, un enlace con los otros dos discos, que prueba que el anterior sonido del grupo no desentona del todo con este nuevo estilo, que la esencia del grupo se mantiene, y un disco no excluye a los otros. Que la versión guitarrera de Mucho no es incompatible con la versión amante de los sintetizadores de Mucho.

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