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Berlinale 2016. Día 8. Tus muertos, Lav Diaz

Por David Sánchez 0

La jornada numero 8 de la Berlinale estaba marcada por un solo evento: la nueva película de Lav Diaz. A Lullaby for a Sorrowful Mistery era de lo más temido del festival, y no porque fuera una película filipina en blanco y negro con temática densa, sino por su duración: 8 horas. Tal cual.

A-Lullaby-to-the-Sorrowful-Mystery-7-620x413A Lullaby to the Sorrowful Mystery – Lav Diaz – Filipinas y Singapur (Competición)

En esta película hasta los créditos eran lentos. Tres putos minutos para presentar a la gente que ha metido pasta aquí. Y comienza bien, con un ritmo extremadamente lento y pausado en el que se nos muestra a un personaje que dedica canciones a lo Fran Perea a una dama de la que está enamorado, aunque el tío es versátil, contando también en su repertorio con temas protesta a lo Paco Ibáñez. Vamos, un showman de campeonato. El caso es que este tipo solo sirve de pretexto para enseñarnos a otro, y ese otro a otro que a modo de muñeca rusa acaba por conformar un universo con personajes que eventualmente se cruzarán por el camino (aunque algunos no, claro). Diaz, durante esta primera hora (y prácticamente durante el resto de la película) se recrea en la construcción de cuadros humanistas mediante una cámara estática que deja hacer a sus protagonistas. Esto funciona parcialmente, siempre determinado por la acción que vemos en pantalla. Y es que a veces -en su mayoría de hecho- la acción brilla por su ausencia.

Por supuesto, la temática de la cinta, ambientada en la revolución filipina de 1897, es el centro de la acción, y durante estas dos primeras horas también se lo pasa pipa retratando maniqueamente a los españolitos cabrones que habían invadido su país. Insultante el castellano que se habla en esta cinta, pero bueno, qué se le va a hacer. Lo importante era recalcar que allí se violó, se asesinó y se torturó, y para ello ridiculiza a los españoles, unos soplapollas que solamente saben reírse de los “indios”. Los tacha de manipuladores y les pone a fumar opio mientras toman decisiones clave para el devenir del conflicto, incluso uno dice textualmente “Esto está muy fino”. Y claro, que la historia no se puede borrar es una cosa, y que te la cuenten tas sesgada es otra. Aquí no hay ni burdo intento Schindleriano de hacerte al enemigo humano, aquí a puta navaja con el monstruo. Y bueno, mención especial para las peores actuaciones que he visto en una película en mi vida. Tiene pelotas que los únicos actores de nacionalidad española de la cinta sean un cura de 1,65 de unos 25 años y con aparente pluma, más bien sacado de las Ramblas que del convento, y el, y cito textualmente “mejor periodista español en Filipinas”. Carcajada monumental ver hablar a estos Faemino y Cansado que no saben ni dónde coño se han metido, que parecen más puestos de mané que de talento interpretativo. O sea, que yo he estado rezando porque volvieran a aparecer una vez más, eran lo mejor de la película, y el bueno de Lav me lo concedió. Este dúo trae el cinematógrafo a Filipinas, junto con un mago que hace los trucos que enésimamente hemos visto. O sea, que Lav (genio de la metáfora) nos quiere decir que el cine es magia. Incluso algún personaje nombra a los Lumiere. Sutil. Lamentablemente no volvemos a ver a estos personajes como no vuelven a aparecer muchos otros. Claro, es lo que tiene estar en guerra, supongo que debemos pensar. Lo de escribir un guion coherente ya me lo paso por los cojones si tal.

Y volvemos a la historia, llevamos cerca de dos horas y aparte de tres canciones de cuatro minutos de duración cada una, (bonitas, eso sí), Lav se sigue recreando en las emociones de los personajes. Que si hay que poner a un tío tosiendo sangre dos minutos se le pone, que aquí no hay elipsis, hay que ver el sufrimiento. De eso va a esta película, de soltarte en la selva a ver las elipsis de otras películas. Y ojo que vuelve con los españoles. Monumental una conversación en la que un par de supuestos hablantes de español no dan ni una pero tienen un inglés perfecto. Es más, se marcan un spanglish antológico añadiendo siesta y fiesta a su conversación “bilingüe”. Yo en cualquier momento esperaba que alguien entrase hablando de toros y preguntase donde había sangría y jamón. Y las metáforas visuales no cesan, Lav pone a sus protagonistas a caminar en círculos, por eso de que están atrapados y tal (novedad), o les pone a aullar como lobos, porque están convirtiéndose en animales y una especie de espíritus parece advertirles de ello. Y así hasta que llegamos a las cuatro horas, donde se hace una pausa para comer de una hora y cortan con el único disparo que vemos en toda la película. Esto se pone interesante, pensamos. Y solo han pasado cuatro horas.

Pero si la primera parte era densa la siguiente ya era como un jarro de agua hirviendo en las pelotas. Ojito que aquí el tío empieza con las apitchaponadas y tenemos cantos gregorianos, fantasmas, curas que hablan mejor latín que español, vírgenes María y desmayos de emoción. Aquí vemos a una tía colapsar literalmente tras cantar a pleno pulmón. Luego te das cuenta que es un espíritu y tu cerebro solo puede procesarlo como algo lógico. Qué hago aquí, me preguntaba. En primer lugar no sé ni por qué entré a la segunda parte, si no me estaba gustando lo que veía, pero hay que ser profesional, y porque podría haberme perdido otras cuatro horas de gente llorando tirada en la tierra, y eso es algo que hay que ver. Y de nuevo, otro hombre tosiendo medio muerto. ¿Qué obsesión tiene Lav con la tos, qué quiere decirnos? ¿Los españoles han traído la gripe? ¿Advertencia sobre el cambio climático? ¿El zika? Para colmo la película tiene en este tramo algunos fallos de sonido garrafales, golpes que suenan a destiempo, voces grabadas a posteriori mal sincronizadas, pero señalar esto es buscar fallitos sin importancia. Otros se recrearan en la fotografía, que básicamente vive de una saturación extrema y unos focos de luz con humo que parecía aquello lluvia de estrellas. Por eso del realismo mágico supongo, aunque luego la cinta quiera ir de cruda y ser humanistamente real. Por eso uno no entiende estas mezclas de tono, esa necesidad de regodearse en el sufrimiento de su pueblo, y lo peor de todo, hacer de este intimismo un espectáculo, eso sí, tremendamente aburrido. Y si para ello quiere hacernos un giro de guion (por llamarlo de alguna forma) que se lleva oliendo uno desde el minuto diez, hablarnos de la libertad a través del arte y tan solo necesita ocho horas, es que algo va mal. Y no es que a Lav se le vaya de la mano el tiempo, el cabrón es consciente de todo esto. En el único gag de la película, llegando a la cuatro horas de largo, dos personajes se encuentran y uno le dice a otro “no está bien hacer esperar a un amigo, llevo cuatro horas aquí”.

El filipino sabe lo que hace, pero no le sale tan bien como cree. Intenta jugar al humanismo, se pasa al apitchaponismo y fusila a Tarkovski en una escena que debería ser denunciable por plagio. Y al final todo acaba, y los pocos que han aguantado aplauden. Incluso hijos de puta que han llegado en la última media hora para decir que estuvieron allí aplauden. Lo importante es reivindicar la experiencia, que como tal no ha estado mal. Lav consigue condensar el tiempo, que el espectador pase por lo mismo que sus personajes. Se olvidan caras, emociones, y el conflicto. Y conseguir eso es terriblemente complejo. Ahí reside la grandeza de esta película, errática, innecesaria, sofocante e interminable.

Te gustará: Si puedes soportar 8 horas de sufrimiento humano.
No te gustará: Es como la novia que exige pero no da, el marido que pone los cuernos cuando va todo bien, o el jefe que asciende al inútil y te deja comiendo mierda. Exige muchísimo al espectador y apenas le da algo a cambio.
Nota: 3/10

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